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miércoles, 19 de junio de 2013
The Rolling Stones - "Steel Wheels"
Saludado casi por unanimidad cómo el retorno de unos Rolling Stones que parecían resucitar en el ocaso de una década que los había visto en su peor versión, con el espectro de la disolución revoloteando a placer sobre sus cabezas; "Steel Wheels" muestra a un grupo en forma, jugadores de ventaja que toman distancia de las producciones estrambóticas y las concesiones a los sonidos imperantes del momento para explotar lo que mejor saben hacer, a saber: rock and roll poco amigo de florituras, generoso en urgencia y corazón.
Unos meses antes de su gestación, podría decirse que la paz había vuelto, por fin, a la banda; o mejor dicho, a poner término al encono que parecía mediar entre sus dos cabezas visibles. Quizás habían recordado que pertenecían a un negocio en el que importa poco, muy poco, la magnitud de los logros pasados, por fabulosos que sean, si el saldo del momento, del instante, no está a la altura de lo esperado. Conscientes de ésa realidad, tocaba enterrar el hacha de guerra y retomar relaciones, con unas condiciones, todo sea dicho, más propias de un armisticio que de un genuino tratado de paz entre Jagger y Richards.
"Sad, Sad, Sad" era la mejor apertura con que se descubrían desde aquel "Start Me Up" que daba el pistoletazo de salida a "Tattoo You". Rock and roll eminentemente stoniano, impregnado de su idiosincrasia más vindicable, pasa por ser una de las joyas del redondo.
"Mixed Emotions" se revela cómo otro corte poderoso, con otro de esos riffs que sientan cátedra. Parece que nos encontramos ante unos stones genuinamente dispuestos a volver por donde solían, con un Jagger haciéndose cargo de las rítmicas al frente de un combo de lo más engrasado. Pero no. "Terrifying" trae consigo los fantasmas de las peores producciones ochenteras perpetradas por The Glimmer Twins, siendo un tema que podría haber formado parte, sin problemas, del fallido "Undercover".
Vuelve el músculo en "Hold On To Your Hat", andanada de estructura fifties qué confirma una de las constantes sónicas de algunos momentos del elepé: La guitarra de Keith Richards suena muy poco a Keith Richards. Resulta increíble que esos punteos, propios de un hacha hard rockero de la época, sean obra suya. Casi igual de increíble que el inicio de "Hearts For Sale", que puede hacernos dudar de si no estamos ante el comienzo de un tema de Dire Straits.
"Blinded By Love" se encargaba de cerrar la cara, enderezando de paso el ritmo del trabajo, algo desigual llegados a este punto. Delicioso número acústico ribeteado de mandolinas, no hace otra cosa sino confirmar la maestría de The Rolling Stones a la hora de manejarse en tales texturas.
La segunda cara abría con otro de los himnos de nuevo cuño del grupo, "Rock And A Hard Place". Heredero de la mixtura de rock con texturas disco que tantas veces han puesto en práctica con anterioridad y con una letra reflejo de unas increíbles inquietudes sociales por parte de Jagger ("This talk of freedom and human rights/Means bullying and private wars and chucking all the dust into our eyes/And peasant people poorer than dirt/Who are caught in the crossfire and have nothing to lose but their shirts, yes" Casi nada). Sin ser un mal tema, dista de la categoría de "Sad, Sad, Sad" y termina por hacerse un tanto larga.
Y como venía siendo costumbre, Richards irrumpe con algunos de los mejores momentos del album. "Can't Be Seen", el primero de ellos, es uno de los mejores números en clave rock and roll que pueden degustarse en "Steel Wheels": Toda una lección de estilo que nos recuerda que, pese a la debacle creativa por la que parecían haber pasado los últimos stones, las composiciones de Keith a lo largo de la década siempre mantuvieron el tipo con sobrada holgura. No en vano estábamos ante el hombre que no hacía ni un año que había consumado su vendetta de las aspiraciones solistas de Jagger editando "Talk Is Cheap", considerado por muchos como la mejor rodaja stoniana de la segunda mitad de la década. Ahí es nada.
"Almost Hear You Sigh", pese a sus concomitancias -o precisamente por eso- con "Beast Of Burden", se revela como uno de los números más reseñables del trabajo, un remanso que da paso a uno de los momentos más definitivamente outrés del mismo, "Continental Drift".
Concebido algo más de dos décadas después del deceso de Brian Jones, la banda parecía mostrar de pronto un repentino interés por los proyectos, esbozos y cintas en los que el finado guitarrista trabajó antes de abandonar definitivamente este mundo. Más concretamente, en su colaboración con los Masters Musicians of Jajouka, oriundos de Marruecos, a los que recurrieron para dar forma a ésta suerte de mantra, que por su marcado exotismo y el sinuoso teclado que aporta Jagger nos remite, salvando las distancias, a lo puesto en práctica en obras ya lejanas en el tiempo como "Between The Buttons" o "Their Satanic Majesties Request".
"Break The Spell", composición de poco fuste, precede a la, ahora sí, grand finale y a la postre segundo momento Richards del disco, "Slipping Away". Qué savoir faire, qué elegancia, qué labor de orfebrería a la hora de ensamblar uno de los momentos más inspirados del album: ¿Cómo poder sustraerse a la irrupción de los vientos mientras pone voz a eso de "All i want is ectasy/But I ain't getting much/Just getting off my misery/It seems I've lost my touch"? Un broche sobresaliente. Todo corazón.
No, no hay que acercarse a "Steel Wheels" con la idea de encontrar un trabajo sobresaliente, mucho menos un clásico. Hay que aproximarse a él sabedores del contexto que había dominado las andanzas de los stones durante la mayor parte de la década que estaba a punto de tocar a su fin. Visto así, ubicados en esa perspectiva, se revela como una vuelta a la senda correcta, el inicio de un sendero que les conduciría a retomar una actividad convencional y recuperar su posición en el negocio, más dinosaúrica y masiva que nunca, cómo se pondría de manifiesto en su gira de presentación. ¿Hay temas desechables, menores a olvidar? Sí, casi tantos cómo buenos, notables y vindicables; y esa proporción, a la luz de lo que venían mostrando sus últimas obras, era todo un triunfo.
miércoles, 13 de abril de 2011
The Dogs D'Amour - "Errol Flynn"
Especialmente cuesta arriba se me hace elegir un sólo disco de entre los editados por los ingleses. Los factores son varios, de diversa catadura y profundidad: Por un lado, objetivamente, el común denominador de su obra raya a gran altura, especialmente en los -sus- dorados 80's , pero también en la década posterior e incluso su disco de reunión, "Happy Ever After", es más que notable. Por otro, y ya en el terreno de lo subjetivo, son una de las bandas de mi vida y me hacen perder el criterio, pondría a su maquetero y guarrísimo debut, "The State I'm In" a la altura de cualquier obra maestra que os ronde la cabeza. Asimismo, obsérvese que el nombre de su cantante, Tyla, es el mío en estas lides virtuales (y hasta en alguna física y tangible, imagínenese)
Finalmente, y tras ardua reflexión interna, concluyo que "Errol Flynn"puede que sea, no sé si la mejor ("In The Dynamite Jet Saloon" y "More Unchartered Heights Of Disgrace" pesan. Mucho) pero si la obra más representativa del sonido y la idiosincrasia de los perros del amor.
La banda había surgido unos años antes y, tras unos tiempos convulsos de idas y venidas habían conseguido consolidarse, aún de una manera precaria y underground en la escena. Pese a que por su imagen y actitud fueron metidos no pocas veces, y de manera errónea, en el saco del Sleazy Angelino, su apuesta transitaba por otros derroteros bien distintos.
Empapados de decadentismo beat vía Bukowski (A cuyo texto, "Love Is A Dog From Hell" deben el nombre) y de una actitud etílica y romántica que los emparentaba con los Faces, amén de un indiscutible poso melancólico, pero con mordiente a la usanza de sus admirados Thin Lizzy, la banda de Tyla derrochaba clasicismo y fijaba la vista en los 70's, sin renunciar al Hard Rock que por aquellos años dominaba el mundo.
"Errol Flynn" supuso, en cierto modo, la culminación y el canto de cisne del sonido de la formación más laureada de The Dogs D'Amour, ya sabéis: Tyla acompañado de los carismáticos Jo Dog, Steve James y Bam. El disco abre con uno de los mejores temas jamás escritos por la banda, "Drunk Like Me", un Rock and Roll chulesco y melancólico, con Tyla dejándose su rasposa voz en una de esas letras, tan de la banda, sobre beautifuls losers con unas copas de más. Colosal apertura a la que le sigue "Goddess From The Gutter" un tema que, pese al poco predicamento que tuvo en la vida en directo de la banda, era más que notable. "Hurricane" posee un aura, no sé si por la producción, que la emparenta con el sonido pretérito de la banda, más ochentero, sí, pero también más volcado a tesituras acústicas.
"Satellite Kid" fue el single del álbum y, pese a que me parece de lo más granado de su cancionero, yo habría escogido el tema título, "Errol Flynn", para semejante cometido: Una joya acústica de poco más de dos minutos, con constantes referencias a las estrellas masculinas del viejo Hollywood trufadas en sus versos, con unos coros a lo cowboy arropando a un Tyla poseído, intercambiando a placer todos los registros de los que hacía gala. La guitarrera "Planetary Pied Piper" da paso a otro de los clásicos incontestables de la banda, "Princess Valium", con sus toneladas de melancolía a cuestas y su sabor acústico y desganado.
Tras la correcta "Dog's Hair" viene otro de los highlights del álbum, que no es otro que "Trail Of Tears", que quizás fue elegido como segundo single al ser visto como una potencial power ballad de las que copaban la MTV en la época. Nada más lejos, ni por sonido ni por hondura. Tampoco es balada, pese a su título, "Ballad Of Jack", un Rock and Roll vacilón y borrachuzo de regusto acústico que nos trae a la cabeza a los Stones del "Sticky Fingers", o, por citar a un referente coetáneo en el tiempo, The Georgia Satellites. "The Prettiest Girl In The World" tiene un toque pop y happy que hace que sea de mis preferidas del disco. En "Girl Behind The Glass" se marcan un tema que, desde el título -chicas y vasos- es puro Dogs y en la magnífica "Things Seem To Go Wrong", retoman su faceta derrotista, siendo, de paso sea dicho, una de las mejores y más olvidadas canciones del grupo. La potente "Baby Glass" cierra el LP a ritmo de Hard Rock cazallero y pasado de vueltas.
Alguien dejó dicho que la melancolía es la alegría de la tristeza. Tomando en consideración estas palabras podemos afirmar que "Errol Flynn" es un delicioso ejercicio de Rock And Roll melancólico, cuyos surcos abundan en historias fallidas, corazones rotos y perdedores, pero sin caer por ello en el lloriqueo y otras actitudes execrables. En cierto modo, podemos decir de la música que encierra lo mismo que de la banda que la creó -que jamás consiguió despegar del todo, y cuya popularidad, a partir de aquí, descendió paulatinamente-: Perdedores, pero con clase.
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