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martes, 22 de julio de 2014

Diamond Dogs - "Up The Rock"


Tibieza. Esa sería la palabra que mejor resume la acogida que obtuvo "Up The Rock", quinto esfuerzo en largo del combo sueco (si contamos su debut, el controvertido -y delicioso- "Honked!"): Acusaciones de estancamiento, de agotamiento de fórmula, de haberle dado un lavado de cara a su sonido (Espera, ¿pero eso no se contradice con la primera acusación?) menudearon en las reseñas que cosechó.

Tamaña animadversión a tan notable pieza -a la que no le sobra una sola canción- podría explicarse, quizás, por la coyuntura en que apareció: Estamos en la segunda mitad del primer decenio del siglo, y la gente parece haberse cansado de lo que el boom rockandrollero escandinavo, que tantas adhesiones generó, puede dar de sí; obras de The Hellacopters o Turbonegro que cualquier banda del ramo sería incapaz de firmar hoy día son acogidas con condescendencia, cuándo no cierta pereza; Al caso de nuestros protagonistas, además, hemos de sumar una cierta saturación de obras a su nombre aparecidas en el año y medio anterior al lanzamiento de la presente obra: La edición de "Black River Road", del split a medias con Jeff Dahl -"Atlantic Crossover"-, la aparición del recopilatorio "Bound To Ravage" e incluso el estreno en solitario de Sulo, su cantante, con el fabuloso "Rough Diamond", pudieron generar una imagen hegemónica que, unido a la causa anterior, hizo que el público recibiese su nuevo trabajo un tanto a la defensiva.

Es "Up The Rock", sin embargo, un redondo maravilloso. Así me lo pareció desde el momento de su salida. Resulta cuánto menos curioso que hubo quién les acusara de vivir aferrados a una fórmula, cuándo en éste disco parecen virar un tanto de las acostumbradas referencias a The Faces o los Rolling Stones setenteros en beneficio del boogie electrificado e hímnico del mejor glam rock británico, qué es la raíz de esos temas que algunos tomaron por una intentona de dulcificar su sonido, cuándo eran en realidad deliciosos himnos llenos de épica adolescente, de esos que Marc Bolan o Ian Hunter gustaban de cultivar en su cancionero. No faltaron, en definitiva, quiénes parecieron no darse por enterados del nombre del grupo, qué avisaba de buena parte de su corpus referencial, que terminó por materializarse en este disco.

Las teclas de The Duke Of Honk abren el corte inicial, "Generation Upstart", una orgía de teclas, coros, riffs á la T-Rex y un cierto espíritu bubblegum que da paso a una colección de himnos con madera de clásico: "We May Not Have Tomorrow (But We Still Have Tonight)", la vacilona "Down In The Alley Again", "Acting Singles", la absolutamente colosal "Turning a Shack Into a Chapel", "Closest I Ever Been To Memphis", "You Got Nothing On Me", coronada por un espídico solo de saxo, "Put Your Hands Together" o esa maravilla que recibe por título "Make It To The Shore" qué sabe a escapada nocturna, a encuentro a hurtadillas en la playa cuando ya ha caído el sol, a verano. Cortes de una frescura insultante, preñados de melodías deliciosas y coros de ascendente doo-woop, de riffs incontestables y estribillos hiperpegadizos, de omnipresentes teclados y deliciosos metales. Verdaderas bofetadas de positivismo, de las que te hacen renovar votos con la vida y ayudan a ver éste mundo, tan disfuncional a veces, con otra mirada.

 Pero no queda la cosa ahí. A la vera de los hits incontestables, de las canciones para corear a voz en grito nos encontramos con una remesa de temas de regusto reposado, no exento de soul en ocasiones, qué terminan de redondear el balance del álbum: Ahí está esa delicia de corte acústico, "Where Are You Tonight?", el soul tabernario de "Come Easy, Come Slow"  o ese baladón, todo contención, que es "If I Ever Fall In Love With You".

 Nos encontramos, en suma, ante uno de esos discos condenados por una mayoría de sus seguidores por factores estrictamente extramusicales: Ya sean coyunturales, como los mentados más arriba, ya nostálgicos ("... Tras la marcha de Stevie Klasson nada fue lo mismo") qué no deben distraernos de lo esencial, esto es: Qué nos encontramos ante un redondo de una categoría sobresaliente, al qué, repito, no le sobra ni una sola de sus canciones; Ante el que es, de hecho, su útimo trabajo verdaderamente imprescindible, el que coronó una verdadera racha de éxitos -artísticos, se entiende- para estos exquisitos valedores del rock de herencia british.

Dedico estas líneas a Matt " Magic " Gunnarson, saxofonista de la banda recientemente fallecido. Vaya por el.

lunes, 12 de agosto de 2013

Jerry Lee Lewis - "Great Balls Of Fire"


  Hijos de la era post-atómica y de capitalismo exacerbado que devino en la creación del concepto teenager; reverso subversivo y hedonista de una sociedad pacata que los veía -no sin cierta razón- como a unos potenciales corruptores de vocaciones; catalizadores de tradiciones musicales -y culturales- cuya fusión se consideraba, antes de su irrupción, antitética. Freaks. Depravados. Balas perdidas. Todo eso, y suponemos que mucho más, podría decirse de los paladines del primer rock and roll.

 Encontraron cobijo en etiquetas cómo Brunswick, Chess o Capitol, pero ninguna de ellas podía acercarse al poderío detentado por Sun Records, que en sus buenos tiempos consiguió reunir bajo su escudería al poker de ases más exitoso del rock and roll blanco: Tras el explosivo hallazgo de Elvis vinieron arquitectos del rockabilly cómo Carl Perkins; valedores del country gótico y minimalista, caso de Johnny Cash y, claro está, la figura central de este artículo, Jerry Lee Lewis. The Killer.

 No es descabellado intuir que uno de los primeros activos que Sam Phillips, capitoste de Sun, pudo adivinar en el muchacho de Ferryday, era que estaba ante una suerte de versión blanca y hilbilly de Little Richard (y por tanto, más fácil de asimilar en plena era de la segregación racial): Sus flamígeros rudimentos interpretativos y la importancia otorgada al piano en su música facilitaban ese paralelismo, en efecto.

 Poco importó que su primer single fuese un número de clarísimo basamento country cómo "Crazy Arms". Era tan sólo cuestión de tiempo que brotasen sus costuras negroides, aquellas que forjó tras innumerables escapadas a los garitos blues del lado segregado de la ciudad: Y si con "Whole Lotta Shakin' Goin' On" inauguraba aquel '57 que sería su año de gracia agitando country y rythm and blues a mayor gloria de un 7" que fue su primer gran éxito; Con "Great Balls Of Fire", directamente, y aunque fuese durante lo que parecieron cinco minutos, le disputó a Elvis la corona de rey del rock.

 En sus algo menos de dos minutos, "Great Balls Of Fire" muestra a las claras las virtudes interpretativas e idiosincrasias sónicas del excéntrico pianista de Louisiana: Tempo disparado -para los estándares de la época, punk rock-; una voz de clara ascendencia country, absolutamente equidistante de la de tipos como Little Richard o el propio Elvis y un impresionante virtuosismo a las teclas puesto absolutamente al servicio de la canción, que envuelven una historia de deseo ardiente, presentado como amor, casi tan desquiciado y excesivo como el intérprete que le pone voz ("You shake my nerves and you rattle my brain..."). Ante una relectura de semejante calibre, poco importa que estemos ante un original de Otis Blackwell: Es tal el poder de la revisión, tal la inyección eléctrica que supone, que termina por fagocitar y hacer del todo irrelevante la cuestión de la autoría del tema.

 La cara B era un -otro- guiño a las raíces musicales de Lee. En éste caso una sentida versión de "You Win Again", composición postrera de Hank Williams que nuestro hombre lleva a su terreno insertándole un piano de regusto honky-tonk y haciendo reverberar su voz a la vez que desgrana esta balada de regusto amargo. Consecuente con el background del autor, en efecto, pero absolutamente eclipsada por el rompedor tema de apertura.

 Pese a no engrosar la categoría de mártires del primer rock and roll, la figura de Jerry Lee Lewis no tardaría en verse apartada de los focos. Tras un par de años floridos en singles de éxito (aunque ninguno de una magnitud siquiera comparable a la de éste) y frenética actividad en vivo, de constante disputa por el trono del incipiente rock, su figura caería en desgracia por cuestiones estrictamente extramusicales, lo que implicaría un descenso en picado de su popularidad así como su inclusión en cualquier lista negra del show business que se preciase. Tras aquello, remordimientos espirituales, sobredosis, bodas, giras de nostalgia, más bodas, alguna noche épica y una vejez apacible a la que nadie imaginó que llegaría. Podría decirse que su cénit fue casi tan efímero cómo ese frenético número de algo más de un minuto que terminó de aquilatar su reputación y su gloria. Podría decirse, incluso, que su irrupción en la música fue tan explosiva y fugaz cómo una gran bola de fuego que terminó por arrasarlo todo a su paso. Incluido a él.

domingo, 26 de agosto de 2012

Buddy Holly And The Crickets - The "Chirping" Crickets


El Pop, en su acepción de música de voluntad abiertamente universal, lo inventó un muchacho blanco de Lubbock, un tipo de aspecto apocado que, como tantos otros de su época y lugar, recorrió de manera apresurada la senda que llevaba del country al incipiente rock and roll. Por el camino, el hallazgo de una veta cuyo filón no podemos asegurar a ciencia cierta que se haya extinguido: El destello de las gafas de carey de Holly iluminó, de un modo u otro, las singladuras de Bobby Fuller, The Beatles, The Searchers, Beach Boys, John Fogerty, Bob Dylan y muchos más. En cierto modo, todo lo que vino después está indefectiblemente en deuda con el concepto de la melodía del que hizo gala el tejano a lo largo de su breve existencia.

De "The "Chirping" Crickets" podría decirse que es poco menos que el libro de estilo universal del pop y el rock: Sus estructuras, sus secuencias de acordes, su uso de los coros, sus arreglos,sus riffs; todo mil veces expoliado por sus sucesores. Sin conseguir desgastarlo. Como alguien hizo notar en una ocasión, estamos ante uno de esos discos que siempre parecerá que se grabaron hace una semana. Imposible atribuirle los cincuenta y cinco años que carga sobre sus surcos.

Conformado por una equilibrada selección de versiones y temas propios, son estos últimos de lo mejor del redondo. Ahí tenemos la jungle music heredada de Bo Diddley campando a sus anchas en "Not Fade Away", el aire misterioso que empapa, en su infinita candidez, a "Maybe Baby", los prístinos ejercicios de rock and roll que son "Tell Me How" y "I'm Looking For Someone To Love", el baladón "Last Night" y la imperecedera "That'll Be The Day", de exquisito cuño e inspiración johnfordiana.

Del lado de las versiones encontramos una relecturas de "Oh Boy!", de su paisano Sonny West (Del que colegimos se quedó como Carl Perkins cuándo Elvis se apropió de su "Blue Suede Shoes": Compuesto y sin canción) que pasó a engrosar lo más granado de su repertorio; "You've Got Love" del que fuera compañero en los Teen Kings de Roy Orbison, Johnny Wilson; "It's Too Late", guiño a un Chuck Willis al que le quedaba poco tiempo sobre este mundo; "An Empty Cup (And A Broken Date)", perteneciente al repertorio del aún verde Roy Orbison de la época Sun Records, la popularizada por Little Richard "Send Me Some Lovin" y "Rock Me My Baby", cedida por la dupla Heather-Long y con la que se cierra el LP.

En algo menos de media hora cuatro tipos de pueblo habían sentado la base de lo que sería el concepto de grupo moderno, esto es, el andamiaje del que se valdría generosamente la british invasion para impulsarse a los USA, y de ahí al mundo, algunos años después. En poco más de dos años, Buddy Holly marcó a fuego su impronta en el entramado del rock and roll de manera perenne. Y es que conviene recordar que,  en el día de su muerte, también murió la música.

miércoles, 23 de mayo de 2012

The Fleshtones - "More Than Skin Deep"

Son grupos cómo The Fleshtones los que, en última instancia, dan sentido al término Rock and Roll. Nunca serán el grupo de moda ni el hype del momento, pero por eso mismo jamás tendrán que lamentar el momento en que vean su tren pasar, ya que jamás se subieron a él. Su concepción del género es clara, concisa e inmediata, que para algo son neoyorquinos. Pese a que se suele encuadrar su singladura en el llamado revival garagero de los 80's, el combo de Peter Zaremba siempre se ha conducido más como una gran banda de R'n'R, alejados de la ortodoxia de unos, verbigracia, Fuzztones para absorber toda suerte de influencias y filtrarlas por su particular e idiosincrático filtro.

En el ADN de The Fleshtones hay toneladas de Garage, claro está; pero también encontramos a los Stones de Brian Jones, one hit wonders de los 60's, ramalazos souleros, ráfagas de instro-rock, despiporre frat rock y salvajismo protopunk con especial parada en los Stooges. Incluso en los últimos tiempos la banda ha dejado ver en su sonido esquirlas de los primeros Led Zeppelin (a los que Keith Streng no duda en citar como temprana influencia) y hasta algún riff deudo de AC/DC. 

"More Than Skin Deep" no es, en efecto, el disco por el que serán recordados (ese honor lo detenta "Roman Gods") aunque, a título personal, es el que escucho con más asiduidad de su producción. Algo tiene que ver el hecho de que es de los pocos redondos que la banda ha grabado sin enfocarlo explícitamente a sus caóticos -y deliciosos- directos, dando en esta ocasión prioridad a la melodía, los riffs, los estribillos. A las canciones, en una palabra.

"I'm Not A Sissy", con su épico y poderoso Vox Jaguar y ciertas reminiscencias a The Dictators, abre el álbum de la mejor de las maneras. A partir de ahí, poderosas salvas garageras ("My Love Machine", "Smash Crash", "A Hand For The Band"... ) destellos sixties ("Gentleman's Twist") los consabidos y mentados puntos negroides en "Laugh It Off" -original de The Tams- y en "Anywhere You Go", e instrumentales de reminiscencias cincuenteras hasta culminar en esa grand finale que es "Better Days", himno de repiqueteantes guitarras y muchos quilates.

The Fleshtones, afortunadamente, siguen predicando la buena nueva de su hipervitaminado Rock and Roll en los clubes, garitos y salas de medio mundo. Su culto es subterráneo, pero aguerrido. Sus shows, una de las experiencias más físicas y hedonistas que se pueden ver a día de hoy, y su producción discográfica continúa manteniendo el tipo. ¿¡Quién puede no admirar a una banda así!?

domingo, 5 de febrero de 2012

Johnny Thunders - "So Alone"


Héroe del primer punk con New York Dolls y líder de combos de culto plenamente integrados en la movida CBGB como los celebrados Heartbreakers; fan irredento de Dylan y compañero de andanzas de Dee Dee Ramone; Sórdido y romántico; bohemio y maldito; Todo eso, y suponemos que mucho más, podríamos decir acerca de la figura de Johnny Thunders, quintaesencia del beautiful loser y poseedor de una singladura digna de análisis.

"So Alone" fue el primer disparo en solitario del menudo guitarrista neoyorquino, la culminación de su década de los 70's, frenética y desquiciada. Un disco de madurez (pese a que su autor ni siquiera llegaba a la treintena) y de recapitulación de acontecimientos, de echar la vista atrás para rendir cuentas con sus influencias así como con su propio pasado, pero sin dejar de mirar hacia el presente.

Desde la misma portada, pasando por el repertorio más íntimo y acústico del redondo, el espectro de la melancolía sobrevuela los surcos de "So Alone". Aunque, no os dejéis engañar del todo por el título y la instantánea de la cubierta, ya que para la ocasión Johnny contó con una apabullante nómina de invitados que, cosa inédita en la época, hermanaba a punks, pub rockers y hasta algún coloso del classic rock. Por ahí desfilaron miembros de, entre otros, Sex Pistols, Eddie And The Hot Rods, The Only Ones,Thin Lizzy o Humble Pie. Tal era el poder de convocatoria de aquel que se decía "Nacido para perder".

La apertura escogida no podría ser más desconcertante, una fiel y cruda recreación de "Pipeline", el viejo hit surf de The Chantays que da paso al que quizá sea el corte más conocido del disco (y, porqué no decirlo, del propio Thunders) esa descorazonadora e infinitamente melancólica canción que es "You Can't Put Your Arms Around A Memory", díficil transmitir con unos pocos acordes las toneladas de desazón que desprende el tema.

Nuevo cambio de registro en "Great Big Kiss", cover de las Shangri-Las que ya había sido visitado con anterioridad por las muñecas de Nueva York, para tomar la acústica de nuevo y atacar "Ask Me No Questions" . "Leave Me Alone" es la clase de pildorazo marca de la casa, tan arrebatado y eléctrico cómo rebosante de dolor. Es en la mil veces revisitada "Daddy Rollin' Stone" donde cuenta con la ayuda de todo un Steve Marriott (Small Faces, Humble Pie), cuya presencia da buena idea del nivel de clásico en vida -aún de culto- que había alcanzado nuestro hombre.

"London Boys" es toda una vindicación de clase, de su condición de punk urbanita neoyorquino frente a la, no del todo fiable -para él, claro- eclosión british ("You're little London boys/ You think you're gonna fool me?/ Ha ha ha ha" Más revelador, imposible.) En el plano estrictamente musical, uno de sus grandes himnos.


"[She's So] Untouchable" marca lo que quizá sea el comienzo del flirteo de Thunders con sonidos más cabareteros y de raíz europea (... ese saxo!) Sonidos en los que ahondó a lo largo de la década de los 80's. Le guiña un ojo a la banda que le dió a conocer regrabando su "Subway Train", joya, no todo lo recordada que se merece, incluida en el debut de New York Dolls. "Downtown" es una suerte de blues de abigarrado final punk, que da paso a la Thunderiana "Dead Or Alive". 

"Hurtin" es la clase de canción que hace de Johnny Thunders un compositor tan especial e idiosincrático. Ese comienzo de pop de jukebox 60's, ese puente intermedio, y ese final que no habría desentonado entre los surcos de un "Too Much, Too Soon"; Colosal.


Llega el turno de "So Alone", tema-exorcismo, de reconocible parentesco con el primer Dylan (más concretamente con su "All Along The Watchtower") y con un Johnny echando el resto. Lo que hubiese sido un cierre coherente se ve desmentido por "The Wizard", típico tema fruto de un proceso de grabación distendido en el que los filtros de selección no eran todo lo rigurosos que debían: Puro relleno grabado en una toma, hablando claro.


"So Alone" confirmó la vitola -que venía dibujándose desde los albores de la década- de personaje de culto que acompañó a Johnny Thunders el resto de su vida. Por delante quedaban algunos discos más, estancias en París, conciertos gloriosos, conciertos correctos, conciertos lamentables y la crónica de una muerte anunciada desde hacía años que terminó por encontrarle, de la peor de las maneras, en Nueva Orleans.
 Su obra en solitario sigue poseyendo el aura de cruce de caminos entre rabia punk, actitud clásica y delicadeza folk por la que siempre apostó, poniendo en el envite su corazón y los demonios de su tormentosa existencia. 

viernes, 13 de enero de 2012

The Pleasure Fuckers - "Fuckdelux"

 Vale, The Pleasure Fuckers no eran, contraviniendo la opinión de ciertos nostálgicos de lo que se cocinaba en Malasaña, la mejor banda de Rock and Roll del mundo. Ni siquiera del país. Tampoco creo que esa fuese la intención de su cabecilla y líder indiscutible, Kike Turmix.

 El grupo era, en cierto modo, un eslabón más que completaba la faceta de Turmix de hombre renacentista del R'n'R inmediato: Un bonito colofón a su labor como pinchadiscos connaiseur (que a veces se permitía el lujo de hacer sesiones solo de Caras B), colaborador en diversos medios, destacado crápula de la noche madrileña (entre sus compañeros de juerga pretéritos se contaban Stiv Bators o los Ramones) capitoste de su propio sello discográfico y, cómo no, mítico promotor al que debemos la difusión del proto punk, el high energy de las antípodas y las manadas de grupos escandinavos por estas tierras.

Por si todo eso fuera poco, para colmo, The Pleasure Fuckers llegaron a ser una verdadera banda de culto con todas las de la ley: Sus trabajos eran distribuidos por una miríada de sellos undergrounds de reconocida solera (Crypt, Sympathy For The Record...) se patearon el ancho mundo repartiendo r'n'r attitude a raudales, hicieron giras con Nashville Pussy (haciendo fechas en fumaderos de crack) y Dead Moon, tocaron en universidades yankees marcándose la vacilada de hacer sets enteros de The Dictators... En fin,podríamos seguir citando vicisitudes, recodos y demás muestras de poder del grupo ad aeternum.

Puede que la fórmula de los Fuckers no fuese el paroxismo de la originalidad, pero era francamente efectiva: Estructuras, shuffles y licks del primitivo early R'n'R hipervitaminadas y haciendo parada en Detroit y Nueva York. El resultado era como una locomotora descarrilando de manera permanente, con Mike Sobieski y Norah Findlay cruzando sus guitarras y los aullidos desquiciados de el gordo rematando la faena.

Ni que decir tiene que "Fuckdelux" no es la obra por la que el grupo será recordado. Ahí tenemos "Supper Time" (con la icónica portada de Mauro Entrialgo) o el vindicado "Ripped To The Tits" para mostrar los vicios y virtudes del combo. Pero qué quereis que os diga, éste maxi ofrece algunas razones para ser reseñado. El homenaje/parodia/vacile del título hacia cierta publicación musical de tirada nacional, el elenco de versiones escogidas que va desde grupos coetáneos a influencias pasando por relecturas inimaginables y los ramalazos surf  del final conforman un bonito fetiche no de obligada pero si disfrutable escucha.

Abren a toda mecha guiñándole a los Suicide Kings (olvidadísimo grupo neoyorquino de los primeros 90's) con "First Fight",  un tema que no hubiese desentonado en una obra convencional del combo capitalino, suben revoluciones -más- en "Yeah!" relectura del tema de los aussies Space Juniors. Primer volantazo y cambio de registro para homenajear a Rod Stewart ¿Escogen un tema de los Faces? ¿De sus obras en solitario de los primeros 70's? No y no. La elección recae en el megahit "Hot Legs" que transmutan en un hipervitaminado y salvaje R'n'R que arrasa con todo.

Toca ajustar cuentas con viejas influencias y ahí es donde entran en juego Rose Tattoo, de los que versionan, ni más ni menos, la atómica "Astra Wally" que precede a la cima absoluta del redondo, ese "Chica Alborotada" de los Locos del Ritmo , a mi juicio, una de las mejores relecturas que jamás haya oído de este número de rock chicano, un verdadero rompepistas. Dejemos en anecdótica la versión de "Nitro" (Dick Dale) con la que echan el cierre al disco.

Como ya dejaba caer, The Pleasure Fuckers no inventaban la pólvora, más bien empleaban toda la que tenían a mano a mayor gloria de este explosivo compendio de sudoroso y ardiente Rock and Roll.

sábado, 7 de enero de 2012

Supersuckers - "The Evil Powers of Rock 'N' Roll"


 Curioso contraste el que tuvo que producirse en la nómina de Sub Pop cuando decidieron reclutar a los Supermamones. Pongámonos en situación: Nos encontramos en los primeros 90's, en la ciudad de Seattle, germen, cuna y epicentro de aquello que se dió en llamar grunge, en pleno reinado de grupos como Pearl Jam o Soundgarden. ¿Y quiénes eran el nuevo fichaje de la escudería? Unos tipos que decían venir de Tucson, surgidos de las cenizas de un combo punk pretérito, The Black Supersuckers, con pintas de cowpunks pasados de rosca y capitaneados por un tal Eddie Spaghetti.

Venían dispuestos a despeinar al personal a base de Punk n' Roll cavernícola y macarrónico, y en esas estuvieron la primera mitad de la década, hasta la edición del nunca del todo ponderado "The Sacrilicous Sounds of the Supersuckers", en el que su habitual R'n'R hijo de Motörhead y primo hermano de Zeke abría la puerta a duelos guitarreros á la Thin Lizzy (combo del que la banda se declararía en lo sucesivo como heredero y valedor) y una querencia más acusada por las tesituras clásicas.

"The Evil Powers of Rock 'n' Roll" primer lanzamiento de la banda tras su flirteo con el country, es, claramente, un disco continuista con respecto a "The Sacrilicous..." aunque con mayor tendencia si cabe por lo clásico, las melodías, los solos y el clasicismo rockero bien aliñado con su chulería marca de la casa. El cambio, cómo era de esperar, no sentó nada pero que nada bien al sector más talibán de sus fans, que no dudó en echarse a llorar por las esquinas acusando al grupo de pasarse al heavy metal (sic) venderse y esa clase de acusaciones, pobres de contenido, que suelen verter aquellos que conciben su música como una suerte de compartimento estanco cerrado a cal y canto a cualquier posible apertura.

El común de los conocedores de la banda, en cambio, no dudan en considerar al "Evil Powers..."  como uno de los mejores -sino el mejor- disco de los Supersuckers. Y con razón, desde luego: Nos encontramos ante un redondo potente, clásico, atemporal y, lo más importante de todo, libre de todo corsé estilístico más allá del de puro y simple Rock And Roll.

El disco abre a toda máquina, con "The Evil Powers of Rock 'n' Roll", "Cool Manchu" y "I Want The Drugs", atómicos cortes de Punk n' Roll, pero más tamizados, lejos de la suciedad de lo que exhibían en "The Smoke Of Hell". "Santa Rita High" aleja un poco el pie del acelerador pero mantiene el pulso hasta llegar a su icónico final para dar paso a la punkarrera "Dead Meat". 

"Stuff n' Nonsense" mostraba una cara hasta la fecha inédita en la discografía de la banda: La de su innegociable condición de  creadores de grandes melodías,mostrando su corazón más (pongan todas las comillas que gusten) pop por así decirlo, siendo de paso una de mis preferidas del álbum. No menos inédita era, dentro de sus cánones sónicos habituales, "Dirt Roads, Dead Ends and Dust", una poderosa a la par que épica exhibición de Roots Rock que tuvo que dejar boquiabierto del todo a ese sector de seguidores desencantados del que os hablaba más arriba.

En "Fisticuffs" y "Gone Gamblin" retoman su vena más espídica y marrullera dando paso a la hímnica "My Kickass Life" , toda una declaración de intenciones ("I’m in the band/I’m the man with the goldtop in my hand") Preludiando el final tenemos la solemne "Goin' Back To Tucson", la brevísima -y destacable- "I Can't Hold Myself the Line" inspirado ejercicio de Punk Rock old school donde la sombra de Social Distortion se perfila alargada y, poniendo punto y final, "Hot Like The Sun" suerte de doble canción en una, de acelerado y desquiciado comienzo para desembocar en el monolítico y saturado corte que despide este genuino festín de Rock and Roll.

"The Evil Powers..." terminó de consolidar a los Supersuckers en su condición (que hoy, tantos años después, todavía mantienen) de grupo de culto absolutamente fiel a sí mismo y sus circunstancias. Ajenos a florituras y vaivenes del negocio siguen proclamándose allá donde van "the greatest rock and roll band in the world since Thin Lizzy" , y, el hecho de que eso sea cierto o no resulta del todo irrelevante si lo comparamos con la actitud,el corazón y las pelotas que demuestran al vindicarse como tal.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Burning - "Bulevar"


 Ellos decían que los domingos no se hicieron para bailar, y, paradójicamente, es el día del señor el que suelo consagrar, más o menos involuntariamente, a escuchar y reencontrarme con el legado de los madrileños, tan inasequible al paso del tiempo cómo pleno de vigencia y actitud.

 Burning fueron mucho. No se me ocurre ninguna otra banda de por aquí surgida en el '74 que aúnase con tanta maestría las enseñanzas de Chuck Berry, The Rolling Stones, Lou Reed, Faces, T-Rex o los New York Dolls. Algunos dirán que sí, que lo que yo quiera, pero que los de la Elipa, a fin de cuentas, debutaron en largo allá por el '78, a tiro de piedra de que el Rollo  terminase de estallar y hacer acto de presencia. Nada más lejos: Existen demostraciones de poder de la banda efectuadas en plena dictadura, más concretamente, esos dos pildorazos de Glam Rock crudo, patillero y sin domesticar en formato single titulados "I'm Burning" y "Like A Shot".

 A "Bulevar", última pieza de la imprescindible trilogía inicial de la banda (un must para cualquiera que se diga aficionado al Rock) le toca cargar con el sambenito de ser su disco más Pop y enfocado a los cánones sónicos que primaban en el Madrid de La Movida. Lo cual es cierto, aunque sólo en parte. Efectivamente, si comparamos la producción de "Bulevar" con la de su inmediato antecesor, "El Final De La Década" es inevitable observar que sí, que el R'n'R seguía fluyendo por sus surcos, pero tamizado por un tratamiento eminentemente más Pop, más 80's del sonido. Ahora bien, de ahí a afirmar, cómo claman algunos, que es "Su disco new wave" media un abismo. Burning, para la ocasión, mudaban la piel, que no el espíritu.

 La manera escogida de abrir el disco no podía ser más reveladora, un "Es Especial" que no era otra cosa que el "Give Him A Great Big Kiss" de las Shangri-Las que, aquí viene la enjundia, fue versionado por los New York Dolls bajo el escueto título de "Great Big Kiss". La versión a la que pone voz Toño se queda entre la chulería, aquí bañada de desazón, del grupo de Johnny Thunders y el almíbar, cosas de la producción, del conjunto vocal capitaneado por Mary Weiss. "Tu Eres Mi Amor" continúa la senda de temas chulescos, callejeros y guitarreros en los que tan bien se desenvolvía la banda, con un uso de los coros que remite, irremisiblemente y una vez más, a las muñecas de Nueva York. "Ja,Ja,Ja", un corte de costuras glammys y vacilonas y apartado lírico con pretensión irónica que, visto hoy, resulta cuánto menos entrañable ( "quién sabe que puede ocurrir/si el Rayo hoy vence al Madrid") cuándo no directa y deliciosamente desfasado ("Dicen que hay un muro en Berlín/y nadie quiere irlo a destruir") En el plano estrictamente musical, un tema muy en la línea de los primeros KISS.

Mención especial merece "Es Decisión", primera ocasión en la que Pepe Risi se pone frente al micro y clásico impepinable de la banda. Una grandiosa canción preñada de melancolía, nocturnidad y estampas evocadoras que encajaba como anillo al dedo en la idiosincracia melancólica y maldita del malogrado guitarrista (¿Nuestro Keith Richards/Johnny Thunders?) Irónicamente, lo que aquí hacía a título eventual terminaría siendo la norma, ya que tras la marcha de Toño se convertiría en el cantante de Burning.

 "Quiero Ser Un Robot" es puro Toño: La abulia, la dejadez existencial que transmite la letra en contraste con su voz,tan sensual y chulesca como triste. Sensaciones y sentimientos que quizás encuentren su máxima expresión en la que es la a todas luces cima -objetiva- del disco, "No Es Extraño Que Estés Loca Por Mí". Tras la chulería confianzuda del título y la ya mítica intro de piano de Johnny Cifuentes se esconde uno de los temas más poderosos de la banda, tanto en lo musical (poderosísimo riff) como en lo lírico, desgranado los primeros y titubeantes pasos de una relación casual, las subidas y las bajadas, balanceándose de lo abstracto a lo explícito sin despeinarse.

 Tras semejante demostración de poder, es normal que la cincuentera "Baila Mientras Puedas" sepa más bien a poco, lo que no quita que sea un tema divertido, amén de lo inédito de ver a los Burning nadando en aguas Rockabillys. "Día De Lluvia" como supongo se intuye por el título, es lo más cercano a una balada que vas a encontrar en éste álbum, un tema melancólico, con sabor a cicatrices sin curar. Para cerrar, "Escríbelo Con Sangre", suerte de murder ballad castiza, atmosférica y generosa en guitarras que pone punto y final a este clásico indiscutible del Rock and Roll patrio.

Burning, ya lo apuntábamos más arriba, fueron pioneros en muchas cosas, para lo bueno y para lo malo. Y si su manera de entender el género y reivindicar según qué influencias fue pionera en la historia del Rock and Roll de este país, no lo fue menos el malditismo que jalona su biografia, sembrada de episodios de drogadicción, sordidez, muertes y, en definitiva, la cara oscura y en ocasiones inevitable que ha acompañado al devenir de nuestra música. Burning fueron mucho. Burning son mucho.

martes, 1 de noviembre de 2011

Rose Tattoo - "Rose Tattoo"

 Si tuviésemos que confeccionar un listado más o menos amplio de ilustres segundones, en cuánto a reconocimiento que no legado, del Rock And Roll, no cabe duda de que el nombre de los australianos Rose Tattoo merecería figurar con todos los honores. Fueron el paradigma de banda que pudo explotar en todos los frentes -ya explicaremos el porqué más abajo-, surgidos en el momento, lugar y escena adecuadas, pero que se tuvieron que conformar con militar en la segunda división del negocio. Inmejorable ejemplo de esto que digo tuvo lugar hace unos años, cuándo en el lapso de unos meses recalaron por nuestras tierras sus paisanos  AC/DC y los chicos de Angry Anderson en lo que creo fue su primera visita a territorio español. ¿La diferencia? Mientras los Young reventaban estadios y pabellones, a Rose Tattoo le tocó batirse el cobre en garitos ante audiencias conformadas por unos pocos cientos de personas.

 No es gratuita la alusión a AC/DC, o al menos no se circunscribe sólo al ámbito geográfico. Cabe recordar que en los seminales Buster Brown ya se dieron cita componente futuros de ambas formaciones (Phil Rudd y Angry Anderson, concretamente) y, para terminar de cerrar las conexiones, éste debut fue producido por los inseparables Vanda-Young, parte fundamental del sonido de los hermanos Young hasta "Powerage".

 Sin embargo, sería un error considerar a Rose Tattoo como un mero grupo al rebufo de AC/DC. Cierto, compartían la misma concepción del riff simple y demoledor,  las raíces marcadamente rythm and blueseras y el toque canalla y pendenciero que los acercaba al Bon Scott de aquellos años (esos tatuajes patibularios...) Pero no es menos verídico que el uso del slide, los matices sureños y los ramalazos casi punks que ofrecía su música en ocasiones los presentaba como una oferta compatible, que no sucedánea, de lo que destilaban los autores de "High Voltage".

 Siempre consideré una de las mayores virtudes de Rose Tattoo la -potencial- amplitud de su propuesta sónica. Lo que se destila en este debut (o en "Assault And Battery"; o en "Scarred For Life") podía gustarle tanto a un acólito al Hard Rock, fan de los mentados AC/DC, Lynyrd Skynyrd o Motorhead cómo a un seguidor del estallido Punk que tenía lugar a ambos lados del atlántico. Ilustrativa estampa la de la banda compareciendo en festivales cumbre del Hard & Heavy europeo mientras colaban algunos de sus singles en los charts más punkarras del viejo continente. La cosa tiene mérito, y más aún a finales de los 70's, cuando las diversas escenas musicales enfrentadas no resolvían sus diferencias debatiéndolas en torno a una mesa camilla, precisamente.

 El disco abre con los que quizá sean los dos grandes himnos de la banda, los que en el futuro serían sus temas más versionados, "Rock N' Roll Outlaw" y "Nice Boys"; sendas declaraciones de intenciones, repletas de riffs matadores y slide por un tubo cortesía de la pareja Pete Wells/Mick Cocks, que borda un trabajo guitarrero tan deudor del Southern Rock cómo de la inmediatez Punk. "The Butcher And Fast Eddy" es una puesta al día de sus raíces bluesys pasadas por el filtro de su insoslayable macarreo. "One Of The Boys", una de las cimas del redondo, es el ejemplo perfecto para el que quiera comprobar la mentada amplitud de propuesta de la que os hablaba más arriba. "Remedy", "Bad Boy For Love" y "T.V" mantienen el pulso a base de espídico R'n'R, facturado de una manera en la que los 'Tats tenían pocos rivales.  

 "Stuck On You" es el primer -y único- remanso de relativa calma que nos concede este atómico debut, y aunque sea algo subjetivo,  le veo ciertas concomitancias con The Who. Quizás sea por la manera de entrelazar guitarras acústicas y eléctricas, o por el tono de fuerza contenida que predomina en la canción. El riff inicial de "Tramp", por eso de seguir con las comparaciones -odiosas pero orientativas- nos remite a lo que ese mismo año facturaban The Dictators en su inmortal "Bloodbrothers", y, a la usanza de los neoyorquinos, supura actitud callejera y badass por los cuatro costados. Como colofón nos encontramos con otra de las imprescindibles en los sets de los australianos, que no es otra que la atropellada y macarrísima "Astra Wally".

 Cómo dejaba caer al principio de este artículo, el sino de Rose Tattoo fue el de tantas otras formaciones seminales y/o de culto, siendo su legado más conocido durante años por las vindicaciones de las que fue objeto que por el valor intrínseco de su obra. Poca cosa para la que es, según me dijo alguien en una ocasión, "la banda más grande de Australia" ("¿Y qué pasa con AC/DC?" repliqué, a lo que se me respondió, con toda lógica, "Esos no son de allí,¡ ni siquiera son de este planeta!")

domingo, 23 de octubre de 2011

The Crepitos - "Wicked Mind"

 
The Crepitos fueron parte activa de ese marasmo de bandas surgidas en España a finales de los 80's y principios de la década posterior, con querencia por las bandas de culto y especial e indisimulada inclinación por el inglés como lengua en la que expresarse. En la categoría en la que incluimos a los de León también podríamos meter a otros tantos que comparten esas coordenadas, caso de los capitales Sex Museum, los espídicos The Pleasure Fuckers, el Power Pop guitarrero de los Crocodiles, los acólitos al garage/beat 60's cómo Dr Explosion o admiradores confesos del "one, two, three...!"  y demás herencia Ramones, caso de, verbigracia, Shock Threatment. En semejante paisaje musical, ¿Qué partido tomaban The Crepitos?

Lo suyo era, a grandes rasgos, el Rock and Roll con matices bubblegum y poperos (podríamos decir Power Pop, pero se dice y se comenta que la etiqueta no le hacía mucha gracia al grupo) aliñado con matices nada desdeñables del Nuevo Rock Americano que despuntó en los 80's, siendo su música algo así cómo el punto de encuentro entre los combos sixties con gusto por la melodía, los Ramones de discos cómo "Pleasant Dreams" y la labor de formaciones cómo The Replacements o los Long Ryders.

"Wicked Mind", un single registrado para el fanzine Rock Indiana, fue la carta de presentación de la banda, amén de un aviso redondo de por dónde iban a ir los tiros de su cancionero posterior.

El tema homónimo, que de paso sea dicho es mi preferido de ellos, da el pistoletazo de salida: Una poderosa batería, un omnipresente órgano, una melodía hiperpegadiza y un acertadísimo uso de los coros son las señas de identidad de este pildorazo de R'n'R hipermelódico y perfectamente construido. "Feather Brain" sería, en un mundo idílico, con un mínimo de cordura, un verdadero top of the charts, toda una exhibición de estilo y poderío en poco más de dos minutos. Es en "No Turning Back" dónde más a las claras se aprecia la querencia del grupo por las estructuras épicas del Nuevo Rock Americano, sin renunciar por ello a sus señas de identidad más melódicas e inmediatas.

Desgraciadamente (y al igual que podríamos decir del 99% del fondo de catálogo nacional de Rock Indiana) el recuerdo que ha quedado de The Crepitos es algo así como de undergrounds del underground, siendo mencionados, casi sin excepción, cómo el grupo de juventud de Juancho Bummer, bajista de los Hard Rockeros -y también recomendables, aunque un escalón por debajo de éstos- Bummer y actual escudero de Paul Collins,  sin profundizar en el hecho de que poseían un cancionero formidable, un cúmulo de influencias superior y los ingredientes de una fórmula que les permitió facturar una verdadera colección de potenciales hits.  En fin, fuere como fuere, nunca es tarde para enfrentarse al poderío de The Crepitos.

viernes, 26 de agosto de 2011

Elvis Presley - "From Elvis In Memphis"


Elvis, la pelvis. El chico de Tupelo, el joven camionero transmutado en rey del R'n'R, la estrella excesiva que tenía más armas que guitarras y tocaba gospel hasta altas horas de la madrugada en los sótanos de Graceland... Suma y sigue. Que le tocase ceñir la corona del género fue lo peor que le pudo pasar a Elvis Aaron Presley, al menos desde el punto de vista de su legado estrictamente musical, siendo más asociado al exquisito paisaje kitsch norteamericano y su bizarro modus vivendi que a lo que verdaderamente debería importar: Su música. Además, por si fuese poco, tal condición le convirtió en blanco fácil de casi todo el mundo, desde quienes, fieles a su snobismo, se aferran a cualquier one hit wonder de Serie B de los 50's en su detrimento a aquellos que se ponen a acotar con escuadra y cartabón su carrera salvando su paso por la Sun, el '68 Comeback Special y para de contar que me mareo. Por Dios, si hasta en algunas de las bandas sonoras que hizo para sus pelis de saldo hay gemas, ¿O acaso no lo son "Can't Help Fallin' In Love", "Rubberneckin" o "Viva Las Vegas"? ¿Y qué me dicen de su atómica tanda final de shows en la ciudad de los casinos? Pues eso. Detractores profesionales de Elvis: Bájense unos puntitos.

Si el mentado "68 Comeback Special" supuso su vuelta de cara al público tras lo que fue casi una década entregado al séptimo arte, libre, aún momentáneamente, de los tejemanejes del Coronel Parker y su rancia y mediocre concepción del show business, "From Elvis In Memphis" era la confirmación de esa actitud vital en formato LP.

Grabado en los estudios American Sound (Dónde también se dejaban caer las estrellas locales de Memphis, los Box Tops de Alex Chilton) más modestos y lejos del boato al que solía acostumbrar, o habían acostumbrado, a nuestro hombre y con un fan irredento del Rey como lo era Chips Moman a los mandos,"From Elvis In Memphis" basculaba entre el Soul, el Country, el R&B y, cómo no, el Rock and Roll sin despeinarse el tupé, mostrando de paso a un Elvis pletórico, plenamente confiado en el material que iba a interpretar (algo de lo que no había andado precisamente sobrado unos años antes) y arropado por una banda con feeling y solvencia, no un frío puñado de mercenarios.

"Wearin' That Loved On Look" da el pistoletazo de salida a ritmo de Soul n' Roll con punzante bajo y afiladas garras, mientras que "Only The Strong Survive" es un grandioso número entre la declaración de principios y la épica. "I'll Hold You In My Heart (Till I Can In My Arms)" demuestra, una vez más, que el crisol de géneros que conforman el R'n'R era la savia de la que se nutría nuestro hombre. En esta ocasión, se adentra en las aguas del Country más melancólico y arrastrado, saliendo más que airoso, al igual que hará en las posteriores "It Keeps Right On A Hurtin", "I'm Movin' On" y "Gentle Of My Mind". 

 "Long Black Limousine" es, sencillamente, una de las mejores canciones a las que nuestro hombre a puesto voz, lo cual no es poco decir: Poderío, drama e intensidad se dan la mano en una canción que abunda en el amor perdido, la manera en que el pueblo juzga a la persona que marcha y la muerte. Sencillamente sobrecogedores esos versos que rezan, Through tear-filled eyes I watch as you ride by, oh yeah/A chauffeur, a chauffeur at the wheel dressed up so fine/Well I'll never, I'll never love another/Oh my heart, all my dreams, yeah they're with you/In that long black limousine. No se puede añadir más, a fe mía. "After Loving You" nos remite, irremisiblemente, a la delicada, por decirlo de un modo sutil, situación de su matrimonio. No en vano gran parte del material del que se valdría en lo sucesivo abundaría en sentimientos como el desamor, la ruptura y el abandono. "True Love Travels On A Gravel Road" suena, desde el título, a puro Presley, música atemporal, mestiza y eterna para hollar caminos y senderos. "Any Day Now", de las mejores, aborda el fantasma de la ruptura potencial que acecha a cualquier pareja, a cualquiera que no se deje llevar por la inercia, claro. Una majestuosa sección de vientos y unos coros sobresalientes elevan a la canción al ámbito de lo supremo. Por último, mas no menos importante, "In The Ghetto". Dejando a un lado lo insólito de un Elvis que se autoerige portavoz de desheredados y de la bizarra versión que todos tenemos en mente y que ha terminado por instalarse en el subconsciente colectivo, es una buena canción. No es de las mejores, ni de las definitivas que registró, nada más lejos, pero, que demonios, es un buen tema.

No son pocos los que consideran a este "From Elvis In Memphis" una suerte de segundo debut, en el sentido de renacer artístico, declaración de intenciones e inicio de una nueva etapa. En el plano musical, supone, junto con su debut, la vuelta del '68, sus discos gospel y el show de Hawaii las primeras puertas a las que has de llamar si quieres tener un primer encuentro más que satisfactorio con la obra del Rey. Cerremos líneas con la ya consabida frase, no por incierta menos definitoria: El Rock and Roll es Elvis, los demás hacen lo que pueden.

sábado, 30 de julio de 2011

Bruce Springsteen & The E Street Band - "Born To Run"


Existen pocos personajes tan denostados cómo Bruce Springsteen. "¿Cóooooooomo?" Habrá exclamado más de uno: Si el tipo llena estadios por doquier, goza de una legión de seguidores que bebe los vientos por él y es considerado, pese a haber empezado una década después que ellos, tan clásico y relevante como un Dylan o unos Stones. Entonces, ¿De qué diablos estoy hablando?

 Pues de que basta darse un garbeo por las lides -tangibles o virtuales, tanto da- del rockerío más supuestamente auténtico, ese aborrecible término, para constatar que el de Nueva Jersey no tiene lo que se dice mucho crédito, pese a haber sido, a lo largo de cuatro décadas, una verdadera bestia del Rock and Roll. El porque, para mí un misterio: Qué gente que se dedica a encumbrar verdaderas medianías se ponga exquisita de repente y se tire de los pelos y le hiciera la cruz al Boss a partir de discos cómo "Tunnel Of Love" o "Lucky Town", que le otorguen la vitola de "auténtico", seguimos a vueltas con el adjetivo, a tipos que, honestamente, no le llegan ni al tacón de la bota.... La lista de despropósitos es larga. Que más da que nuestro hombre hilase, en el lapso de cinco años, tres verdaderas obras maestras del género, las que van de éste "Born To Run" al "The River", que se haya mantenido siempre fiel a sí mismo, regalando verdaderos hit singles que lo habrían cubierto de oro y no dudando en grabar verdaderas rodajas de Country Folk maquetero y sombrío contraviniendo lo que todos esperaban de él. Y sobre, todo, que más da que el tipo haga shows de casi cuatro horas a píñón fijo, sin fláccido desarrollos instrumentales, ni forraje. Nada de eso importa al detractor profesional de Springsteen, que, eso sí, no dudará en dedicar chanzas de todo tipo al último songwriter coñazo de turno.

 En "Born To Run", se ha dicho mil veces, Bruce pretendía aunar la lírica de Dylan, el dramatismo de Roy Orbison y el wall of sound de Phil Spector. Una fórmula de altura para la que sin duda era su apuesta más ambiciosa hasta la fecha. Cabe recordar que antes de la edición de éste disco Bruce Springsteen era visto cómo poco menos que un trasunto fallido de Bob Dylan, cuyos dos discos de estudio, pese a contener un puñado de clásicos en potencia, habían pasado completamente desapercibidos. Así pues, en éste álbum la suerte estaba echada, y de su acogida dependería, colegimos, la permanencia de nuestro hombre en el negocio de la música.

En cierto modo, el espíritu de "Born To Run", ahí radica su complejidad, es tan musical cómo cinematográfico. Entronca con la pretensión de vindicar el R'n'R más inmediato de antaño, compartida por vecinos cómo The Dictators o los Ramones, pero también lo hace con la obra de, pongamos, un Scorsesse, con sus temáticas preñadas de épica cotidiana y redención callejera, sus luminosos parpadeando en la noche y el recuerdo de un pasado mejor, y seguramente idealizado, sobrevolando la acción. Todo eso y mucho más condensa la canción inicial, "Thunder Road", un tema a flor de piel, entre la autodeclaración de principios ("Well i got this guitar, and i learned how to make it talk") y la pretensión anunciada de huir de esa ciudad "llena de perdedores".

Y es que, pese a que todo el mundo suele citar a su sucesor, "Darkness In The Edge Of Town" cómo el disco en el que Springsteen "perdió la inocencia" y ofreció su primera ración de material con sabor amargo, lo cierto es que "Born To Run" transmite una innegable sensación agridulce, de post-adolescente que se aferra a sus vinilos de los Beach Boys y las Ronettes para afrontar las hechuras de una recién conquistada vida adulta que se le presenta de lo más angosta, de ensoñaciones interrumpidas por la sirena de la fábrica y de romper con todo y huir. Si hay un concepto en el que éste disco abunda, desde su mismo tema-título, es en el de huir.

 "Tenth Avenue Freeze-Out" suena a Soul vacilón y patillero, con su genuina sección de viento, apropiada para un tema en el que Springsteen viene a relatar cómo conoció al triste y recientemente desparecido Clarence Clemons, su verdadera mano derecha, con permiso de Little Steven. "Night" rezuma barroquismo con traje rockandroller y da paso a otra de las cimas del redondo, "Backstreets". Otro de esos temas que encaja en el concepto del disco, sobre el choque del idealismo juvenil con el frío cemento de la realidad: Demoledor.

 "Born To Run" abunda en el concepto de huir, en pos de un lugar dónde poder vivir, en el sentido más amplio del término, aunque todo apunte a que ese peregrinar no tendrá fin y será un vagar perpetuo. En el plano sonoro, Rock de muchos quilates, repleto de capas de sonido y con la banda funcionando con la precisión de un reloj suizo. "She's The One" descubre la vena más Buddy Holly de nuestro hombre, mientras que "Meeting Across The River" muestra su faceta más preciosista. Como colofón, "Jungleland", epopeya callejera bajo un cartel de Exxon, un corte sencillamente soberbio.

No creo exagerar al decir que el período '75-'80, fue el que aquilató a Bruce Springsteen como artista, intérprete y, lo más revelador, compositor. Con "Born To Run" mostró sus cartas, tras la gesta de "Darkness In The Edge Of Town", resultó invencible y en "The River"  no hizo otra cosa que asentar su valía. Sólo por esas tres muestras de poder ya merece su lugar de honor en nuestra historia, pero, afortunadamente, hubo más. Mucho más.

martes, 12 de julio de 2011

Roy Loney And The Phantom Movers - "Out After Dark"


En un año que vivió la edición de lanzamientos capitales en el entramado del Rock and Roll inmediato y sin florituras, - "It's Alive de Ramones, "Overkill" de Motorhead, "Highway To Hell de AC/DC o "New Values" de Iggy Pop, entre otros- lo cierto es que el debut en solitario del que fuera voz cantante de los Flamin' Groovies en su primera encarnación lo tenía crudo para destacar en un panorama semejante. Pero el tiempo pasa y todo lo asienta, lo que nos permite, más relajadamente, descubrir estas obras de culto y enjuiciarlas en su justa medida, sin el lastre añadido de tener que compararlas con otros trabajos coetáneos y con la vitola de míticos a sus espaldas.

 Loney, aquel tipo que vindicaba el Rockabilly en el San Francisco de Bill Graham y Grateful Dead, llevaba casi una década en barbecho desde su marcha/despido (Qué fue antes, ¿El huevo o la gallina?) de los Groovies, al poco de la edición del fundamental "Teenage Head". Ahora, en el ocaso de los 70's, se mostraba decidido a volver, respaldado por una banda underground más o menos consolidada, The Phantom Movers (lo que pasaría a ser una constante a lo largo de su carrera en solitario, rodeándose en lo sucesivo de gente cómo The Longshots, The A-Bones o, más recientemente, los patrios Señor No) y sacándose de la manga un disco que, desde la misma cubierta, con Roy luciendo Strato y pose á la Pete Townshend, exudaba Rock and Roll.

 "Out After Dark" supone el punto de encuentro entre las distintas influencias que sustentan el background de nuestro hombre, del Rock and Roll 50's al sonido de The Kinks, amén de un componente Punk perfectamente compatible con lo que venían haciendo The Clash o Iggy Pop en aquellos años.

 La incial "Born To Be Your Fool", con ese primer verso tan Groucho Marx ( "I Was Born, Very Young...") nos pone sobre aviso de lo que será una de las constantes del disco, esto es, la querencia por las tesituras acústicas, que no relajadas, en clave de R'n'R, que empapan los surcos del disco. "Used Hoodoo" suena a  jungle music deudora de Bo Diddley por los cuatro costados, "Phantom Mover" es un himno que da paso a la vacilona y puro Roy Loney "Neat Petite". En "Return To Sender", al igual que en "Rockin' In The Graveyard", Loney ajusta cuentas con viejos héroes fifties de juventud, llámalos Elvis o Jackie Morningstar, entre las dos covers tenemos "People, People" un corte histriónico, exaltado y que personalmente me trae a la cabeza a Joe Strummer y sus chicos, aunque me temo que no se trate de algo objetivo. "I Love It" me parece de lo más granado del disco, un tema, intenso, afectado y con un nosequé nocturno y evocador que atrapa irremediablemente. "Scum City" funciona como dos canciones, por un lado, tenemos un cortante Rockabilly que habría hecho descubrirse a The Cramps, por otro, un preciosista interludio acústico de regusto folkie a modo de puente. "Trophy" es lo más cercano a una balada que podemos encontrar en éste disco, mientras que "She Run Away" suena a genuina mezcolanza entre los Kinks, los Stones de principios de los 70's y las Ronettes. Echando el cierre, "San Francisco Girls", un correcto número de R'n'R estilo Sun Records.

 No nos encontramos ante la clase de disco que cambia la dirección de la historia de la música, si bien es de justicia reconocer que tampoco es ésa su intención. Asimismo, supone digno testimonio de la riqueza musical de la década de los 70's, decenio en el que vieron la luz supuestas (abran comillas) obras menores que, de salir hoy día, nos harían hincarnos de hinojos y dar saltos de alegría. Por último, es prueba irrefutable del talento, oficio y saber hacer del gran Roy Loney. "Out After Dark", idóneo ejercicio de celebración del R'n'R, una vez que cae la oscuridad.

sábado, 25 de junio de 2011

Guns And Roses - "Lies"


Quizás peque de rarito al decantarme por el mini EP acústico que la por entonces última sensación del Rock and Roll había tenido a bien a editar, cómo una suerte de preludio básico, de cinco piezas, ante la hecatombe de corte barroco, "Use Your Illusion", que devendría al poco, pero seamos francos: La blogosfera está saturada, en su 99% de odas a su álbum de debut, a los Illusions y puede que hasta de su ajuste de cuentas con el Punk Rock y demás influencias de juventud, el controvertido "Spaghetti Incident". De acuerdo, es más que posible que también haya decenas de artículos de "Lies" pululando por la red, pero, quiero pensar, serán menos.

 Tras esa bomba de neutrones, de efectos purificadores y a mil millas de lo que destilaban otros paisanos suyos, "Appetite For Destruction", paradigma y a la vez superación de la etiqueta Sleazy, explosivo artefacto que vindicaba la herencia del Hard Rock de los 70's (llámalo Led Zeppelin, o, mejor todavía, Aerosmith) aliñado con energía Punk y envuelto en componente Glam y callejero, ahora tocaba relajarse un poco y descubrir su faceta más classy y relajada, la más afecta al Rock de raíces acústicas, por así decirlo.

 En "Lies" la banda mostraba su querencia por la obra de formaciones como The Rolling Stones o The Faces, o sea, que en esta ocasión era Izzy, su elegante rítmica, el que se llevaba el gato al agua, facturando cortes de genuino Rock and Roll acústico, etílico y jaranero, sin producciones de la época que lastrasen el producto final y transmitiendo una innegociable sensación de inmediatez y naturalidad.

 El disco abre con un corte claramente deudor de las enseñanzas promulgadas por los Stones del "Sticky Fingers", "Patience", un exuberante tema en el que las guitarras acústicas llevan el peso, con un delicioso cambio de registro al final; "I Used To Love Her", mete el dedo en la llaga en una de las grandes bazas líricas del combo: Las temáticas políticamente incorrectas. En esta ocasión tocaba ponerse en la piel de un tipo que acaba de cargarse a su chica porque hablaba demasiado. En el plano estrictamente musical, un corte vacilón, que, quizá con otra letra, no habría desentonado en un disco de los Georgia Satellites. En "You're Crazy" Axl da rienda suelta a su faceta más histriónica y desatada, precediendo a esa grand finále, rayana en lo tragicómico que es "One In A Million", aquí el pelirrojo de Indiana se transmuta en una suerte de misántropo (bueno, algo de eso hay en W.A.R) que despotrica contra polis, gays, negros, racistas, y prácticamente todo lo que ose caminar por este mundo, por cierto, un corte matador, rayano en lo épico, a su modo.

 No se me escapa que en ciertas subescenas las pistolas de Los Angeles no gozan de mucho crédito, llegándose en ocasiones a la mofa y la burla contra ellos. A mi, en cambio, me parecen que son la última banda de R'n'R de cuantas alcanzaron el mainstream que merece la pena, amén de su labor de rescate y puesta al día de formaciones por aquel entonces prácticamente olvidadas como Rose Tattoo, New York Dolls o los Misfits, que en ocasiones han llegado a reconocer lo importante que fue la mano tendida por Slash, Duff y Cía. de cara a sus retornos. Por último, todos aquellos que se quedan con la imagen de Axl en calzoncillos, entronizado en su rol de rockstar excesiva y exprimiendo su voz ante audiencias multitudinarias, deberían sentarse a escuchar las deliciosas canciones que dan forma a este "Lies", que no se si figuran entre lo más granado, pero sí atemporal,que firmaron Guns And Roses.

domingo, 29 de mayo de 2011

Link Wray - "Shadowman"

Damas y caballeros, con todos nosotros, uno de los personajes más interesantes que vió nacer la música del siglo pasado: Link Wray.

 Guitarrista de incuestionable influencia y prolífica descendencia, David Lincoln Wray, fue el prototipo de eso que los yankees dan en llamar maverick y aquí algunos conocen como francotirador, esto es, un tipo que rompió el molde desde el minuto uno, a mil millas de distancia de conceptos como la autocomplacencia y siempre dispuesto a bucear, desde su perspectiva cruda y orgánica, a las profundidades abisales de la tradición musical norteamericana.

 En los lejanos 50's de rockabilly y brillantina metió sus influencias country en una batidora de surf distorsionado y chirriante y, sin saberlo, apadrinó el antiguo testamento de lo que devendría en punk rock y heavy metal (También llamado power chord), pero, claro está, no todo fue "Rumble" y el bueno de Link no tuvo reparo en adentrarse en terrenos lindantes al Rythm and Blues más negroide (Para muestra su disco homónimo del '71) o el Country de donde venía con los Wray Bros. fusionado con su particular concepción del Rock and Roll. Cómo suele suceder en este tipo de trayectorias, la categoría de pionero, lejos de otorgarle fama y dividendos, le hacía discurrir en paralelo a la senda del éxito. No deja de resultar significativo que uno de sus mayores períodos de fama tuviese lugar cuando se alió con Robert Gordon en el ocaso de los 70's para tributar a los viejos oldies de la década prodigiosa del R'n'R. Muy significativo.

 Afortunadamente, esa unión le hizo vivir una segunda juventud que, aparejada con sus constantes giras por Europa y la reedición de la mayoría de su catálogo por parte de sellos como Norton o Ace también se vio reflejada en las más que disfrutables obras de estudio con que nos obsequió hasta el fin de sus días. Cierto, no es "Shadowman" su obra más importante, pero si supone un digno testimonio de la buena forma en la que se encontraba éste pionero de la guitarra Rock y de lo alto que mantuvo el listón, incluso en sus supuestas obras de perfil medio.

 Pese a encontrarse cerca de la setentena, el maestro Wray mantenía intacta su pasión por la crudeza y la distorsión. Ahí tenemos las instrumentales "Rumble On The Docks", "Night Prowler" o "Moped Baby" para corroborarlo. O la enloquecida relectura que se marca del "Heartbreak Hotel". "Geronimo" da paso a "Young Love" y señores, toca recordarlo una vez más: Pese a qué casi nadie lo recuerda por ello, Link Wray era un gran cantante, dotado de un gran feeling, directo y sin barreras hacia el oyente. Él tema sigue la senda más accesible y afecta al Rock americano de su cancionero, en la onda de cortes anteriores como "Trying To Find Your Love". Apuntando todavía en esa dirección, también es digna de mención "I Can't Help It (If I'm Still In Love With You)", entre el Elvis más country y la melancolía fifties.

 Otro aspecto a resaltar del disco, al menos en parte, es la sensación de feedback que transmite, me explico: Link apadrinó, aún lejanamente, parte del Punk y el Hard Rock y aquí da la impresión de que se nutre de esas influencias a las que contribuyó, cerrando el círculo. ¿No se perfila alargada la sombra de The Cramps en "Run Through The Jungle"? ¿Acaso no suena la colosal "You Make It So Easy" a Punk Rock clásico por los cuatro costados? ¿Soy yo el único que percibe un riff digno de The Who en "Listen To The Drums"?

 Pensar en Link Wray es evocar una serie de estampas sonoras y plásticas de indudable atractivo y fuerza: Es hablar de cuero, amplis agujereados, guitarras compradas en casa de empeño, instrumentos guardados en elegantes coches fúnebres para evitar que sean robados y ensayos en garages. Es hacerlo de suciedad, reverberación y distorsión crepitante: La historia misma del lado más crudo, genuino y sin adulterar del Rock And Roll.

lunes, 16 de mayo de 2011

The Devil Dogs - "Saturday Night Fever"


"El álbum que tienes entre tus manos es tu pasaporte a esto, el otro lado de la vida. SOMOS los Devil Dogs. Y TU has sido invitado a una fiesta" Así de contundente se mostraba el Power Trio neoyorquino a la hora de invitarnos a su particular fiebre del sábado noche a ritmo de Garage Punk n' Roll de alto octanaje.

 Paradigma de entidad insobornable y por encima de tendencias, The Devil Dogs practicaban la clase de sonido que causaba furor entre los acólitos del sello underground Crypt Records, a saber: Querencia por lo vintage, gusto por los decibelios y la inmediatez por bandera. En sus anteriores y muy recomendables LP's ya habían dejado afianzada su fórmula, eminentemente heredera del sonido de su ciudad, desde la prehistoria pop del Brill Building (factoría compositiva detrás de algunos éxitos de, por ejemplo, The Ronettes) al Punk de los Ramones pasando por, cómo no, las glorias locales del proto-punk, formaciones como New York Dolls o The Dictators. Súmale a eso un innegable aura fifties vía Elvis y algunos ramalazos Surf/Doo Woop sesenteros á la Beach Boys y te podrás hacer, más o menos, una idea de cómo sonaban Fabulous Andy G y sus compinches, pasándolo todo, eso sí, por el turmix del Punk n' Roll más salido de madre.

 Y es que para "Saturday Night Fever la banda tuvo a bien afilar su sonido, subiéndolo de revoluciones y reduciéndolo en minutajes. Quizás la labor a los mandos del salvaje de Kurt Bloch (de The Fastbacks y productor de grupos como Supersuckers o Nashville Pussy) tuviese algo que ver en este endurecimiento. Cábalas aparte, la tripleta inicial "Big Fuckin' Party"/ "Dance With You Baby"/"Gonna Be My Girl" suena cómo poco menos que una andanada que, irremisiblemente y según como nos pille, puede ponernos las pilas para el resto del día o causarnos una terrible jaqueca. No se pierden en florituras los Dogs, facturando momentos completamente motorheadianos, hasta en los títulos - "I Don't Believe You", "Back In The City"- escupiendo salvas punkarras del calibre de "Stuck In 3rd Gear" o poniendo su corazoncito Rockabilly al servicio de la distorsión y el guitarreo más pasados de rosca, o lo que es lo mismo, "Alright!". Pero The Devil Dogs también tenían su poso poppie urbanita, y ahí es donde entran en juego "Backstage" -gloriosa- o esa adictiva "Sweet Like Wine"  que suena a declaración callejera definitiva. Su "Be My Baby", vaya. Y hablando de The Ronettes, la tríada Spector resulta objeto de tributo mediante una conseguida relectura de "So Young". El otro ofrendado es el chico de Tupelo, del que se marcan un speedico "Burnin' Love".

 The Devil Dogs demostraron, igual que tantos otros antes (y alguno después) que con un puñado de power chords, unos estribillos adictivos y la chulería para parar un tren que poseían, es perfectamente posible crear una obra magna de Rock And Roll. Y si no me crees prueba a colarte en esta gran fiesta que es "Saturday Night Fever" y me lo cuentas.

martes, 22 de marzo de 2011

Flamin' Groovies - "Shake Some Action"


Curioso caso el de la banda de Cyril Jordan. A pesar de su sempiterna pretensión de ir un paso por detrás, en lo que a modas sónicas se refiere, los Flamin' Groovies, aún a una escala menor de la que merecían y en sus dos encarnaciones, acabaron sentando cátedra.

 Lo hicieron en el hippioso San Francisco de finales de los 60's, ése en el que sufrían la ojeriza de una escena adornada con flores en el pelo y narcotizada por consignas utópicas, en la que irrumpieron capitaneados por el gallito rockabilly Roy Loney y con la vista fija en el santoral rocker de los 50's aderezándolo con Rythm & Blues y Country. A lo que presentaron en el seminal "Supersnazz" se le puede llamar Raunch'n'Roll, pero también Garage. O Proto-Punk.

  Tras hacer que su propuesta se empapase de los sonidos procedentes de Detroit, Stooges a la cabeza y finalmente abrazar el clasicismo vía The Rolling Stones en el fantástico "Teenage Head" (Del que por cierto se dice que se los puso de corbata al mismísimo Jagger) la nave Groovie, tras la marcha de Loney, terminó por irse a la deriva. ¿Cómo? ¿Entonces que pasa con éste disco?

 No es del todo desconocido el hecho de que tras el final de éste primer periplo, Jordan intentó una nueva singladura bajo el nombre de The Dogs, enfocada al sonido que acabaría cultivando en el Mark II de los Groovies, esto es, las tres grandes bes: Beatles, Byrds y British Invasion. Pero es de suponer que la escasa acogida de su nueva aventura le hizo resucitar a su antigua banda, remozada, eso sí, por una serie de cambios (un baile de nombres al que sólo acabaría sobreviviendo el semper fidelis Michael Alexander) el más significativo, claro está, el del vocalista.

  La nueva voz de los Flamin' Groovies respondía al nombre de Chris Wilson, que venía de Loose Gravel, una banda de éxito local con la que incluso llegó a telonear a su futuro grupo. Su registro, diametralmente opuesto al de su predecesor, encajaba como un guante en el volantazo a nivel de referentes que acababa de dar Jordan. Tras una serie de singles, a destacar el seminal "Slow Death" (versionado, entre otros, por The Dictators) la nueva formación editó su primera demostración de poder en largo, "Shake Some Action".

 Un disco en el que, fieles a su tendencia de situarse una década por detrás de lo que primaba en cada momento, y a dos minutos de que el Punk estallase del todo (en aquellas fechas compartían escudería -Sire Records- con los Ramones. Significativo) optan por reivindicar a los Fab Four, las repiqueteantes melodías de Roger Mcguinn y la labor de los grupos de la invasión británica, sin menospreciar por ello a la respuesta yankee.

 En cierto modo, la cubierta del álbum suponía un aviso a las claras de por dónde iban a ir los tiros con respecto a su anterior entrega: Frente a la sensación raunchy y sudorosa que transmitía la portada de "Teenage Head" (Cinco tipos encerrados en un local de ensayo, guitarras, botas tejanas, miradas desafiantes) en "Shake Some Action" se opta por una sobriedad eminentemente british, evidenciada del todo en el icónico Jaguar aparcado que ocupa casi tanto espacio como la propia banda.

 Un puñado de versiones servían de carta de presentación (cómo si el propio sonido del redondo no diese ya suficientes pistas) a sus influencias, ahí teníamos el "Misery" beateliano, un par de guiños a Chuck Berry y a Larry Williams, para no renunciar del todo al poso americano, así como unas lucidas relecturas a Lovin' Spoonful y Paul Revere And The Raiders, del que desgranaban un espectacular "Sometimes".

 Pero lo verdaderamente grande de éste disco es su material original, canciones cristalinas, elegantes, rotundas. "Shake Some Action" es un tema definitivo, un riff perfecto para una canción que oscila entre la melancolía y la arrogancia (una constante en el universo lírico de Cyril Jordan), los juegos de voces de "You Tore Me Down", la briosa "Please, Please Girl" (101% Liverpool), el sonido evocador de I'll Cry Alone", el preciosismo a carta cabal en "I Can't Hide"... Todo un homenaje, o quién sabe si culminación, del sonido que unos diez años antes (Qué el frenético devenir de acontecimientos en el mundo de la música hacían parecer una eternidad) conquistó las ondas.

 Comenzaba el artículo apuntando que los Flamin' Groovies, sin buscarlo demasiado, tenían -y tienen- la vitola de pioneros, y es que, si en los años con Loney dejaron apuntalado (con la ayuda de Detroit) el génesis del Rock And Roll crudo para generaciones venideras; en su época londinense, con Wilson al frente dejaron escrito del todo (con permiso de Big Star y Badfinger) el manual de instrucciones para el Power Pop, al menos tal y cómo sería concebido y puesto en práctica en un futuro cercano.

 Para aquellos que nos movemos en el lado más inmediato del Rock, Flamin' Groovies son el prototipo de banda de culto, más apreciada, quizá, por aquellos que supieron vindicar su legado que por el gran público, y de una importancia absolutamente capital en nuestra historia.

sábado, 19 de febrero de 2011

New York Dolls - "New York Dolls"


 Una de las muchas subdivisiones que podemos aplicar a nuestro mundillo es la que sigue: Hay bandas que hacen Rock And Roll, otras, por contra, son Rock And Roll. Y no creo que sea necesario aclarar a estas alturas del partido a que categoría pertenecen las muñecas de Nueva York.

 Surgidos en la ciudad de los rascacielos a comienzos de los 70's, su sonido era algo así como el punto de encuentro entre el R'n'R primigeneo y negroide de tipos como Chuck Berry y Bo Diddley, el sentimiento poppie y urbanita de grupos como The Ronettes y las Shangri-Las y, cómo no, The Rolling Stones. Y es que si hay una influencia que resultaba evidente en el imaginario de la banda, esa era la de los ingleses: Johannsen y Thunders eran la versión Proto Punk y Post-Detroit (tanto en lo estético cómo en lo musical) de unos Jagger/Richards ya de por sí bastantes desquiciados (cabe recordar que eran los días de la resaca "Exile On Main St.", cristalizada en "Goats Head Soup")

 Pese a tratarse del debut de la banda, los New York Dolls no eran ningunos primerizos, y ya venían de vuelta de conciertos ante audiencias complicadas (Sirvan de sendos ejemplos su debut en un refugio de vagabundos y su labor como teloneros de... Lynyrd Skynyrd!) tours internacionales, como el que les llevó a abrir para Rod Stewart en las islas británicas e incluso vivir la pérdida de uno de sus miembros en circunstancias trágicas, caso de la sobredosis, en ese mismo periplo inglés, de su primer batería, Billy Murcia.

 Para su primer largo, bajo la batuta del mítico Todd Rundgren, las armas a emplear no iban a ser otras que las consabidas: Inmediatez, crudeza y chulería. "Personality Crisis" se encarga de poner las cartas boca arriba, un Rock And Roll enloquecido, salvaje, digno del "Exile..." Stoniano pero con una actitud definitivamente más suburbana, más sucia. "Looking For a Kiss" rezuma contención y en "Vietnamese Baby" saben mostrarse enigmáticos y peligrosos. Si a esas alturas todavía no has caído rendido ante los riffs asesinos de Johnny Thunders y Sylvain Sylvain y la actitud chulesca e histriónica de David Johanssen, dos opciones: a) Sube el volumen, y si ni por esas, b) Háztelo mirar.

 Nos dan tregua con "Lonely Planet Boy", un corte acústico, que no habría desentonado para nada en el "Sticky Fingers" (o en el "Teenage Head" de los Flamin' Groovies, otros que tal bailan) Para retomar el pulso en "Frankenstein", el que quizá sea el corte más experimental del redondo. "Trash" es otra de las cimas indiscutibles de la banda, un pildorazo rebosante de inmediatez, unos coros magistrales y un riff adictivo. Una canción perfecta. Es en "Subway Train" donde dan rienda suelta a la faceta más poppie vía Shangri-Las de las que os hablaba unas líneas más arriba, pasada, eso sí, por un tamiz eminentemente guitarrero y crudo. Ya en la recta del final del álbum nos encontramos con una sólida relectura del "Pills", de Bo Diddley, a la que le sustraen el tono luminoso del original a cambio de un sentimiento cuasi-Punk y "Private World", firmada a pachas con el bajista Arthur "Killer" Kane y con un sonido que nos retrotrae, aún remotamente, al beat de la britsh invasion. A modo de grand finale tenemos uno (otro) de los himnos impepinables de la banda, "Jet Boy", con un riff casi tan mítico como las palmas del comienzo.

 Con una carta de presentación tan avasalladora como la que nos ocupa, ¿Se comieron algo los Dolls? Siendo francos, y hasta generosos, poca cosa. Condenados por su mala estrella y su condición autodestructiva y quién sabe si víctimas de, tal y como afirmaban en su segundo largo, ofrecer Too Much, Too Soon sus andanzas fueron, en este primer periplo, pasto de minorías. Con eso y con todo, "New York Dolls" marca el comienzo (¿o culminación?) de una nueva manera de entender el Rock, tan cruda como glamourosa, así como el inicio de su particular mitología, jalonada de carmín, muertes y electricidad. Y por muchos años.

sábado, 22 de enero de 2011

Chuck Berry - "After School Sessions"


 La paternidad del Rock and Roll. Espinoso asunto. Mientras -casi- todos le niegan la titularidad del género a su majestad Elvis Presley y creen conveniente echar la vista un poco atrás, hacia terrenos más R&B, más negroides (soliendo dejarse por el camino a un WASP del calibre de Bill Haley) Otros ponen boca arriba las cartas de su snobismo, tirando de la madeja hasta llevarnos a títulos al que atribuirle la categoría de piedra fundacional, caso del "Rocket 88" de Jackie Brenston & His Delta Cats. No me extrañaría nada que, de seguir esta corriente, alguien le otorgue un día de estos el status de pionero a un desdichado bluesmen de los años 20's o, mejor aún, a algún empleado en el sector algodonero del siglo XIX. Yo, quizás pecando de obvio, considero a Chuck Berry, por su obra y posterior influencia, como el genuino father of invention. ¿Por qué?

 Se me ocurren varias razones. Desde la instauración de la guitarra eléctrica como base inamovible del tinglado hasta su intrépido maridaje estilístico, harto más meritorio en una época jalonada por las desigualdades raciales, sumando Blues, R&B y Country al servicio de unas canciones frescas, inmediatas y rebosantes de ritmo. Su influencia, además, puede rastrearse en casi cualquier generación musical posterior, ya sea en los primeros destellos de la British Invasion, en el trabajo de formaciones como The Animals, Beatles o los Stones, la posterior mutación en Hard Rock oficiada por músicos como Jimmy Page y Jeff Beck, AC/DC, guitarristas punk enamorados de épocas pretéritas como Johnny Thunders... La lista, como veís, sería tan larga de enumerar como insgine es la obra de los citados.

 Pese a no contener el archiconocido e hiperversionado "Johnny B. Goode", el primer largo de Chuck Berry es toda una demostración de poderío y una buena muestra del sonido que cultivó la factoría Chess  en su vertiente más cruda. Asimismo, y a qué negarlo, contiene algunos de mis temas favoritos de este tipo.
El LP abre fuerte con "School Day (Ring Ring Goes The Bell)", un corte que pone sobre el tapete algunas de las constantes de "After School Sessions", a saber: Riffs adictivos, sonido áspero y un acompañamiento sobrio para el total lucimiento de Chuck y su Gibson ES 335. Además, contiene uno de los elementos que sirve para encumbrarlo como padrino del género: la temática teenager y de evasión de sus canciones. Tras la instrumental "Deep Feeling" viene otro de los puntales de su cancionero, "Too Much Monkey Business", un corte vacilón, puro Chuck Berry. "Wee Wee Hours" y "Roly Poly" dejan al descubierto la cara más bluesy de nuestro hombre y la contenida "No Money Down" da paso a otro himno indeleble, "Brown Eyed Handsome Man", con una de esas letras marca de la casa, aunando socarronería con imágenes fácilmente reconocibles y referentes populares. La resultona "Berry Pickin" precede a lo más cercano a una balada que podemos encontrar entre los surcos de "After School Sessions", que no es otra que "Together (We'll Always Be)", una canción que suena a Everly Brothers en noir con la dosis justa de azúcar. Una joya oculta, qué duda cabe.

 "Havana Moon". Esta canción merece mención aparte. Creo que es mi favorita de Chuck Berry: Que sensación de peligro contenido, de sucinta sensualidad, de pura jungle music consigue tan sólo con su voz, un riff hipnótico y una línea de bajo apenas apreciable. Lo más Bo Diddley que jamás haya grabado. "Down Bound Train" es otra de esas canciones encuadrables en la cara oscura de Berry, o la que menos prensa se le ha dado, un tema definitivamente más cerca de los cánones del Country&Western que de los del Blues. El disco cierra con "Drifting Heart", una canción melódica, con un regusto marcadamente latino y un aire misterioso con el que pone un broche delicioso al redondo.

 Resulta paradójica la salud que vive el legado de los arquitectos del Rock and Roll. Por un lado, parte de su cancionero, sus singles, son prácticamente de dominio popular, lo que no quita que, por otro lado, haya una desidia casi total en lo que a conocimiento de su obra, sus discos, se refiere. Chuck Berry, lamentablemente, no constituye una excepción a esta regla, siendo mayoritariamente conocido por un par de canciones frente a una obra colosal, máxime en sus primeros años. Ha pasado más de medio siglo desde la edición de "After School Sessions"  y, por increíble que parezca, el disco sigue conservando intacto su poder, sus riffs, su actitud. En una palabra: Sigue teniéndolo.

domingo, 2 de enero de 2011

The Cramps - "Stay Sick!"


No creo exagerar cuando digo que la muerte de Lux Interior ha sido, de cuántas se han producido en mi santoral rockero en los últimos años, la que más honda impresión me causó, y creo que no fui el único al que le costó encajar el golpe: Al hecho de que en 2009 The Cramps eran una banda viva y en plena forma, hemos de sumar que Lux apenas pasaba la sesentena, lo que reforzó aún más, si cabe, la sensación de pérdida inesperada y de imprevista despedida de dos raras avis de nuestro mundillo, cómo lo fueron el y la banda de su vida.

 Hay momentos, instantes en la historia del Rock and Roll, que por lo decisivo de su repercusión son siempre dignos de celebrarse, en esa categoría podríamos incluir, sin lugar a dudas, el día en que Erick Lee Purkisher, rumbo a California, recogió a una autostopista llamada Kristy Wallace, sembrando el germen de lo que sería la vía de escape de todas sus filias e influencias musicales, cinéfilas y estéticas: The Cramps.

 Hoy en día resulta relativamente fácil montar una banda que reúna el conjunto de influencias con las que ellos trabajaron, mas conviene recordar que The Cramps fueron los primeros que vieron el nexo de unión que conecta la Serie B, el vudú, la cultura kitsch norteamericana y el Rock and Roll. En su coctelera había sonidos heredados de los 50's, Garage, Surf y Proto-Punk, pero también crooners , Cha-cha-chá y música árabe pasados por su genuino tamiz aglutinador. Asimismo, es digna de reseñarse la labor de rescate y reivindicación que realizaron de un sinfín de eternos secundarios de la primera venida del Rock and Roll y los 60's, caso de Screamin' Jay Hawkins, Hasil Adkins, Jimmy Stewart & His Nighthawks, The Sonics (que en el ocaso de los 70's apenas eran recordados por nadie), Sam the Sham & The Pharaos y un sinfín de nombres más.

 Curiosamente, existe una facción dentro de las legion of the cramped, los seguidores de The Cramps, que no dudan en tildar a "Stay Sick!" de obra menor. Lo cual, visto desde el prisma de un fan fatal de los de Sacramento, puede hasta llegar a entenderse, y es que en éste disco la banda culmina el proceso de "lavado de cara" de su sonido que habían iniciado unos años antes en el no menos recomendable "A Date With Elvis" y que, siempre dentro de sus propios términos, nos mostraba su cara más accesible (por decirlo de algún modo...) Pese a seguir manteniendo sus señas de identidad casi intactas el grupo se había despojado del sonido crujiente y deslavazado del que hacían gala en los tiempos del siniestro Bryan Gregory y del aura psicodélica vía 13th Floor Elevators que mostraban en ocasiones, dando paso a unas producciones limpias, pero sin renunciar por ello al mordiente oscuro y sexy que siempre los caracterizó.

 En el apartado musical, asistimos a una nivelada sucesión de oldies de Black Screamers, revisitadas, revitalizadas, fusionadas y pasadas por su filtro y temas propios. Lux Interior se muestra tan excesivo, lúbrico e histriónico como de costumbre, y su parténaire Poison Ivy seguía conservando ese talento natural para tejer riffs de infeccioso Rock And Roll, tan herederos de Link Wray como de la jungle music. El redondo abre fuerte, con tres salvas del calibre de "Bob Pills", "God Damn Rock n' Roll" y, lo más cercano que The Cramps tuvieron a un hit single, "Bikini Girls With Machine Guns", que pasan por ser de lo mejor del álbum. Más momentos reseñables los encontramos en "All Women Are Bad" un corte puro Cramps al que le sigue "The Creature of Black Leather Lagoon", que por cierto tenía uno de los clips más Serie B de cuántos rodó la banda. Los guiños a los Surfers The Readymen marcándose un "Shortnin' Bread" a su usanza y a The Rivingtons (padres putativos del "Surfin' Bird" de los Trashmen) convirtiendo su "Mama Ooh Mow Mow" en "Mama Oo Pow Pow"; la mística densa y sensual de "Journey to the Center of a Girl", los ribetes arábigos marca de la casa en "Saddle Up a Buzz Buzz". "Her Love Rubbed Off" de Carl Perkins pone la guinda a ritmo de Rockabilly con regusto country y vicioso a un artefacto de Big Rock de primera magnitud.

 Quizá suene descabellado, pero creo firmemente que The Cramps fueron una de las bandas que mejor captaron la esencia de la música americana de los 50's, y sin duda alguna la que mejor continuación supo darle a tan vasto legado sónico, alejándose de revivals insulsos y repetición de esquemas, aglutinando las distintas tradiciones en un todo y dando cabida a las distintas vertientes que edificaron el primer Rock and Roll desde un prisma, pese a quien le pese, único e irrepetible.