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jueves, 5 de diciembre de 2013
Boyfriends - "I Don't Want Nobody (I Want You)"
Siempre los ha habido, en cualquier área artística. Tipos que llegaron demasiado pronto, pecando de excéntricos; o demasiado tarde para poder hacerse con su trozo del pastel; Tocados por la peor de las suertes, en algunos casos, hundidos por su propia y miserable condición, en otros tantos. Siempre los ha habido y siempre los habrá. Perdedores, los llaman.
No cabe duda de que Bobby Dee es un perdedor, y de los de marca mayor. Siempre al abrigo de un sello con predilección por balas perdidas como él, Bomp Records, Su ignorada singladura comenzó unos años antes, al frente de los Poppees, en los que actuaba como una suerte de Lennon/McCartney de la era punk, responsable de una serie de cortes, "Jealousy" a la cabeza, que podrían pasar por outtakes de los Beatles pre-Sgt. Peppers. No llegaron a ningún sitio, más allá de ser considerados -en círculos casi esotéricos- como una piedra fundacional del power pop que germinó en los últimos 70's.
El hundimiento de su banda de toda la vida no pareció desalentar a Dee, que decidió tomar al asalto la escena punk valiéndose de sus mismas armas: Adiós a los trajes de corte inglés y las finas melodías, hola a las ropas chillonas y el rock and roll que pegaba fuerte en el Max's Kansas City y el CBGB, sonando como una mixtura imposible entre el desmadre de los Heartbreakers de Johnny Thunders y la visión aguerrida del pop que trabajaban formaciones como The Plimsouls.
Y eso es justo lo que encontramos en el presente 7": Un par de escupitajos eléctricos, hipervitaminados y adictivos en los que, bajo la muralla de riffs, latía un corazón innegablemente poppie. "I Don't Want Nobody (I Want You)" cabalga sobre el beat patentado por Bo Diddley, pero también por el proto-punk con tacón de aguja de los New York Dolls y las enseñanzas melódicas que legaron los conjuntos de los 60's, siempre ellos. "You're The One" ahonda descaradamente en su faceta thunderiana, siendo un corte que podría haber figurado, sin problemas, en el celebrado "So Alone" a la vera de "London Boys".
La gloria, es ocioso indicarlo, no esperaba a los Boyfriends a la vuelta de la esquina, y el epé cayó, nuevamente, en el más absoluto olvido. Un olvido que se vió parcialmente reparado cuando los Ramones, a sugerencia de Joey, decidieron versionar al malhadado combo, rescatando una de sus maquetas inéditas. El resultado llevó por título "I Need Your Love", y pasa por ser de lo más vindicable que puede encontrarse entre los surcos de "Subterranean Jungle".
No, definitivamente la música de los Boyfriends no está dotada de esa cualidad que pone tu realidad patas arriba, pero poseen el nervio y el savoir faire necesarios para subyugarte y llevarte a su mundo, al menos durante el tiempo -breve, muy breve- que duraban sus canciones.
martes, 3 de abril de 2012
Redd Kross - "Third Eye"
Power Pop. Etiqueta polémica, a su manera: Teniendo en cuenta que alude al Rock n' Roll de acentuado apartado melódico, podríamos aplicárselas a combos tan diferentes cómo los mágicos Big Star, los bombásticos Badfinger, The Rubinoos, con su nervio teenager; los hard rockerísimos Cheap Trick; la tríada The Nerves/Plimsouls/The Beat, que marcaron los pasos del género en los primeros 80's; Dwight Twilley, el trovador new wave del género... Incluso, si nos pilla con la disposición anímica adecuada, podemos hacer extensible la demarcación estilística a la etapa londinense de los Flamin' Groovies, los primeros Ramones y la facción del punk británico conformada por grupos como The Jam o los Buzzcocks. Es más, si nos pilla con el día completista, podemos preguntarnos, ¿Fueron The Beatles, sin saberlo, la primera banda de power pop?
Lo que sí podemos dar por sentado es que, en los primeros 90's, a los hermanos McDonald, líderes de Redd Kross, no podían dárseles en menos tales cuestiones. Y es que, pese a capitanear uno de los considerados buque insignia del género en las últimas décadas, el radio de acción musical de la dupla se escapaba en no pocas ocasiones de la etiqueta que se les había impuesto.
Tras unos titubeantes comienzos flirteando con la escena punk/hardcore de los suburbios de L.A, los excéntricos hermanos terminaron por rendir su talento a las bondades de la melodía y la cultura pop, a ser posible de eras pasadas, pero sin sacrificar su compromiso con lo actual. La epifanía que se adivinaba en "Neurotica" (producido por Tommy Ramone, ahí es nada) terminaba de confirmarse en éste "Third Eye", redondo de generosos mimbres y para algunos, entre los que me incluyo, cima discográfica de la banda.
"Third Eye" amalgama las distintas aristas que conformaban el background de Jeff y Steve McDonald: Aquí hay punk de la vieja escuela, abundantes dosis de hard rock (las solistas de Robert Hecker no conducen a dudas a ese respecto) y, sobre todo, un palpable corazón bubblegum, música que había conseguido obsesionar a los hermanos en las fechas de gestación del álbum.
Y es precisamente a ritmo de bubblegum cómo empieza el disco: Ahí tenemos la colosal "The Faith Healer", fusilada -con mucho estilo- a los 1910th Fruitgum Co. y su hit "Goody Goody Gumdrops", pasada por el turmix del alt rock de la época. Y es que esa fue siempre una de las mayores virtudes de Redd Kross, encajar siempre en las tendencias del momento, precisamente por encontrarse fuera de ellas.
"Annie's Gone", de esquemática letra, muestra la cara más punk de la banda, que no ceja en su gusto por la melodía ni en tales tesituras; "I Don't Know How To Be Your Friend", con su delicada primera parte acústica y la posterior explosión eléctrica, muestra cuánto han crecido desde los descocados días de "Born Innocent" y las diferentes texturas en las que saben moverse.
"Shonen Knife", con una intro que no habría desentonado en un redondo de heavy metal de la década anterior, es un guiño al célebre power trio japonés: "Come right in now, enjoy a Choco Bar/With the Shonen Knife/Yes, the rock and roll stars". Las chicas de Shonen Knife, cumplidoras hasta lo indecible, le respondieron al año siguiente escribiendo "Redd Kross" que decía: "Redd Kross, crazy people in L.A/Redd Kross, genius people in L.A". Cómo pueden ver, un bonito affaire entre bandas de culto.
La exquisita "Bubblegum Factory", todo azúcar, cierra el círculo estilístico del disco, homenajeando la génesis de la música que lo inspiró. Denostada por el crítico sesudo, pero irresistible para cualquiera con un corazón pop por el que corra algo de sangre, la obra de los mentados 1910th Fruitgum Co. o The Archies se perfila tan necesaria en la gestación de "Third Eye" como la que más. Tras la exhibición de puro pop, contrasta "Where Am I Today?" con su tono introspectivo e incluso lánguido, articulado en una canción perfectamente construida.
"Zira [Call Out My Name]" rezuma energía, positivismo y frescura: Ése estribillo a tres voces, el manejo prodigioso de los coros y una sobresaliente labor guitarrera apuntalan uno de los platos fuertes del disco. "Love Is Not Love", atmosférica gema de basamento poppie da paso a otro pildorazo incontestable, "1976", o lo que es lo mismo, Redd Kross sonando más a KISS que los propios KISS de la época, rematando la jugada los coros del batería Victor Indrizzo, destacado émulo de Paul Stanley, a tenor de lo escuchado.
Ya en la recta final nos encontramos con la fabulosa "Debbie & Kim", un corte tan épico como inmediato, de estribillo demoledor y que prácticamente condensa todas las virtudes del redondo. "Elephant Flares" echa el cierre, ubicando sus coordenadas entre el arena rock setentero y los Beatles de "Sgt. Peppers".
En los poco más de cuarenta minutos de "Third Eye", Redd Kross condensaban más sabiduría musical e iban más lejos de lo que otras tantas bandas ni tan siquiera alcanzan en décadas. En sus surcos podemos encontrar inmediatez, virtuosismo, preciosismo, crudeza, gusto por lo clásico y sentimiento de contemporaneidad. Conceptos contradictorios, sin duda, pero que en este caso no conducen al oxymoron.
domingo, 23 de octubre de 2011
The Crepitos - "Wicked Mind"
The Crepitos fueron parte activa de ese marasmo de bandas surgidas en España a finales de los 80's y principios de la década posterior, con querencia por las bandas de culto y especial e indisimulada inclinación por el inglés como lengua en la que expresarse. En la categoría en la que incluimos a los de León también podríamos meter a otros tantos que comparten esas coordenadas, caso de los capitales Sex Museum, los espídicos The Pleasure Fuckers, el Power Pop guitarrero de los Crocodiles, los acólitos al garage/beat 60's cómo Dr Explosion o admiradores confesos del "one, two, three...!" y demás herencia Ramones, caso de, verbigracia, Shock Threatment. En semejante paisaje musical, ¿Qué partido tomaban The Crepitos?
Lo suyo era, a grandes rasgos, el Rock and Roll con matices bubblegum y poperos (podríamos decir Power Pop, pero se dice y se comenta que la etiqueta no le hacía mucha gracia al grupo) aliñado con matices nada desdeñables del Nuevo Rock Americano que despuntó en los 80's, siendo su música algo así cómo el punto de encuentro entre los combos sixties con gusto por la melodía, los Ramones de discos cómo "Pleasant Dreams" y la labor de formaciones cómo The Replacements o los Long Ryders.
"Wicked Mind", un single registrado para el fanzine Rock Indiana, fue la carta de presentación de la banda, amén de un aviso redondo de por dónde iban a ir los tiros de su cancionero posterior.
El tema homónimo, que de paso sea dicho es mi preferido de ellos, da el pistoletazo de salida: Una poderosa batería, un omnipresente órgano, una melodía hiperpegadiza y un acertadísimo uso de los coros son las señas de identidad de este pildorazo de R'n'R hipermelódico y perfectamente construido. "Feather Brain" sería, en un mundo idílico, con un mínimo de cordura, un verdadero top of the charts, toda una exhibición de estilo y poderío en poco más de dos minutos. Es en "No Turning Back" dónde más a las claras se aprecia la querencia del grupo por las estructuras épicas del Nuevo Rock Americano, sin renunciar por ello a sus señas de identidad más melódicas e inmediatas.
Desgraciadamente (y al igual que podríamos decir del 99% del fondo de catálogo nacional de Rock Indiana) el recuerdo que ha quedado de The Crepitos es algo así como de undergrounds del underground, siendo mencionados, casi sin excepción, cómo el grupo de juventud de Juancho Bummer, bajista de los Hard Rockeros -y también recomendables, aunque un escalón por debajo de éstos- Bummer y actual escudero de Paul Collins, sin profundizar en el hecho de que poseían un cancionero formidable, un cúmulo de influencias superior y los ingredientes de una fórmula que les permitió facturar una verdadera colección de potenciales hits. En fin, fuere como fuere, nunca es tarde para enfrentarse al poderío de The Crepitos.
lunes, 3 de octubre de 2011
The Choir - "It's Cold Outside"
¿Acaso no es lícito, e incluso recomendable escribir acerca de un 7"? Pensarlo, en éste formato es forzosamente díficil -aunque de todo hay- encontrar relleno o mediocridad, ya que el grupo de turno pondrá en la Cara A el tema, el hit, el single para el que llevan preparándose, con cierta ventaja, toda una vida (Cómo alguien apuntó, para preparar el primer disco tienes de tiempo toda tu existencia previa a él; para el segundo, un par de años) y para la B, con toda intención, en caso de que no sean unos desalmados y tiren de hemeroteca, dejarán caer la pequeña joya, el artefacto de culto en potencia, el futuro pasto de connaiseurs. No, definitivamente, no es mala fórmula.
Además, cómo sucede al hablar acerca de aquellas bandas que más tarde serían antologadas en los llamados "Nuggets", y The Choir fueron una de ellas, el 7" es casi el único formato a barajar. Muchos, la inmensa mayoría, de estos grupos se conformaron con echar a rodar un par de rodajas de rítmico y vibrante Rock And Roll a 33 R.P.M y desvanecerse, dejando cómo casi única prueba de su existencia un puñado de fotos en sepia ajadas y un pequeño disco de vinilo que testimoniaba lo que pudo haber sido.
The Choir no fueron una excepción a ésta regla y se consumieron rápido, al menos su esencia original (Volverían al poco con cambios de formación y estilo) Aunque tampoco podemos decir que se evaporasen sin dejar rastro: tres cuartas partes de la banda serían el núcleo de The Raspberries, combo capital en el devenir de lo que sería el Power Pop, género en cuya prehistoria podemos encuadrar la singladura de nuestros protagonistas.
Y es que "It's Cold Outside", la canción, es Power Pop en el año 1966. Hay melodramatismo y épica teenager en esa historia, tan arquetípica y tan arolladora en su desarmante simpleza, en el relato de un tipo que siente llegar el frío ante la imprevista marcha de su chica. El hit perfecto para que se colase entre los grupos de la invasión británica y las historias de corazones rotos del Brill Building.
A "I'm Going Home" le toca seguir el sino de casi cualquier Cara B, salvo excepciones, a saber: La de curioso complemento. Tras la exhibición de poder previa cuesta un poco centrarse en éste corte de costuras ciertamente garageras y rhytm and blueseras, aunque prestándole la atención debida nos encontramos con una canción que nos retrotrae a los primerísimos Beatles, sobre todo por esa armónica, más skiffle que folk.
Es en la cultura del single, que germinó en los USA de la segunda mitad de los 60's hasta llegar a cotas cercanas a la saturación donde podemos encontrar las raíces de nombres como Ramones, Bruce Springsteen, Paul Collins o Redd Kross, cuyos backgrounds de juventud estaban bien nutridos de esas pequeñas rodajas cargadas de grandes himnos, que basculaban sin remilgos entre el bubblegum y las guitarras fuzz, entre las versiones de R'n'R de los 50's y la estética fusilada a los grupos ingleses más punteros de la época. Tiempos, en definitiva, de un romanticismo en la industria del disco que jamás volverá.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Love - "Love"
Pocas bandas existen, a juicio del que esto firma, más infravaloradas que Love. Pioneros en la máxima extensión que concede el término, el combo capitaneado por el díscolo multiinstrumentista Arthur Lee, adelantado a su tiempo en tantas cosas, se tuvo que conformar con engrosar la categoría de las bandas de culto, lauredas por el connaiseur mas brutalmente desconocidas por lo que sería su gran y potencial público.
Surgidos en el excitante panorama que tenía lugar en el L.A de los 60's, cuándo clubs como el Troubadour y el Whisky A-Go Go comenzaban a escribir su fascinante leyenda y donde bandas como The Byrds o The Doors iniciaron su senda hacia la inmortalidad. En estas, Love quemaba la escena de garitos de la ciudad, ganándose un pequeño pero aguerrido reducto de fieles, deseosos de acudir a las explosivas presentaciones de la banda, de ver a Lee con sus lentes caleidoscópicas desplegar el potencial de un cancionero temprano de innegable pujanza, que aunaba sin tapujos el Rythm And Blues primigeneo con matices Folk Rock a la usanza de los chicos de Gene Clark. Lo blanco y lo negro. Junto y revuelto.
Y es que si queremos resumir en un término lo que fue la temprana singladura de Lee en el negocio de la música, bien podríamos escoger el de maridaje. Cómo apuntó cierta periodista que reseñó uno de los shows primerizos de la banda, con Arthur Lee se cerraba el círculo: Era, decía, un negro que imitaba a un blanco, Jagger, que a su vez imitaba a los frontmans negros de antaño. Lo dicho, el círculo se había cerrado.
El primer LP de Love, si bien no goza de la vitola de mítico de un "Da Capo" o, no digamos ya de "Forever Changes", es una sobresaliente carta de presentación, en la que el grupo mixtura sin complejos sonoridades Garageras, Pop, Psicodélicas y Folk, mucho Folk. Además, no puedo concluir el párrafo sin dejar de mencionarlo, yo lo prefiero a sus otras dos obras citadas más arriba.
"My Little Red Book", el peliculero tema de Burt Bacharach abre fuego, pasando el original por un filtro de Garage Rock arrebatado y sin concesiones. "Can't Explain", delicioso corte tan deudo de la melodía poppie como de un cierto matiz lisérgico pone sobre la mesa un par de constantes del redondo, a saber: Los minutajes breves y las melodías sencillamente perfectas, con las repiqueteantes guitarras de Johnny Echols y Bryan MacLean sembrando deliciosos matices allá donde pasan. "A Message To The Pretty" , rebosante de desencanto y languidez, se antoja como otro de los highlights del disco; "My Flash On You" lleva un paso más allá, endureciéndolas, las enseñanzas de los Byrds, mientras que "Softly To Me", siguiendo con los paralelismos con la banda de McGuinn, anticipa en cierto modo parte de lo que estos ofrecerían en su "Fifth Dimension".
"No Matter What You Do" es, porque no decirlo, mi favorita del álbum: Qué dramatismo, qué caída melódica, que fuerza y que garra transmite aquí Lee, que más que cantar, aúlla, muerde. Y qué intro guitarrera, colosal, que los más enteradillos de ahora tildarían de jangle pop. "Emotions" es un corte instrumental con cierto regusto surf, que da paso a la poderosa "You'll Be Following", que a su vez precede a la 100% Byrds "Gazing", con alucinógeno solo a cargo de Echols.
"Hey Joe", corte hiperversionado en aquellos años, mantiene el nivel, marcándose una nervuda y espídica relectura del mismo. Energía que sin duda contrasta con la melancolía densa que empapa "Signed D.C", que no en vano sería versionada por Dead Moon unas cuántas décadas después. "Colored Balls Falling" aúna el poso psych de la banda con su querencia por la inmediatez y los temas breves, mientras que en "Mushrooms Clouds" desemopolvan las acústicas y se marcan un exquisito tema de corte folkie con querencia por los juegos de voces. "And More", que pese a lo que rezaba el título era la última canción del disco, ponía punto y final a éste a base de melodías preciosistas, coros prístinos y guitarras repiqueteantes. Lo de siempre, vaya, remachará algún profano, a lo que yo digo que sí, que puede, pero que en éste disco la fórmula no conoce el menor síntoma de desgaste.
Pese a ubicar su propuesta entre las, a priori diversas, coordenadas entre The Byrds, 13th Floor Elevators, Yardbirds o el Dylan recién electrificado, es decir, entre la melodía de base Folk, el toque psych, el músculo y el lírico fraseo de corte tan poético como desgarrado, Love fue el grupo genial, capaz de concatenar tres obras maestras, que nunca llegó a explotar, al menos tal y como debería. En fin, olvidemos, aunque sea por hoy, la injusticia inherente al tinglado de la música y hagamos sonar el disco con el que Love comenzaron a firmar su halo de mitos.
Surgidos en el excitante panorama que tenía lugar en el L.A de los 60's, cuándo clubs como el Troubadour y el Whisky A-Go Go comenzaban a escribir su fascinante leyenda y donde bandas como The Byrds o The Doors iniciaron su senda hacia la inmortalidad. En estas, Love quemaba la escena de garitos de la ciudad, ganándose un pequeño pero aguerrido reducto de fieles, deseosos de acudir a las explosivas presentaciones de la banda, de ver a Lee con sus lentes caleidoscópicas desplegar el potencial de un cancionero temprano de innegable pujanza, que aunaba sin tapujos el Rythm And Blues primigeneo con matices Folk Rock a la usanza de los chicos de Gene Clark. Lo blanco y lo negro. Junto y revuelto.
Y es que si queremos resumir en un término lo que fue la temprana singladura de Lee en el negocio de la música, bien podríamos escoger el de maridaje. Cómo apuntó cierta periodista que reseñó uno de los shows primerizos de la banda, con Arthur Lee se cerraba el círculo: Era, decía, un negro que imitaba a un blanco, Jagger, que a su vez imitaba a los frontmans negros de antaño. Lo dicho, el círculo se había cerrado.
El primer LP de Love, si bien no goza de la vitola de mítico de un "Da Capo" o, no digamos ya de "Forever Changes", es una sobresaliente carta de presentación, en la que el grupo mixtura sin complejos sonoridades Garageras, Pop, Psicodélicas y Folk, mucho Folk. Además, no puedo concluir el párrafo sin dejar de mencionarlo, yo lo prefiero a sus otras dos obras citadas más arriba.
"My Little Red Book", el peliculero tema de Burt Bacharach abre fuego, pasando el original por un filtro de Garage Rock arrebatado y sin concesiones. "Can't Explain", delicioso corte tan deudo de la melodía poppie como de un cierto matiz lisérgico pone sobre la mesa un par de constantes del redondo, a saber: Los minutajes breves y las melodías sencillamente perfectas, con las repiqueteantes guitarras de Johnny Echols y Bryan MacLean sembrando deliciosos matices allá donde pasan. "A Message To The Pretty" , rebosante de desencanto y languidez, se antoja como otro de los highlights del disco; "My Flash On You" lleva un paso más allá, endureciéndolas, las enseñanzas de los Byrds, mientras que "Softly To Me", siguiendo con los paralelismos con la banda de McGuinn, anticipa en cierto modo parte de lo que estos ofrecerían en su "Fifth Dimension".
"No Matter What You Do" es, porque no decirlo, mi favorita del álbum: Qué dramatismo, qué caída melódica, que fuerza y que garra transmite aquí Lee, que más que cantar, aúlla, muerde. Y qué intro guitarrera, colosal, que los más enteradillos de ahora tildarían de jangle pop. "Emotions" es un corte instrumental con cierto regusto surf, que da paso a la poderosa "You'll Be Following", que a su vez precede a la 100% Byrds "Gazing", con alucinógeno solo a cargo de Echols.
"Hey Joe", corte hiperversionado en aquellos años, mantiene el nivel, marcándose una nervuda y espídica relectura del mismo. Energía que sin duda contrasta con la melancolía densa que empapa "Signed D.C", que no en vano sería versionada por Dead Moon unas cuántas décadas después. "Colored Balls Falling" aúna el poso psych de la banda con su querencia por la inmediatez y los temas breves, mientras que en "Mushrooms Clouds" desemopolvan las acústicas y se marcan un exquisito tema de corte folkie con querencia por los juegos de voces. "And More", que pese a lo que rezaba el título era la última canción del disco, ponía punto y final a éste a base de melodías preciosistas, coros prístinos y guitarras repiqueteantes. Lo de siempre, vaya, remachará algún profano, a lo que yo digo que sí, que puede, pero que en éste disco la fórmula no conoce el menor síntoma de desgaste.
Pese a ubicar su propuesta entre las, a priori diversas, coordenadas entre The Byrds, 13th Floor Elevators, Yardbirds o el Dylan recién electrificado, es decir, entre la melodía de base Folk, el toque psych, el músculo y el lírico fraseo de corte tan poético como desgarrado, Love fue el grupo genial, capaz de concatenar tres obras maestras, que nunca llegó a explotar, al menos tal y como debería. En fin, olvidemos, aunque sea por hoy, la injusticia inherente al tinglado de la música y hagamos sonar el disco con el que Love comenzaron a firmar su halo de mitos.
martes, 26 de julio de 2011
The Jam - "In The City"
Digámoslo claro: "In The City", es un debut tan disfrutable e imprescindible como las respectivas cartas de presentación de Clash, Ramones o Sex Pistols. Y me permito añadir que igual de relevante e influyente. Y es que el power trio con el que el modfather se dió a conocer irrumpió en la escena blandiendo una irresistible mixtura de frescura, clase, agresividad y eclecticismo bien entendido.
La génesis de su sonido se remontaba al Londres de la década anterior, aquel que vivió el auge de los Small Faces y el genio ascendente de los hermanos Davies, pero, por favor, que nadie se lleve al engaño de creer que estamos ante unos consumados revivalistas: Nada más lejos. Paul Weller ponía su background y su Rickenbacker al servicio de la coyuntura sónica del momento, esto es, el Punk '77, la vuelta del R'n'R inmediato sin florituras ni vacíos ejercicios de ombliguismo. En su faltriquera, abundantes influencias de la british invasion nativa así como algunas pinceladas de R&B y Soul de allende los mares, unos sonidos que con el tiempo se harían cada vez más evidentes en la trayectoria de la banda y se explicitarían del todo en las andanzas en solitario de Weller.
El disco es un compendio de himnos, bien nutridos de épica callejera y rabia juvenil, cómo bien evidencia "Art School", el pildorazo que se encarga de abrir fuego y mostrar que las cartas con las que jugaba la banda eran baraja ganadora. "I've Changed My Adress" es todo chulería y "Slow Down" supone todo un guiño a su poso más R&B, y más concretamente a Larry Williams. "I Got By In Time" es sencillamente una de las mejores canciones de la historia, a medio camino entre la inmediatez Punk y el Soul, con una letra que desgrana cómo pocas la vuelta del hijo pródigo a los escenarios de la adolescencia, entre chicas a las que amó y antiguos amigos con los que algún día soñó cambiar el mundo y a los que ahora a duras penas saluda. El nivel no baja, ni mucho menos, en la colosal "Away From The Numbers", de prístina elegancia e innegable melancolía en su sonido. "Batman Theme" es eso precisamente, la sintonía de Batman, un detalle simpático, pero del todo intrascendente, más aún si tenemos en cuenta el nivel al que raya el material de éste álbum.
"In The City" da el pistoletazo de salida a la segunda mitad del disco, la más afecta (salvando todas las distancias que gusten) al Punk Rock puesto en práctica por sus compatriotas. "Sounds From The Street", con todo su deslavazamiento, es Power Pop de primera, "Non-Stop Dancing" hubiera colado sin problemas en un LP de Dr. Feelgood y "Time For Truth", con su cortante riff, es un pequeño clásico. La hooligan "Takin' My Love" y "Bricks And Mortar" son las encargadas de poner el punto y final a tan exquisita carta de presentación.
Resulta tan fácil como arduo dirimir las causas de porque el legado de The Jam no ha llegado hasta nuestros días, con la vigencia y el reconocimiento generalizado del de, pongamos, unos Sex Pistols. Es díficil de entender si nos atenemos a su insultante calidad como banda, evidenciada del todo en la consistencia de su obra de estudio; pero es algo más fácil de comprender ( que no de justificar ni de secundar) cuándo tenemos en cuenta su afán de no-rupturismo con lo anterior, llevando con orgullo el estandarte mod, y vindicando el legado de grupos como The Who o los Kinks en medio de la vorágine Punk. Pero ya se sabe, lo clásico nunca pasa de moda, y hoy tanto sus trajes de elegante corte como lo expuesto en éste "In The City" han pasado con soltura y buena nota el test del tiempo.
lunes, 2 de mayo de 2011
The Nerves - "The Nerves"
The Nerves son el prototipo de banda seminal: Su trayectoria fue de una brevedad inusitada, rayana en lo efímero; el culto que generaron, reducido y la música que facturaron, de capital importancia en el entramado del Power Pop. Bien por su influencia en bandas posteriores (Sirva el debut de los superventas The Knack cómo ejemplo) o, muy especialmente, por los spin offs en los que se bifurcó el grupo tras su disolución: Aquellos Plimsouls en los que se embarcaron los dos tercios de la banda o las andanzas del que fuera su batería Paul Collins, junto a The Beat o en solitario, y que son, dicho sea de paso, de lo mejor que le ha pasado al Rock and Roll en las últimas décadas.
Éste EP homónimo fue la única referencia que editaron mientras estuvieron en activo, pese a que contasen con una gran cantidad de material en la recámara, recientemente compilado y publicado en el recopilatorio "One Way Ticket".
En los poco más de diez minutos que duraba su debut los Nerves despachaban seis temas herederos del Pop 60's de temática teen que asolaba los charts una década antes, la inmediatez del Punk vía Ramones y el Power Pop. Su primer corte, "Hangin' On The Telephone" es el single perfecto que nunca fue, al menos en la voz de Jack Lee, ya que poco después Blondie llegarían a lo más alto con él. Ya se sabe, los caminos del Rock son inescrutables...
"When You Find Out" es otra pieza de orfebrería Pop (Por cierto, ¿No os parece que su riff preludia al "Passenger" de Iggy?) el sonido de las Rickenbackers empapa la atmósfera de "Give Me Some Time", en "Working Too Hard" suenan cómo una versión pre-new wave de los Beatles mientras que en "Paper Dolls" sacan a pasear su vena más Punk. Finalmente, "One Way Ticket" cierra el álbum con poderío y arrogancia rockanrolleras.
Cómo ya decíamos al principio, The Nerves ardieron rápidamente ante la indiferencia del gran público, quedando su recuerdo y obra cómo algo poco menos que colateral ("el grupo en el que Paul Collins tocaba la batería", "los de la canción de Blondie"...) No contribuyamos pues a difuminar aún más su legado cayendo en esa tendencia. Pongamos a rodar, una vez más, "Hangin' On The Telephone".
martes, 19 de abril de 2011
The Model Rockets - "HiLux"
Hay grupos que, por su calidad, nos escama que no sean reconocidos, aún por esa minoría silenciosa que son los connoisseurs del tinglado. En el caso de The Model Rockets no sólo es eso, sino que directamente es un misterio que con este disco no se convirtiesen en estrellas, superventas permanentemente instalados en los charts de su país. Y es que "HiLux" es una soberbia colección de hits, que bien podría pasar, a oídos del profano, por un grandes éxitos de la banda.
Quizás no despegaron por la coyuntura de la época, ya se sabe: Primera mitad de los 90's, cuando lo que se llevaba, lo que vendía a lo grande, era la negación de las rockstars oficiada por tipos como Kurt Cobain (Que era, eso sí, una genuina anti-rockstar, la otra cara de la misma moneda, para entendernos) En tiempos del life sucks, then you die quizás no había sitio para un disco de luminoso y revitalizante Power Pop como el que nos ocupa.
Otra causa que podemos apuntar es la actitud, el carácter del grupo. En aquellos tiempos de desparrame, tíos tocando en bolas, sobredosis en directo y existencias tormentosas, los Rockets se distinguían por su profesionalidad, su capacidad de mantenerse al margen de la farándula y el Rock And Roll Circus, más ocupados en firmar canciones memorables que en explotar su decadencia de cara a la galería. Funcionarios, en el buen sentido, de la música. Eficientes y disciplinados. Y ya se sabe que eso vende poco, a la prensa musical, o a una cierta facción de la misma le gusta mucho hablar de los músicos, de sus excentricidades y poco o nada de su obra. Recuerdo una vez que ofrecí mis servicios a cierta revista (me abstendré de dar nombres, aunque supongo que adivináreis cuál es) para escribir un dossier sobre los Flamin' Groovies y me dieron el visto bueno, con la condición, eso sí, de que trufara anécdotas a porrillo, enanos con bandejas de cocaína y así, que era lo que el jefe quería, en vez de que me extendiera sobre obras capitales como "Teenage Head" o "Shake Some Action". Ilustrativo ¿No?
Dejando a un lado las cábalas sobre porque los Model Rockets no llegaron a lo más alto con su debut y ya entrando en materia, podemos decir que "HiLux" es un pulido ejercicio de Power Pop, con exquisitos ramalazos de eso que algunos llaman americana, y yo destellos Folk, con una sutil dejadez Punk y, lo más importante, un sonido moderno, compatible con lo que se facturaba en aquellos años pero sin renunciar a sus raíces. A eso súmale unos riffs matadores y un uso magistral de las voces. Con semejantes mimbres, no es de extrañar que produjeran semejante colección de canciones, top of the charts en un mundo perfecto.
Desde la inicial "New Cinnamon Girl" al cierre, soberbio, con "Year Of The Sofa" no falta ni sobra nada. A título personal destacaría "Johnson's Plumbing Supply" , "Never Knew How", una de esas canciones que te iluminan el día; el deje americana, sonando como una suerte de Long Ryders Power Poperos en "Carolyn", la canción perfectamente construida que es "Shapeshifter". Aunque reitero, la elección podría elegir sobre cualquiera de las canciones restantes.
Como decía unas líneas más arriba, The Model Rockets no alcanzaron la gloria, entendiéndola como una aceptación a gran escala, con éste disco. A cambio obtuvieron, al menos, el estatus de grupo de culto, poseedor de un pequeño pero aguerrido reducto de seguidores dispuestos a seguir sus pasos.
martes, 22 de marzo de 2011
Flamin' Groovies - "Shake Some Action"
Curioso caso el de la banda de Cyril Jordan. A pesar de su sempiterna pretensión de ir un paso por detrás, en lo que a modas sónicas se refiere, los Flamin' Groovies, aún a una escala menor de la que merecían y en sus dos encarnaciones, acabaron sentando cátedra.
Lo hicieron en el hippioso San Francisco de finales de los 60's, ése en el que sufrían la ojeriza de una escena adornada con flores en el pelo y narcotizada por consignas utópicas, en la que irrumpieron capitaneados por el gallito rockabilly Roy Loney y con la vista fija en el santoral rocker de los 50's aderezándolo con Rythm & Blues y Country. A lo que presentaron en el seminal "Supersnazz" se le puede llamar Raunch'n'Roll, pero también Garage. O Proto-Punk.
Tras hacer que su propuesta se empapase de los sonidos procedentes de Detroit, Stooges a la cabeza y finalmente abrazar el clasicismo vía The Rolling Stones en el fantástico "Teenage Head" (Del que por cierto se dice que se los puso de corbata al mismísimo Jagger) la nave Groovie, tras la marcha de Loney, terminó por irse a la deriva. ¿Cómo? ¿Entonces que pasa con éste disco?
No es del todo desconocido el hecho de que tras el final de éste primer periplo, Jordan intentó una nueva singladura bajo el nombre de The Dogs, enfocada al sonido que acabaría cultivando en el Mark II de los Groovies, esto es, las tres grandes bes: Beatles, Byrds y British Invasion. Pero es de suponer que la escasa acogida de su nueva aventura le hizo resucitar a su antigua banda, remozada, eso sí, por una serie de cambios (un baile de nombres al que sólo acabaría sobreviviendo el semper fidelis Michael Alexander) el más significativo, claro está, el del vocalista.
La nueva voz de los Flamin' Groovies respondía al nombre de Chris Wilson, que venía de Loose Gravel, una banda de éxito local con la que incluso llegó a telonear a su futuro grupo. Su registro, diametralmente opuesto al de su predecesor, encajaba como un guante en el volantazo a nivel de referentes que acababa de dar Jordan. Tras una serie de singles, a destacar el seminal "Slow Death" (versionado, entre otros, por The Dictators) la nueva formación editó su primera demostración de poder en largo, "Shake Some Action".
Un disco en el que, fieles a su tendencia de situarse una década por detrás de lo que primaba en cada momento, y a dos minutos de que el Punk estallase del todo (en aquellas fechas compartían escudería -Sire Records- con los Ramones. Significativo) optan por reivindicar a los Fab Four, las repiqueteantes melodías de Roger Mcguinn y la labor de los grupos de la invasión británica, sin menospreciar por ello a la respuesta yankee.
En cierto modo, la cubierta del álbum suponía un aviso a las claras de por dónde iban a ir los tiros con respecto a su anterior entrega: Frente a la sensación raunchy y sudorosa que transmitía la portada de "Teenage Head" (Cinco tipos encerrados en un local de ensayo, guitarras, botas tejanas, miradas desafiantes) en "Shake Some Action" se opta por una sobriedad eminentemente british, evidenciada del todo en el icónico Jaguar aparcado que ocupa casi tanto espacio como la propia banda.
Un puñado de versiones servían de carta de presentación (cómo si el propio sonido del redondo no diese ya suficientes pistas) a sus influencias, ahí teníamos el "Misery" beateliano, un par de guiños a Chuck Berry y a Larry Williams, para no renunciar del todo al poso americano, así como unas lucidas relecturas a Lovin' Spoonful y Paul Revere And The Raiders, del que desgranaban un espectacular "Sometimes".
Pero lo verdaderamente grande de éste disco es su material original, canciones cristalinas, elegantes, rotundas. "Shake Some Action" es un tema definitivo, un riff perfecto para una canción que oscila entre la melancolía y la arrogancia (una constante en el universo lírico de Cyril Jordan), los juegos de voces de "You Tore Me Down", la briosa "Please, Please Girl" (101% Liverpool), el sonido evocador de I'll Cry Alone", el preciosismo a carta cabal en "I Can't Hide"... Todo un homenaje, o quién sabe si culminación, del sonido que unos diez años antes (Qué el frenético devenir de acontecimientos en el mundo de la música hacían parecer una eternidad) conquistó las ondas.
Comenzaba el artículo apuntando que los Flamin' Groovies, sin buscarlo demasiado, tenían -y tienen- la vitola de pioneros, y es que, si en los años con Loney dejaron apuntalado (con la ayuda de Detroit) el génesis del Rock And Roll crudo para generaciones venideras; en su época londinense, con Wilson al frente dejaron escrito del todo (con permiso de Big Star y Badfinger) el manual de instrucciones para el Power Pop, al menos tal y cómo sería concebido y puesto en práctica en un futuro cercano.
Para aquellos que nos movemos en el lado más inmediato del Rock, Flamin' Groovies son el prototipo de banda de culto, más apreciada, quizá, por aquellos que supieron vindicar su legado que por el gran público, y de una importancia absolutamente capital en nuestra historia.
martes, 8 de marzo de 2011
The Barracudas - "Drop Out With The Barracudas"
Queda poco para que la primavera, o algo remotamente parecido, se asome por estas tierras sureñas, donde vivimos más de la mitad del año agobiados por calores de distinto signo. Queda poco, ya digo, pese a que ahora mismo llueve ahí fuera y el viento no renuncia a hacer de las suyas.
Hace cosa de un año, quién sabe si tal día cómo hoy, estaba absolutamente obsesionado con éste disco, podía pincharlo dos, tres veces al día, sus canciones martilleaban mi cabeza y eran perfecto complemento para las tardes de cerveceo y fantasía propias de la mejor estación del año, qué duda cabe.
Pese a que suelen ser tenidos en cuenta como poco menos que un spin off de los Flamin' Groovies, por eso de que Chris Wilson se enroló en el Mark II de la banda, lo cierto es que la apuesta de The Barracudas iba por otros derroteros, inyectándole savia Punk y envoltorio New Wave al legado de los Beach Boys y redondeando el conjunto con unos deliciosos matices Jangle Pop vía, cómo no, The Byrds. Asimismo, es de justicia señalar que el alcance comercial de estos surfers anglocanadienses fue mayor que el de la banda de Cyril Jordan, llegando a escalar las listas de éxitos con su celebrado "Summer Fun".
"Drop Out..." es una carta de presentación definitiva: Entre sus surcos encontramos, por su sitio y sin empujarse hits impepinables, latigazos sixties, e himnos indiscutibles, como ese "I Can't Pretend" tan ramoniano como surfer que da el pistoletazo de salida al redondo. "We're Living Violent Times" abunda en la vertiente más melancólica de la banda, una faceta que, pasando los años, iría ganando presencia en sus LP's.Y de "Don't Let Go": ¿Soy el único al que el comienzo de esta canción le trae a la cabeza el "Under My Thumb" Stoniano?
Si he de seros sincero, nunca me volvió loco "Codeine", a la que sigue "This Ain't My Time" otra canción emparentada con la singladura 60's de los Rolling Stones, esa época en la que lucían guitarras Vox y flequillos. La melodramática "I Saw My Death In A Dream Last Night" contrasta con el Power Pop luminoso y a carta cabal expuesto en "Somewhere Outside", una de las cimas del largo, por cierto; al igual que su éxito-de-toda-la-vida, "Summer Fun", que viene precedida por una cuña de radio de regusto vintage y dónde de paso se daban el placer de cachondearse un poco de las dificultades que creaba la pronunciación de su nombre entre los locutores de la época. En el plano musical, un single a medio camino entre el Doo Wop y el Punk Rock. Matadora.
"His Last Summer" con su insidioso órgano y su letra a duras penas inteligible sobre mártires del surf mantiene el pabellón bien alto. La correcta "Somebody" da paso a mis dos favoritas del redondo, la hímnica "Surfers Are Back" y "Campus Tramp" donde abordan otra de las temáticas inherentes a esto del revival surfer: El mundillo del campus universitario,y sus héroes del fútbol con el corazón roto entre clase y clase. Siguiendo con su tendencia a sumergirse en subgéneros derivados del surf primigeneo abordan temáticas propias de la conocida como hot rod music en la reseñable "On The Strip". Finalmente, y para ir cerrando, nos encontramos con la resultona "California Lament" y toda una declaración de principios que daba buena cuenta del afán revivalista de la banda , "(I Wish It Could Be) 1965 Again", dónde, tras una intro propia de las Ronnetes o los Beach Boys acometen un pildorazo de Punk Pop en cuya letra se permiten guiños a los Byrds, The Kingsmen y The Seeds, entre otros.
Cierto es que The Barracudas sólo se valieron de esta fórmula para su primer largo y que con el tiempo, el poso Flamin' Groovies/Byrds fue cada vez más acusado, en detrimento de la luminosa y deshinbida querencia por la música surfer yankee y la british invasion con la que nuestros protagonistas se dieron a conocer. Con eso y con todo su nivel siguió siendo notable y, junto a los propios Groovies, The Plimsouls, The Real Kids, Nerves y pocos más, su nombre merece figurar entre el de esos guerreros del Rock And Roll que, en el ocaso de los 70's y los albores de la década siguiente, y a caballo entre el Power Pop, el Garage y el R'n'R primigeneo soportaron el envite de los vientos de cambio, reivindicando el glorioso legado de los 60's frente a hordas hijas del Punk a la inglesa y la New Wave. Gesta de grandes, sin duda alguna.
jueves, 11 de noviembre de 2010
Ramones - "Leave Home"
Hay discos que desde el primer momento sabes que son tus favoritos de tal o cual banda. En cambio, a otros llegamos tras un proceso de asimilación de la discografía del grupo en cuestión y transitar por sus diferentes etapas sónicas (que los de Queens, más allá de tópicos y frases hechas, tuvieron) para acabar decantándote por una pieza en concreto. En esta ocasión nos encontramos ante el segundo caso.
Y es que, de un tiempo a esta parte, cuando quiero volver a vérmelas con Joey, Johnny, Dee Dee y Tommy (aunque yo soy más de Marky) la elección, en la mayoría de los casos, recae en este su segundo largo. ¿El por qué? Sinceramente lo desconozco, si de algo pudieron presumir los Ramones es de tener una discografía (salvo un par de tropezones en el ocaso de los 80's) perfectamente nivelada. Supongo que lo que me atrae de "Leave Home" es ese sentimiento de urgencia del que ya hacían gala en su debut aderezado con un componente de delicioso Pop bien entendido. Si, punkies cerriles de este mundo, habéis leído bien: Pop.
No se nos escapa que los Ramones son una banda infravalorada. Infravalorada con respecto a su propia proyección: Mucha camiseta con su logotipo, mucho Hey Ho, Let's Go (Pobre "Blitzkrieg Bop", que has perdido tu título por el camino) y muy poco conocimiento real acerca de lo que supuso su obra, incluso entre alguno de sus posibles "acólitos". Porque esos punks de cresta y tachuelas deberían saber que el background de la banda, y muy especialmente el de Joey estaba preñado de grupos de la British Invasion, One hit wonders de los 60's (Sirva la versión que hacían de "Palisades Park" de ejemplo) y conjuntos vocales como The Ronettes o las Shangri-Las.
Así, tras el puñetazo en la mesa que supuso el homónimo "Ramones", editado el año anterior, ahora tocaba dar paso (para desesperación de Johnny, que añoraría el sonido del primer disco hasta los restos) a la vertiente más Bubblegum de la banda, claramente representada por Joey Ramone (Quién, bajo mi modesta opinión, es el autor de las cimas del álbum).
El disco abre con un corte que resume a la perfección su espíritu, "Glad To See You Go": aquí sigue habiendo velocidad y power chords a mansalva, pero también un nuevo enfoque, si se me permite, más melódico, acompañado de un empleo de los coros que, aún remotamente,evoca a los grupos surfers de la década anterior . Siguen en esa línea "I Remember You", "Oh, Oh I Love Her So" (Dios, qué grande es este tema!),"Suzy is a Headbanger", "Swallow My Pride", "What's Your Game" o el "California Sun" de The Rivieras. También hay temas que bien podrían haber formado parte de "Ramones", caso de "Commando", "You're Gonna Kill That Girl", "Gimmie Gimmie Shock Treatment" o "Sheena is a Punk Rocker", estas dos últimas quizás sean las canciones más recordadas del álbum ya que con el tiempo fueron prácticamente la única concesión que la banda le hacía en sus set lists.
No cabe duda de que, de haberse editado hoy, "Leave Home" sería catalogado como un álbum de Power Pop. Crujiente, deslavazado y sin el componente extra de azúcar que tenían "End of the Century" o "Pleasant Dreams" (dos de sus mejores obras para el abajo firmante, por cierto) pero Power Pop al fin y al cabo.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Big Star - "#1 Record"
Pero fue lo que medió entre esas dos etapas, separadas por una década de distancia, lo que nos interesa recordar, y más concretamente, esta primera página en la historia de una banda, inexplicablemente, nacida para perder. Big Star.
No creo exagerar cuando digo que estamos ante uno de los grupos más infravalorados de toda esta historia: Ni el grado de excelencia de su obra, ni la cantidad de hits potenciales que poseían, ni lo novedoso de su propuesta les permitieron asomar la cabeza más allá de un ámbito casi local. Quizás fue ese último factor el que jugó en su contra, ya se sabe: Too Much, Too Soon.
Sinceramente, me resulta casi imposible elegir entre este "#1 Record" y su sucesor "Radio City", y es que el nivel expuesto es rematadamente alto: Muchas bandas de largo recorrido no pueden permitirse ni soñar con un repertorio como el que crearon los de Memphis en esos dos años. ¿Exagerado? En absoluto.
En el plano sonoro, (proto) Power Pop de muchísimos quilates, no exento en ocasiones de mordiente rockero, lo que los emparentaba, aún lejanamente, con las grandes bandas Hard de la época. Temas como la inicial "Feel", "In The Street" o "When My Baby's Beside Me" bien podrían encuadrarse en esa categoría. Pero es cuando sacan a relucir su cara más intimista, empapada de mística, cuando ya tocan el cielo: "The Ballad Of El Goodo" es la canción perfecta y "Thirteen" transmite toda la inocencia del amor adolescente. "My Life Is Right" es toda una exhibición de clase y poderío, dos adjetivos que no le eran nada ajenos a la banda y "Watch the Sunrise" sigue siendo la canción perfecta para ver amanecer. Mención aparte merece "Give Me Another Chance". Si al escuchar a Chilton arropado por su guitarra acústica y unos coros fantasmagóricos pidiendo otra oportunidad no se remueve nada en tu interior, háztelo mirar. Por favor.
No es del todo infrecuente leer artículos que definen a la banda como "Los Beatles de los 70's" o que su sonido era lo que Lennon y McCartney hubiesen puesto en práctica de no haber separado sus caminos. Desconfía de esos meros ejercicios de reduccionismo acompañados de hipótesis sin fundamento alguno. Big Star eran más, son mucho más.
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