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jueves, 7 de julio de 2011

Radio Birdman - "Radios Appear"


Cómo es bien sabido, el término aussie se emplea para referirnos a todo aquello que tenga denominación de origen en las antípodas, mas, en el terreno del Rock and Roll, sirve para designar una corriente sónica muy concreta. ¿A los deudos de la formación más mítica del lugar, AC/DC, tal vez? Pues no. ¿A aquellos que beben de las enseñanzas de combos de culto cómo, verbigracia, Rose Tattoo? Tampoco. Los padres del R'n'R a la usanza aussie no son otros que Radio Birdman, cuyo propio santoral de influencias constituye parte sustancial de los ingredientes de los que se nutrió la escena underground australiana en los años venideros.

 ¿De dónde venían, a título sonoro, los hombres pájaro? La estela del proto-punk se perfilaba alargada en sus canciones, con especial parada en el Detroit Rock City de finales de los 60's, y más concretamente, en combos como The Stooges o MC5. Aunque también se adivinan sólidas influencias de aquellas bandas que operaron en la década anterior, a medio camino entre la inmediatez y lo lisérgico, ya saben, nombres como Velvet Underground, The Seeds o los 13th Floor Elevators, de quienes por cierto se marcan su "You're Gonna Miss Me". Súmenle a eso un componente indiscutiblemente Surf en algunas de las guitarras del redondo y ya tendrán una idea de por donde van los tiros.

 Radio Birdman aunaban en su primer largo un puñado de himnos tan llenos de inmediatez cómo de dramatismo. Cortes matadores como "What Gives?", "Non-Stop Girls" o "Do The Pop", en los que el histrionismo de Rob Younger y la maestría de Deniz Tek a las seis cuerdas son los grandes centros de atención del tinglado. Concesiones a lo atmosférico sin perder mordiente, caso de "Man With Golden Helmet", más Raw Power sin cortar ni adulterar en "Descent Into The Maelstrom", "New Race" o, todo el mundo de rodillas, "Aloha Steve And Danno" una de las más atómicas del disco y, porqué no decirlo, de toda la historia del Rock, puro Proto-Punk á la Asheton, con unos coros surfers dignos de los Beach Boys. Tras semejante exhibición de poder es arduo mantener el nivel, pero el listón no baja en "Anglo Girl Desire" ni en la hímnica y gloriosa "Murder City Nights" con la que echan el cierre.

 En "Radios Appear" se daban la mano  inmediatez, crudeza, técnica, oscuridad, elegancia, minimalismo y atemporalidad. Una fórmula que a buen seguro pasó desapercibida en aquel '77 de la eclosión punk londinense, pero que, corriendo los años, resultó fundamental para concebir el sonido de formaciones tales como Celibate Rifles, The Nomads, Asteroid B-612, The Beasts Of Bourbon o los Hellacopters, por citar a unas cuantas. Ahí es nada.

martes, 10 de mayo de 2011

The Hellacopters - "Payin' The Dues"


 Es un hecho: Cuándo una banda bate marcas, llega lejos y rompe estúpidas barreras estilísticas siempre habrá una facción de sus acólitos que renegará de ella, se escudará en el "cualquier tiempo pasado fue mejor" y despotricará de cada lanzamiento suyo antes de haber escuchado una sola nota del mismo. The Hellacopters no supusieron una excepción a tan lamentable regla. Cuesta creer, echando la vista atrás, el poco crédito que cierta parte del público le concedía en el ecuador de su trayectoria, máxime si tenemos en cuenta la elevada media de su obra, entre lo notable y lo sobresaliente.

 Para mí, los suecos son la penúltima venida del Rock n' Roll guitarrero en su estado más puro. Sin aditivos. Alunizaron en el panorama allá por la primera mitad de los 90's, destilando las esencias de Stooges y Motörhead a mayor gloria de aquellas verdaderas murallas sónicas con las que debutaron en largo. Abrieron la puerta a sus adorados KISS en el potentísimo "Grande Rock" (lo que dicho sea de paso, comenzó a mosquear al sector más punkarra de su público) y, a partir de "High Visibility" abrazaron la atemporalidad, moviéndose con soltura entre las distintas tesituras del género, del High Energy a los ramalazos Stones 70's, pasando por atisbos de Southern Rock y Power Pop. Creo hablar en nombre de muchos, al menos de mi generación, cuando digo que a esta banda le debemos el hallazgo de formaciones indispensables tales como MC5, Sonic's Rendezvous Band o The Rubinoos, entre otras.

 Me decanto por "Payin' The Dues" por una sencilla razón: A este disco no le sobra ni una sola canción. Además, transmite esa sensación de haberse grabado prácticamente a la primera toma, sonando crudo y deslavazado, pero sin llegar a las cotas de su predecesor, "Supershitty To The Max". Puliendo, por decirlo de algún modo, la fórmula con la que habían dado a conocer.

 Partiendo de una base tan heredera del Detroit Proto-Punk como del Hard Rock más grasiento y punkarrerizado de los 70's, los Hellacas presentaban, en poco menos de media hora, una verdadera colección de himnos. De la chulería rabiosa en la inicial "You Are Nothin", a la definitoria -de aquello que se dió en llamar escena escandinava- "Riot On The Rocks". Del sutil corazón pop, cuyo latido queda enterrado bajo una capa de riffs distorsionados de "Hey!" a esas dos salvas de artillería que son "Soulseller" y "Where The Action Is". De la sucintamente fifties "Twist Action" a la densidad pétrea de "Colapso Nervioso" para llegar a la grand finale con la que quizá sea mi preferida del redondo, "Psyched Out And Furious", con un Nicke Royale poseído  ("Be my backseat driver I'm takin' over seven deadly sins") y la presencia estelar del ínclito Ross The Boss, ahí es nada.

 Entre medias, un verdadero tratado de Rock n' Roll chulesco, adrenalítico y atemporal oficiado por los duelos guitarreros entre los sumos sacerdotes Andersson y Dregen (Qué salió perdiendo al pasarse a los Backyard Babies, yo creo) y fielmente secundado por los cumplidores Kenny Hakanson y Robert Eriksson, compacta base rítmica. Amén del por aquel entonces flamante Bobba Fett, que aportaba teclas y regusto classy a la apuesta del grupo, resultando un factor determinante en el posterior avance de los Hellacopters hacia terrenos más setenteros y Hard Rock.

 Me sucede algo curioso con éste disco. Cuándo me lo escucho entero y me quedo con ganas de más no encuentro, por más que me afane en buscar, una apuesta sónica de similares mimbres: Ese equilibrio entre contundencia, distorsión, nitidez, rabia y clase sin resultar monótonos ni lineales. Lo mejor de todo esto es que "Payin' The Dues" no fue la cima, sino que, tal y como decía la canción "the best is yet to come". Y si no necesariamente lo mejor, sí episodios de incuestionable grandeza.

domingo, 9 de enero de 2011

MC5 - "Back In The Usa"


Detroit, a día de hoy, no es una ciudad precisamente atractiva: Deprimente enclave industrial semiabandonado, con una imaginativa política de reubicación urbanística en la que un teatro puede convertirse, de la noche a la mañana, en el parking de unos grandes almacenes y donde, de un tiempo a esta parte, el ayuntamiento prefiere derribar los grandes bloques de pisos deshabitados a fin de que no sean pasto de llamas la noche de Halloween, evitando así la conocida como "Devil's Night", en la que algunos de sus ciudadanos se entregan a un frenesí pirómano de inciertas consecuencias. ¿Pero sabéis que? Sigue existiendo un sonido Detroit, etiqueta que sirve para designar la mixtura de músculo, crudeza, distorsión y cierto sentimiento negroide, que ha terminado siendo definitoria del underground de la ciudad del motor.

 Parece haber unanimidad a la hora de señalar a The Stooges y MC5 como padres espirituales de la escena de Detroit, si bien cabe recalcar que, evidentemente, ambas formaciones no surgieron por generación espontánea: Ya había grupos como The Rationals o Mitch Ryder & The Detroit Wheels cuyos orígenes se remontaban a los primeros 60's y que ya venían dando guerra a base de combinar guitarras poderosas con elementos Soul, una fórmula de la que MC5 se nutrirían, corrigiéndola, aumentándola y llevándosela a su propio terreno reivindicativo.

 Se qué existe cierta controversia en torno al segundo largo de MC5, sobre todo en lo tocante a la producción del debutante Jon Landau, e incluso hay quien no duda de catalogarlo como su peor álbum. Cierto es que tras su avasalladora carta de presentación, "Kick Out The Jams", casi con total seguridad el directo más rompedor de la época, "Back In The Usa" suena escuálido: ¿Dónde esta la muralla de sonido? ¿Y los aullidos? ¿Qué ha sido de la distorsión intimidante de Wayne Kramer y Fred "Sonic" Smith? Son cuestiones que nos asaltan cuando encaramos por vez primera el redondo, con los altavoces aún echando humo por culpa de su incendiario debut. Entonces, ¿Por qué escribir acerca de"Back In The Usa"? Pues porque, pese al lastre de la falta de pegada, fue la mejor colección de canciones que firmaron los Motor City Five.

 MC5 habían aterrizado en la escena de la mano del gurú-vividor-idealista John Sinclair, quien, desde su labor de manager encaminó el potente Hard Rock empapado en distorsión y Soul del que hacía gala la banda hacia el panfleto, las consignas y los actos del insólito partido que lideraba, los White Panthers, formación que constituía un fiel reflejo de los tiempos de debacle que se vivían en el ocaso de los 60's. Los hippies de antaño, con Altamont a la vuelta de la esquina, o bien optaron por hundirse en su propia utopía barbitúrica o, y este es el caso de Sinclair, pasaron a la acción directa, olvidándose del manido Peace and Love y luchando, con todos los medios a su alcance, por instaurar los cuatro puntos de su programa: "rock 'n roll, dope, sex in the streets and the abolishing of capitalism". Fue en ese estado de cosas cuándo tuvo lugar la ya mítica grabación de "Kick Out The Jams".

 Ni qué decir tiene que para su segundo largo la temática vindicativa seguía estando presente (Qué ejemplo más ilustrativo que el de "The American Ruse") Pero dejaban la puerta entreabierta a la cultura pop americana, ampliando de paso su abanico temático. Digamos que, para la ocasión, y eso es lo que hace grande a éste disco, MC5 optaron por grabar un álbum convencional en la forma (que no en las canciones) lo que precisamente, viniendo de ellos, era lo menos convencional que podían hacer. Asimismo echaron la vista atrás en cuanto a referentes se refiere, lo que se pone de manifiesto al escuchar las relecturas de Little Richard y Chuck Berry con las que acotaban el disco. Entre medias, riffs punzantes, minutajes breves y una de las piedras fundacionales de lo que devendría en Punk Rock. Rob Tyner sabe mostrarse lúbrico y chulesco en cortes como "Teenage Lust", "Tonight","Call Me Animal", "Looking At You" o "High School", pero también contenido y expectante en la soulera "Let Me Try" o directamente oscuro y enigmático, caso de "The Human Being Lawnmover" un tema que para nada habría desentonado en "Kick Out the Jams". Cómo nota curiosa del disco tenemos "Shakin' Street", con Smith a las labores vocales, y un espíritu más neoyorquino, si se me permite la expresión.

 La influencia que tuvo este disco y la obra de sus creadores en generaciones posteriores resulta innegable. No sólo dejaron abonado el terreno dónde tuvo lugar la segunda venida Punk de la gran manzana, en la que surgieron bandas fieles a sus postulados como The Dictators, sino que su legado puede rastrearse en la eclosión aussie capitaneada por Radio Birdman a finales de los 70's y en el trabajo de bandas pertenecientes a la escena escandinava como The Nomads o Hellacopters. Asimismo, la temática política que impregnaba sus canciones abrió una senda que, dicho sea de paso y con la salvedad de The Clash, no siempre encontró la mejor de las representaciones en el futuro. Con eso y con todo, han pasado cuarenta años de todo ésto y el trueno sigue sonando... Thunder in the night forever!