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lunes, 13 de junio de 2011
The Killer Barbies - "...Only For Freaks!"
A veces uno se pregunta quién diablos es el encargado de redactar la historia del Rock and Roll de este país. Sea por acto de omisión o inclusión, si leyesemos la versión oficial de los hechos, hasta antes de La Movida en éste país no había sitio para lo alternativo, relegando a formaciones como Los Brincos, Los Salvajes o Los Bravos a un papel rayano en lo inexistente. Unos colosos como Burning suelen ser mencionados de rondón, la mayoría de las veces para hacer hincapié en su leyenda maldita, jalonada de drogadicción y muertes. Llegados a la década de los 90's, la inclusión en tan sesgada historia se polarizó en dos bandos: por un lado, el incipiente indie nacional, de una mediocridad tan evidente cómo su inclusión en según que medios. En la esquina opuesta del ring, cierto grupo, de cuyo nombre no quiero acordarme, y que para algunos supone la cima del Rock patrio, henchido de histrionismo, influencias siniestras y misticismo de carnaval.
Incluso a un nivel underground se producía este fenómeno. Mientras nombres destacados de la escudería Subterfuge como Dr Explosión o The Killer Barbies comenzaban a despuntar y a codearse con la escena internacional, aquí el mérito se lo llevaba cierto trasunto de la escena de Seattle, que hace poco dejó de ponerle velas a Kurt Cobain para pasar a agasajar a Madonna. ¡País!
The Killer Barbies, que grupo tan jodidamente especial. Sus discos son verdadera piezas de música de evasión, cuya escucha supone transitar senderos repletos de iconografía pop. Al igual que Lux Interior y Poison Ivy, Billy King y la explosiva Silvia Superstar unieron fuerzas en la barbie asesina para dar rienda suelta a sus filias, no sólo las musicales, haciéndolo extensible a otros ámbitos, como el mundo del cómic o el cine de Serie B. Su debut, Dressed To Kiss", de espíritu campy y kitsch desde la misma portada y generoso en versiones, de Elvis a los Sex Pistols pasando por las Ronettes y las Lolitas, y con himnos como la generacional y deliciosa "Love Killer" o ese guiño a los seguidores del Vengador Tóxico, "I Wanna Live In Tromaville", fue un pequeño éxito, que permitió a la banda efectuar una gloriosa minigira por los Estados Unidos, con paradas tan insignes como el festival de cine de Roger Corman, el legendario Max's Kansas City (Por mediación de Joey Ramone) e incluso a compartir escenario con los Dictators. No está nada mal para un grupo que acababa de empezar, ¿Verdad?
Para el siempre díficil segundo álbum no se hicieron esperar demasiado, y en el plazo de un año con respecto a su predecesor veía la luz "...Only For Freaks!". Un disco, en parte y desde la carátula, continuista de la senda iniciada en "Dressed To Kiss" y deudor de las mismas influencias de aquel, a saber: Punk Rock ramoniano y Pop 60's a lo Ronettes/Shangri Las, abriendo la manga lo suficiente para que entrasen sonidos más contemporáneos, pero sin pasarse. No parecen las influencias más originales del mundo, lo sé, pero sabían trabajarlas hasta crearse un sonido poseedor de un aura única y perfectamente reconocible.
En "...Only For Freaks!" encontramos momentos dignos de su debut, caso de "Freak Show", "Chinatown", "Pinball", "No Waves" o el homenaje a la reina del porno de los 70's, "Traci Lords", aunque también hay una remesa de temas que, manteniendo sus señas de identidad, se nutren de sonoridades bubblegum mostrando la cara más abiertamente pop y deliciosa de la banda, hablo de cortes como "Chainsaw Times", "Be Your Girl" o la versión que se marcan del "Train From Kansas City" de las Shangri Las.
Lo que devino debería ser conocido por todos. Sabedores de su poco tirón por estos pagos, la banda decidió centrar sus giras en Alemania y Japón, dónde son tenidos por poco menos que un grupo de culto, siendo sus conciertos dentro de nuestras fronteras una verdadera rareza. Su labor discográfica ha quedado prácticamente aparcada (Siendo su última obra hasta la fecha el algo lejano "Sin Is In") y hace un par de años se produjo el debut en solitario de Silvia Superstar, de clara orientación electrónica y que, más que por sus logros, parece ser conocida por según que facción de la escena como una secundona, esperemos que ilustre, del universo Alaska, de la que aparece como invitada en sus shows.
Un final, en definitiva, algo agridulce, para la historia de una banda cuya repercusión y memoria en este lugar, tran proclive a entronizar medianías, permanecen algo tibias. ¡País!
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