Mostrando entradas con la etiqueta Hellacopters. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hellacopters. Mostrar todas las entradas
domingo, 15 de marzo de 2015
The Hellacopters - "Rock & Roll Is Dead"
No, definitivamente los seguidores que, exaltados, le hicieron la cruz a los suecos en los lejanos tiempos del "Grande Rock" (en el que cometieron la herejía de proclamar que los MC5 del "Back In The USA" y las cinco primeras rodajas de KISS son referentes tan válidos como los MC5 del "Kick Out The Jams" y los Motorhead de "Fast" Eddie Clarke: "¡Qué osados!" dijeron, como mínimo, el sector más punkarra de su afición) no iban a prestarle la menor atención a este redondo, y de hacerlo, fue con una fría mezcla de condescendencia y desdén. Digámoslo claro: Aunque The Hellacopters se disolvieron en 2008, no faltaron quienes pretendían enterrarlos desde casi una década antes.
Tan confiados a su buen hacer y al aguerrido culto con el que contaban en el viejo continente estaban, que se permitían la chulería de ahorrarse presentaciones en la cubierta, como si se tratasen de una suerte de Led Zeppelin en versión high energy y escandinava, sin más mística en éste caso que la que emana de la electricidad, las melodías con madera de hit single y el conocimiento cuasi-enciclopédico de la historia de ese rock and roll al que, en explícito guiño a The Rubinoos, declaraban muerto.
El grueso de las críticas negativas a este disco se centraron en hacer hincapié en lo abiertamente formulario del contenido del mismo: Es cierto, en "By The Grace Of God" Nicke Royale dió con una fórmula, y la pulió hasta tal punto que, por momentos, el disco parecía más bien el recopilatorio de un ignoto combo setentero de vasta trayectoria que un nuevo lanzamiento editado en los primeros compases del siglo XXI. "Rock & Roll Is Dead" era continuista con la pauta trazada en áquel, en efecto, pero parecía ir algo más atrás en el tiempo: Esto sonaba a lo que habría sido la primera referencia del "ignoto combo setentero de vasta trayectoria".
La influencia de KISS, tan explícita en otros tiempos, parecía diluirse para dar paso al rock and roll escuela Chuck Berry de "Before The Fall" y ramalazos de power pop americano de los primeros 70's del calibre de "Monkeyboy", "I'm In The Band" o "I Might Come See You Tonight", perfecta tripleta de singles, plenas de riffs prístinos y cortantes, estribillos de los que atrapan y, en el caso de "I'm In The Band", una de las cimas líricas del álbum:"I may not look like Jagger/May not have money in the bank/I got a pair of cheap sunglasses/And my castle may be made of sand".
También se atrevían con negociados inéditos en su sonido hasta la fecha: Ahí tenemos la espléndida "Leave It Alone", tan en deuda con los primeros Lynyrd Skynyrd como con los Rolling Stones más americanizados de los primeros 70's. Detecto, incluso, algún intento de colarse en los charts de la época (tiempo de revivals en las listas, con presencias de los Strokes o Jet) en el neo-garajero "Bring It On Home", que pasa por ser lo más flojo del redondo, y en algunos cortes que no hubiesen desentonado en ese contexto, caso de "Everything's On TV" y "Put Out The Fire".
Predomina en el disco, sin embargo, el músculo de ascendente setentero, parece que se quisiera capturar el momento en el que las bandas de power pop mutaron en combos de hard rock. Ahí está el trío mencionado más arriba, pero también el boogie contenido de "No Angel To Lay Me Away", la sutil melancolía que envuelve "Murder On My Mind" y "Make It Tonight" y las dos salvas en las que el universo de The Raspberries y el de KISS más cerca están de colisionar: "Nothing Terribly New" y la épica clausura con "Time Got No Time To Wait For Me".
Queda, tras la escucha del álbum, una sensación agridulce: Uno recuerda la salida de éste disco, las reseñas que cosechó, la gira con la que lo presentaron como algo -relativamente, si acaso- cercano en el tiempo, que, sin embargo, resulta terriblemente lejano de alcanzar para la inmensa mayoría de bandas que, como ellos en aquel momento, llevaban poco más de una década en el negocio (no digamos ya los grupos nuevos). Y lo que en su momento fue saludado como un trabajo menor se revela como un pequeño clásico, poseedor de una clase, un savoir faire y unos referentes que lo hacen merecedor de un rescate de cuando en cuando. Y eso, en estos tiempos de sobresaturación de información, no es poco.
martes, 10 de mayo de 2011
The Hellacopters - "Payin' The Dues"
Es un hecho: Cuándo una banda bate marcas, llega lejos y rompe estúpidas barreras estilísticas siempre habrá una facción de sus acólitos que renegará de ella, se escudará en el "cualquier tiempo pasado fue mejor" y despotricará de cada lanzamiento suyo antes de haber escuchado una sola nota del mismo. The Hellacopters no supusieron una excepción a tan lamentable regla. Cuesta creer, echando la vista atrás, el poco crédito que cierta parte del público le concedía en el ecuador de su trayectoria, máxime si tenemos en cuenta la elevada media de su obra, entre lo notable y lo sobresaliente.
Para mí, los suecos son la penúltima venida del Rock n' Roll guitarrero en su estado más puro. Sin aditivos. Alunizaron en el panorama allá por la primera mitad de los 90's, destilando las esencias de Stooges y Motörhead a mayor gloria de aquellas verdaderas murallas sónicas con las que debutaron en largo. Abrieron la puerta a sus adorados KISS en el potentísimo "Grande Rock" (lo que dicho sea de paso, comenzó a mosquear al sector más punkarra de su público) y, a partir de "High Visibility" abrazaron la atemporalidad, moviéndose con soltura entre las distintas tesituras del género, del High Energy a los ramalazos Stones 70's, pasando por atisbos de Southern Rock y Power Pop. Creo hablar en nombre de muchos, al menos de mi generación, cuando digo que a esta banda le debemos el hallazgo de formaciones indispensables tales como MC5, Sonic's Rendezvous Band o The Rubinoos, entre otras.
Me decanto por "Payin' The Dues" por una sencilla razón: A este disco no le sobra ni una sola canción. Además, transmite esa sensación de haberse grabado prácticamente a la primera toma, sonando crudo y deslavazado, pero sin llegar a las cotas de su predecesor, "Supershitty To The Max". Puliendo, por decirlo de algún modo, la fórmula con la que habían dado a conocer.
Partiendo de una base tan heredera del Detroit Proto-Punk como del Hard Rock más grasiento y punkarrerizado de los 70's, los Hellacas presentaban, en poco menos de media hora, una verdadera colección de himnos. De la chulería rabiosa en la inicial "You Are Nothin", a la definitoria -de aquello que se dió en llamar escena escandinava- "Riot On The Rocks". Del sutil corazón pop, cuyo latido queda enterrado bajo una capa de riffs distorsionados de "Hey!" a esas dos salvas de artillería que son "Soulseller" y "Where The Action Is". De la sucintamente fifties "Twist Action" a la densidad pétrea de "Colapso Nervioso" para llegar a la grand finale con la que quizá sea mi preferida del redondo, "Psyched Out And Furious", con un Nicke Royale poseído ("Be my backseat driver I'm takin' over seven deadly sins") y la presencia estelar del ínclito Ross The Boss, ahí es nada.
Entre medias, un verdadero tratado de Rock n' Roll chulesco, adrenalítico y atemporal oficiado por los duelos guitarreros entre los sumos sacerdotes Andersson y Dregen (Qué salió perdiendo al pasarse a los Backyard Babies, yo creo) y fielmente secundado por los cumplidores Kenny Hakanson y Robert Eriksson, compacta base rítmica. Amén del por aquel entonces flamante Bobba Fett, que aportaba teclas y regusto classy a la apuesta del grupo, resultando un factor determinante en el posterior avance de los Hellacopters hacia terrenos más setenteros y Hard Rock.
Me sucede algo curioso con éste disco. Cuándo me lo escucho entero y me quedo con ganas de más no encuentro, por más que me afane en buscar, una apuesta sónica de similares mimbres: Ese equilibrio entre contundencia, distorsión, nitidez, rabia y clase sin resultar monótonos ni lineales. Lo mejor de todo esto es que "Payin' The Dues" no fue la cima, sino que, tal y como decía la canción "the best is yet to come". Y si no necesariamente lo mejor, sí episodios de incuestionable grandeza.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

