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domingo, 28 de julio de 2013

Tommy James & The Shondells - "Crimson & Clover"


  Prototipo del artesano pop que supo cabalgar la ola bubblegum sin renunciar a un cierto afán de experimentación, Tommy James ya había logrado encadenar algunos singles de relumbrón que casi preludiaban lo que sería el power pop. Desde la esquirla cuasi frat-rock de "Hanky Panky" a la más que beatelesca "Gettin' Together" pasando por "I Think We're Alone Now", cándido número que sería revisitado casi una década después por otros orfebres de la melodía, The Rubinoos; Su concepción eminentemente preciosista del rock encontraría justa resonancia, que no reconocimiento, en los compases del siguiente decenio.

 Pero nada puede compararse a "Crimson And Clover". Porque "Crimson And Clover" lo culmina todo. Porque es una canción pop perfecta. Porque, pese a que coronó charts a su paso, no es un hit single al uso. Porque ese extraño riff de tres acordes (en Mi abierto) envuelve una canción enigmática, onírica, mágica. Tortuosa, a su manera, que termina de despegar hacia la dimensión desconocida cuando una voz absolutamente distorsionada -la de James- comienza a repetir, cual si se tratase de una letanía, eso de "crimson and clover, over and over" hasta que el mantra entronca con un delicado solo de guitarra que termina por finalizar el tema. Pese a que el tema tratado era de primero de pop (chico-no-conoce-chica-pero-la-ama-igualmente), el tratamiento del mismo, tan sinuoso, tan perturbador, no lo era en absoluto.

 La cara B traía un tema de presupuestos más convencionales, "Some Kinda Love", qué pese a no rayar a la altura de su compañero del anverso, era un genuino pildorazo de proto-power pop, una explosión controlada de algo más de dos minutos a base de coros desbordantes y poderosas melodías qué cristalizaban en todo un chute de endorfinas.

 No se nos escapa la sutil influencia que éste single ha dibujado a lo largo de las décadas. Podríamos hablar de las ya mentadas huestes del power pop; de la cantidad de relecturas de las que ha sido objeto; los samplers a los que ha aportado base; el sinnúmero de melodías que se basan en ese patrón de acordes*. Podríamos, en fin, ponernos a hablar de la grandeza de "Crimson And Clover" y no acabar nunca. Over and over.


* Si hay alguien que no puede negar que una copia de "Crimson And Clover" cayó en sus manos en el otoño del '68, ese es Lou Reed. Además del manifiesto parecido del riff de "Sweet Jane"  con el del tema homónimo, se ve que el título de la cara B le gustó lo suficiente para nombrar de idéntica manera un tema, de muy distintos mimbres eso sí, de su tercer elepé con la Velvet.

jueves, 7 de marzo de 2013

The Rolling Stones - "Between The Buttons"

[Ya se escribió una entrada acerca de éste mismo disco en el blog, concretamente el 29 de Abril de 2011, siendo hasta el comienzo de éste Especial Rolling Stones, la única referencia de la banda reseñada en el mismo. El contenido difiere del de aquel otro artículo, debido a algunas ediciones y recortes que he llevado a cabo para que encaje en el estilo de este especial. También se recogen los comentarios que la entrada recibió en su día.]


 Tras facturar "Aftermath", elepé capital en el que terminaba por consolidarse la hegemonía del tándem Jagger/Richards a nivel compositivo y en el cúal añadían al rythm and blues de sus comienzos elementos hindúes e incluso psicodélicos, nada sería lo mismo. Nunca más. Plenamente confiados en el poder de su cancionero y espoleados por la ácida vanguardia que parecía empapar el universo rock and roll de un confín a otro (Año 1967, recuerden: "Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band", el debut de la Velvet o el tour de force llevado a cabo por Love en "Da Capo" y "Forever Changes", entre otros hitos) el grupo facturó una obra cuyas líneas maestras podían encontrarse en el mentado "Aftermath", aunque lejos de caer en el continuismo, llevándolas un paso más allá.

 Tras la apertura con el single indiscutible, un "Let's Spend The Night Together", de regusto acústico e influencias poppies bien entendidas viene "Yesterday's Papers", una de esas piezas que, a mi juicio justifican la grandeza y el embrujo de éste disco, poseedora de ese aura de oscuridad y de enigma que, pese a que no suele asociársele, resulta más que evidente.Heredera, a su manera, de lo mostrado en piezas pretéritas como "Paint It Black" o "Under My Thumb". Los arreglos no hacen otra cosa que realzar esta faceta de la banda, elevándola a cotas rayanas al barroquismo en piezas como "She Smiled Sweetly" o "My Obsession".

 En otro orden sónico nos encontramos con gemas pop minuciosamente pulidas como "Ruby Tuesday", ramalazos psych y chulescos en "All Sold Out" o "Complicated", disparos rockandrolleros que casi preludian lo que oíriamos en "Exile On Main St.", caso de "Miss Amanda Jones",deliciosos devaneos con el Folk en la deliciosa "Who's Been Sleeping Here?", amén de un highlight definitivo e incontestable: "Connection". Primera vez que Keith y Mick comparten voces y clásico instantáneo. Los Glimmer Twins también se marcan un dúo en la simpática fanfarria de regusto circense, tan de los Beatles del momento, "Something Happened To Me Yesterday" con la que cierran el álbum.

 "Between The Buttons" no sólo confirmaba la transición llevada a cabo en "Aftermath" unos meses antes, sino que también daba fe de la creciente apertura de miras en el seno de la banda, capaz de conjugar su rock and roll nutrido por el catálogo de Chess con las influencias coyunturales del momento, llámalo pop, folk psicodelia, dando carta de naturaleza a una baza (esto es, la de saber integrar su sonido en la corriente sónica de cada época, haciéndola suya en no pocas ocasiones) que acabaría por ser fundamental para su permanencia y relevancia futuras.

martes, 18 de septiembre de 2012

The Jacobites - "Robespierre's Velvet Basement"


Parece cosa de ficción que una obra de la altura de "Robespierre's Velvet Basement" sea la ¡Segunda! esquirla facturada por el combo inglés. Si nos aproximásemos a ella con la mente libre de datos que condicionasen nuestra percepción (esto es, que nos encontramos ante un grupo surgido de las cenizas de los seminales Swell Maps, que opera en la década de los 80's y que consumió gran parte de su singladura entre la indiferencia general) llegaríamos a la conclusión de que nos encontramos ante un clásico básico de los 70's, una épica y mastodóntica obra (20 canciones) de referencia, un imprescindible.

Y lo cierto es que, algo de eso hay. Su década fue la que fue, pero resulta evidente el nexo temporal que interconecta las influencias predilectas de The Jacobites, esto es: La década en la que los Rolling Stones se hicieron mayores ("Sticky Fingers", "Exile On Main Street"), del rock and roll jaranero y etílico de The Faces, el protopunk neoyorquino de New York Dolls y, algo después, Johnny Thunders; el decenio de apogeo del glam bien entendido (Bowie, T-Rex, Mott The Hoople) del primer Neil Young y de las atmósferas de Big Star. Un batiburrillo de nombres, estilos y obras fundamental para entender el sonido de los de Birmingham.

Desde la misma portada no se nos oculta el liderazgo bicéfalo del grupo, encarnado en las figuras de Nikki Sudden y Dave Kusworth, descendencia bastarda -que no ílegítima- de Keith, Ronnie, Rod, Thunders y tantos otros forajidos de la era prodigiosa. Prolíficos, románticos, malditos y poseedores en lo posterior de unas carreras de lo más interesante, no parece haber dudas al respecto: Hablar de ellos es hacerlo de The Jacobites.

Y "Robespierre's...", qué decir de éste disco: Desde la inicial (Y muy Heartbreakers, pero de los de Nueva York) "Big Store" hasta "Someone Who Cares" nos encontramos ante una colección magistral de canciones, de enseñanzas bien asimiladas, de paisajes oníricos, de feeling desmesurado, de, dicho en corto, la clase de grupo y disco que es totalmente imposible que surjan a día de hoy.

Preeminencia de texturas acústicas y ocasionales explosiones de electricidad que tejen atmósferas cómo las de "Snow White", "Every Girl", "Hearts Are Like Flowers","Son Of A French Nobleman", "All The Dark Rags", "Into My Arms", "Country Girl"... Haciendo un barrido muy selectivo del álbum (que no excluyente, ya que el nivel general del mismo no decae en ningún momento)

Es  "Robespierre's Velvet Basement", en definitiva, un disco de concepto, una suerte de viaje sónico asfaltado de desencanto, historias tortuosas y sentimientos a flor de piel arropados por una música etérea, mágica y tocada con el don de la atemporalidad. No es poco.

jueves, 13 de octubre de 2011

Los Salvajes - "Todo Negro"


Los Salvajes, también conocidos cómo los Rolling Stones de Las Ramblas, aunque ellos siempre se encargaron de recordar que lo suyo tenía más que ver con los Who. Su sóla existencia ya es motivo más que suficiente para dejar sin argumentos a todos aquellos voceros que claman, quién sabe con qué fines, que el Rock and Roll aterrizó en España a finales de los 70's, con aquello que se dió en llamar El Rollo. Rollo que no se creerían ni ellos si acaso tuviesen algo de cultura y tirasen un poco del hilo, al menos lo suficiente para ubicarse en la Barcelona del '62, año y ciudad en los que nació el grupo.

Surgidos, como otros tantos grupos sajones, al amparo del Merseybeat, el sonido de Los Salvajes fue evolucionando a tesituras cada vez más contundentes, rayanas al rythm and blues, los Stones más garageros y aquellos grupos de la invasión británica que casi preludiaban el punk, caso de The Troggs. A esos mismos voceros que mencionábamos más arriba sin duda les dejaría de piedra saber que en la grisácea España de mediados de los 60's había un grupo de Rock que había compartido escenario con los Kinks, se vestía -al igual que Lennon, Jagger y demás "Dedicateds Followers of Fashion"- con ropa adquirida en Carnaby Street y que, noche tras noche, ofrecían explosivos y sudorosos shows que culminaban con los instrumentos tirados por el suelo, práctica en la que aseguran haberse adelantado al mismísimo Pete Townshend, ahí es nada.

"Todo Negro" condensa, en cierto modo, gran parte de las señas de identidad de la banda. En primer lugar se trata de un single, formato al que la banda se mantuvo absolutamente fiel a lo largo de su periplo clásico 60's, excepción hecha a un LP recopilatorio que vió la luz en aquellos años; En segundo,podemos apreciar la que fue, para bien o para mal, otra de las constantes del grupo: Una proporción exageradamente mayor de temas ajenos frente a la producción propia. Cuenta Gaby Alegret que aquello era una imposición por parte de las discográficas, que recelaban de la contundecia de su cancionero en detrimento de su valor como intérpretes, que salían bien librados de versionar a artistas tan dispares como Sonny And Cher, The Four Tops, Sam The Sham... O a los tres que tributaban aquí, que (tercera seña de identidad) dicho sea de paso, eran casi que sus elecciones predilectas para estas lides: The Rolling Stones, Troggs y el Spencer Davies Group.

Los Stones eran unos viejos conocidos del grupo, ya que debieron de ser de los primeros en atisbar su potencial: Mientras todas las bandas de por aquí (Brincos, Mustangs...) solo parecían tener ojos para los Beatles ellos ya habían hecho "Satisfacción" y "La Neurastenia" (o lo que es lo mismo: "Satisfaction" y "19th Nervous Breakdown") a lo que hemos de añadir este "Todo Negro" y un futuro "Jumpin' Jack Flash" al que transmutarían en su "Algo De Títere". En la relectura del "Paint It Black" que da título a este trabajo la banda ahonda en la faceta oscura del original, reescriben la letra con maestría e incluso le añaden unas gotas de contundencia -¡esa batería!- nada despreciables con respecto al original.

"With A Girl Like You", la deliciosa tonada pop de los casi siempre incisivos The Troggs pasa a ser "Chica Igual Que Tú", conservando su punto melódico pero ganando en matices guitarreros (Que Los Salvajes tenían dos y muy buenos) frente a la de los ingleses. No, no eran ajenos nuestros protagonistas al grupo de Reg Presley: No en vano su tema más conocido es ese glorioso "No Me Puedo Controlar", que no es otra cosa que "I Can't Control Myself" en la lengua de Cervantes.

El tema propio que presentaban para la ocasión "Es La Edad" era un vibrante y rítmico corte garagero cuya letra, al igual que la mayoría de las firmadas por la banda al 100% oscilaba entre el hedonismo, la vindicación juvenil y cierta ingenuidad ("Cabellos cortos o largos que mas da/La inteligencia se mide por algo más", ahí lo dejo) Para cerrar, acometían una versión del Spencer Davies Group a quienes ya habían tributado con anterioridad de manera sobresaliente ("Corre, Corre"/"Keep On Running") y cuyo "Somebody Help Me" lo convertían en su "Que Alguien Me Ayude", con intro guitarrera de regusto fuzz y saliendo bien librados del trance.

 Sin duda, el que sea profano en estas lides garageras y sixties se estará preguntando cómo puede dedicarle nadie un artículo a un grupo que ofrecía, valiéndonos de probabilidades, una de cada cuatro canciones como propias. Sin embargo, conviene recordar que cada época tiene sus códigos y sería un error enjuiciar a Los Salvajes (y a The Sonics, los Stones del "12X5" y un larguísimo etcétera) como un mero grupo de versiones. Al fin y al cabo tenían lo que distingue a una banda con identidad propia cómo tal, a saber: Su sonido, su actitud, su idiosincracia y, claro está, su irregateable condición de pioneros patrios.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

The Nativos - "She Belongs To Me"


Spain in different, típico y tópico axioma que no deja de tener su punto de verdad. Y no siempre con una connotación negativa, ojo. Recordemos que los 80's han sido una de las décadas más ominosas en la historia de la música, y claro está, la escena Rock and Roll internacional no permaneció indiferente ante aquello: The Rolling Stones, a un tris de separarse, editaron un puñado de discos de perfil medio/bajo, los otrora intocables Dylan y Young se vieron constantemente cuestionados, aún cuando acertaban, y, lo más importante de todo esto, surgió un tipificado sonido 80's, entre lo bombástico y lo efímero que se coló con facilidad entre los surcos de grupos tan dispares como Ramones, Queen, Rod Stewart, Paul McCartney o Johnny Cash, por no hablar de los artistas antes mencionados. En cierto modo, sólo salieron fortalecidos de aquel marasmo los por aquel entonces tótems ascendentes del Hard Rock, formaciones cómo AC/DC, Motorhead o Judas Priest, que firmaron parte de lo mejor de su carrera en aquellos años.

Y mientras, en España ¿Qué? Preguntarán sarcásticamente esos eternos serviles a lo foráneo que no verían un grupo de talento en estas latitudes ni aunque lo tuvieran frente a sus narices. Habida cuenta de que aquí siempre ha habido una sólida escena underground, la primera mitad de los 80's españoles se descubre como especialmente fascinante para todo aquel que se diga melómano con ciertas veleidades rockers: Por decir algo, Burning asentaban su liderazgo, Loquillo, en compañía de Sabino Méndez, ponía patas arriba la noche barcelonesa, el Punk Rock vía UK comenzaba a emerger por el norte del país mientras que el de herencia ramoniana afloraba en la capital; Nacha Pop practicaban, quizá sin saberlo, Power Pop de altura mientras que los más duros del lugar, Barón Rojo y Obús implantaban el arena rock á la foránea.

Los primeros compases de La Movida, si bien no transmitieron un legado estrictamente musical, si que lo hicieron de actitud, y la respuesta que generaron, y en la que por cierto se encuadra la singladura de The Nativos , fue tanto o más interesante que el movimiento en sí: Ante la efervescencia y el frenesí petarda, Madrid vivió una oleada de grupos eminentemente rockistas,con la vista puesta en la música de los 50's/60's  y con una especial querencia por los grupos de culto, ahí es donde entrarían en juego Los Enemigos, Sex Museum, The Pleasure Fuckers o The Nativos.

 The Nativos fueron, ante todo, un supergrupo. Y es que en él se dieron cita, en algún momento u otro de su -breve- trayectoria miembros de Los Pistones, Enemigos, Mockers, Fallen Idols y Los Rápidos, .En "She Belongs To Me",  abundan las versiones frente al material propio, lo cual no debería inquietar lo más mínimo al connaiseur del garaje pretérito, sabedor de que en los discos de The Sonics, Remains o Fuzztones la proporción suele ser más o menos igual.

 El disco abre con el tema que le da título, eso es, el viejo himno de Dylan que ocupaba su lugar en la Cara folkie del mítico "Bringing It All Back Home". En mi opinión, la banda efectúa una de las mejores relecturas que se han hecho jamás del cancionero del de Duluth, lo cual, teniendo en cuenta el volumen de covers que ha sufrido, no es poco decir. The Nativos convierten el tema en un áspero y gélido corte garagero, con un hammond manteniendo el pulso y la labor vocal de Esteban gravitando entre las enseñanzas de Iggy Pop y Lux Interior. Menuda apertura.

 "I Can Only Give You Everything",  de los Them de Van Morrison cobra nuevos bríos en manos de la banda, insuflándole una energía inusitada, máxime al tratarse de un tema que ha sido revisitado tantas veces por bandas de distinto pelaje, de The Haunted a los Troggs pasando por MC5. "Stop", único corte que firma la banda, suena a los Stones de los 70's por los cuatro costados, demostrando que no sólo nos encontrábamos ante unos exquisitos revisionistas sino ante unos finos compositores. Finalmente, "Night Time", de los Strangeloves, ponía fin al maxi a ritmo de Rock n' Roll con toque R&B pasado de rosca.

Cómo ya apuntábamos, la existencia del grupo fue efímera y su producción se circunscribió a éste único EP, prototipo de disco de culto patrio. Ante la brevedad de su trayectoria, sólo nos queda fantasear sobre lo que podría haber dado de sí una banda de la calidad, mimbres y buen gusto de The Nativos.

viernes, 29 de abril de 2011

The Rolling Stones - "Between The Buttons"



The Rolling Stones. Díficil asunto el de enfrentarse a la obra de leyendas de este calibre. Grupo de dilatada y multiforme trayectoria, con mucho, y muy bueno donde escoger. Hasta sus tropiezos ("Their Satanic Majesties Request", "It's Only Rock And Roll"...) darían para dedicarle unas sentidas líneas, y si ya nos paramos a desgranar los picos de intensidad de su trayectoria tendríamos para un artículo de proporciones bíblicas. Recalo en "Between The Buttons" por dos razones: Me apetecía hacer algo de justicia a la, nunca del todo ponderada, figura de Brian Jones y porque, salta a la vista, es una obra, no diré que ignorada, pero casi, en el imaginario de los ingleses.

 Aunque eso último no debería sorprendernos del todo. Omitiendo el hecho de que la banda tiene a uno de sus mayores detractores en su propio seno (Un Mick Jagger que no suele tener palabras amables para el material 60's del grupo y que, de tomar en cuenta sus declaraciones al pie de la letra, considera toda su etapa dorada, la que abarca hasta el "Exile On Main St" cómo poco menos que una medianía) los Stones, al igual que tantas otras formaciones con la vitola de mitos en torno suyo, disfrutan del desconocimiento de gran parte de esa misma masa que abarrota recintos para verlos: Mucho yo estuve allí y mucho "Start Me Up", pero no les preguntes por el "12X5", qué se nos pierden. En fin, entremos en materia.

 La banda acababa de facturar "Aftermath", LP que para muchos, entre los que me cuento, supone la culminación de su primera etapa. Un largo en el que terminaba por consolidarse la hegemonía Jagger/Richards a nivel compositivo y en el cúal añadían al Rythm and Blues de sus inicios elementos Soul, Pop y hasta, permítanme la expresión, Protopsicodélicos. En cierto modo, "Aftermath" allanaba el camino hacia "Between The Buttons", dibujando algunas de las que serían sus líneas maestras.

 Decía unas líneas más arriba que me apetecía hacer hincapié en la figura de Brian Jones. No son pocos los que acuden a desdeñar su labor aduciendo que jamás aportó ninguna composición a su banda (Bueno, hasta donde yo sé, Elvis tampoco compuso nada y no hay el menor problema) Sin embargo, gran parte del encanto de este disco reside en los arreglos oficiados por Jones, que van, sin despeinarse, de lo vodevilesco a lo épico, de la luminosidad a lo enigmático, consiguiendo que "Between The Buttons" suene como algo más que una simple colección de canciones.

 Tras la apertura con el single indiscutible, un "Let's Spend The Night Together" (Ah, se me olvidaba mencionarlo, piloto la versión USA) de regusto acústico e influencias poppies bien entendidas viene "Yesterday's Papers", una de esas piezas que, a mi juicio justifican la grandeza y el embrujo de éste disco. Los Stones sixties tienen, en ocasiones, un aura de oscuridad y de enigma que, pese a que no suele asociársele, resulta más que evidente. O al menos a mí me lo parece en piezas pretéritas como "Paint It Black", "Under My Thumb" o la mentada "Yesterday's Papers". Los arreglos realzan esta faceta de la banda, elevándola a cotas rayanas al barroquismo en piezas como "She Smiled Sweetly" o "My Obsession".

 En otro orden sónico nos encontramos con gemas pop minuciosamente pulidas como "Ruby Tuesday", ramalazos psych y chulescos en "All Sold Out" o "Complicated", disparos rockandrolleros que casi preludian lo que oíriamos en el "Exile...", caso de "Miss Amanda Jones", deliciosos devaneos con el Folk en la deliciosa "Who's Been Sleeping Here?", amén de un highlight definitivo e incontestable: "Connection". Primera vez que Keith y Mick comparten voces y clásico instantáneo, en un hipotético Top 3 de canciones de la banda la incluiría sin pestañear. Por cierto que los Glimmer Twins también se marcan un dúo en la simpática y circense "Something Happened To Me Yesterday" con la que cierran el álbum.

 "Between The Buttons" supuso el álbum de transición de The Rolling Stones, al menos el de la primera que experimentaron, pasando de ser un conjunto encuadrado en los parámetros de la british invasion a crecer como banda y ampliar su espectro de influencias. Una metamorfosis que cristalizaría del todo a partir de la edición de "Let It Bleed". Puede que éste disco no esté a la altura de obras maestras posteriores como "Sticky Fingers" o "Exile On Main St.", lo que si tengo más que claro es que aquellos que lo califican de "obra menor" o "fallida"  de Rock, para mí, justitos.

viernes, 28 de enero de 2011

The Detroit Cobras - "Mink Rat Or Rabbit"


En el Rock And Roll, género basado en músicas de raíces y con honda tradición como lo son el Blues o el Country,siempre bajo mi modesto prisma, la originalidad no es prioridad y mucho menos debe servirnos como factor para enjuiciar a una banda por encima de otra. ¿Y a qué viene todo esto?

 Pues viene a que The Detroit Cobras basan la mayor parte de su repertorio en covers, relecturas de viejos singles de Fortune Records, caras B's de reinonas del Soul, números de rock chicano y demás delicias para paladares inquietos diseminadas en forma de acetatos y 7" por la autopista del tiempo, con destino al olvido más absoluto si no fuese por su labor de rescate. Y para mí, a diferencia de lo que otros pudieran pensar, eso no menoscaba su talento en absoluto: Es vox populi que Elvis Presley, el Rey, jamás firmó un solo tema de los que interpretó; The Fuzztones, paladines del revival garagero de los 80's, basaban -y basan- gran parte de su repertorio en canciones sustraídas de la generación Nuggets y los combos Proto-Punk de los 60's. Incluso The Cramps tomaron al asalto un sinfín de rarezas de los 50's y primeros 60's, retorciéndolas y fusionándolas hasta soldarlas a su cancionero.

 La diferencia entre estos nombres y un decadente karaoke, o peor todavía, una banda de tributo, la establece la posesión de talento y una personalidad propia que les permita crear un filtro por donde pasar todas aquellas influencias de las que se nutren. Y mientras los antes citados regurgitaban el material que tomaban  prestado a través de un envoltorio hiperviril, vudú y de ultratumba aderezada de kitsch, respectivamente, The Detroit Cobras lo hacen insuflándole una dosis de crudeza made in Detroit a su cancionero de marcado regusto vintage, sin renunciar por ello a su poso Soul, melódico y elegante, cortesía de la voz de Rachel Nagy, consiguiendo una marcada sensación de atemporalidad.

 Si bien, "Mink Rat Or Rabbit" es el primer largo de los Cobras, la banda ya llevaba dando guerra desde el '95, publicando singles de una repercusión prácticamente subterránea y dando lustre a nombres como Nathaniel Mayer o Tony Valla & The Alamos. El sonido que exhibían en su primer LP, al igual que el de aquellos 7", era decididamente deslavazado, áspero, crudo, pero rebosante de encanto, y, a su manera, dulzura. El largo abre con el que más adelante sería el tema más conocido de la banda, "Cha Cha Twist", una recreación muy sui generis de "The Twist" de Hank Ballard, al que le inyectan savia garage-punk, ritmo y chulería. "I'll Keep Holding On", "Putty" y "Easier To Cry" mantienen la nave a base de agitar Soul y Watios con clase, mucha clase. Le dan la vuelta a "Bad Man" de los Oblivians, despojándola del Garage Blues saturado del original y transmutándola en una de las cimas del disco, "Bad Girl"; rescatan "Summer" de The Five Royales, un corte al que ya llevaban tiempo dándole vueltas. La atomosférica "Midnight Blues" nos da tregua para "You Knows What To Do". "Can't Do Without You" es la típica canción que los Detroit Cobras rescatan sin problemas: Soulera, contenida, vacilona y con espacio para el lucimiento guitarrero. Una sugerente línea de bajo da paso a "Hittin' On Nothing", original de Irma Thomas, que si no me fallan las cuentas pasa por ser la artista más tributada en el imaginario de The Detroit Cobras. "Out Of This World" es quizá mi favorita del redondo, la más rockandrollera y sugerente, breve como un disparo y completamente adictiva. La instrumental de corte latin rocker "Chumbawa" precede a la grand finale con una hipervitaminada relectura de "Breakaway" (otra vez Irma Thomas) cercana a los cánones del Punk Rock.

 Si hay una frase cierta, es esa que reza que lo clásico jamás pasa de moda. The Detroit Cobras pudieron comprobar la verdad que encierra dicha afirmación en el ocaso de los 90's, cuando, echando la vista atrás y sumergiéndose en las catacumbas de su background, consiguieron ser uno de los puntales de un Detroit que por aquellas fechas comenzaba a despertar de su letargo para retomar su hegemonía underground, llegando a marcar tendencia y sembrando el germen de bandas como The Fondas o The Come Ons, pero nosotros no olvidamos quienes fueron los primeros. Let's Do The Twist!

lunes, 8 de noviembre de 2010

The Byrds - "Mr. Tambourine Man"





 No es nada descabellado afirmar que esa entidad capitaneada por Gene Clark y Roger McGuinn fue la gran banda de Rock estadounidense de su época, los seminales y necesarios 60's. Asimismo, su trayectoria discurre en paralelo a los cambios que empezaban a producirse en el todavía desdibujado panorama de la música Rock: De la inocencia bañada en sentimiento contestatario y rebeldía juvenil de sus primeras obras, a la proto-psicodelia espacial con regusto ácido de la que hacían gala en "Fifth Dimension", para luego encontrarse por el camino con Gram Parsons y sembrar el génesis de lo que devendría en Country Rock, "Sweetheart Of The Rodeo".

 Resulta significativo que lo que a priori resultaría un hándicap a la hora de tomar en consideración este disco, acabe jugando en favor de la banda. Me refiero al escaso volumen de composiciones propias, ya que, como bien salta a la vista echándole una ojeada al track list, la inmensa mayoría de las canciones que componen el debut de la banda son de Bob Dylan. Cómo bien apunta el de Duluth en ese amago de autobiografía que es "Crónicas", la cantidad de artistas que tuvieron a bien versionar su obra allá por la primera mitad de los 60's es verdaderamente mareante, gente de tan apolillado recuerdo como Peter, Paul & Mary, The Turtles o The Rascals lo hicieron. ¿Qué diferencial aportaron The Byrds para, pese a nutrirse casi en exclusiva de material ajeno, alcanzar el cielo con éste álbum?

 Pues muy sencillo. Donde unos se conformaban con revisar, ellos revisionaban, nótese la sutil diferencia. No se conformaron con adaptar tal o cual melodía y hacer una versión, que, en el mejor de los casos, quedaría en sucedáneo de lo que destilaba el bardo de Minnesota. No. Ellos fueron al tuétano de su cancionero, reinventándolo desde sus raíces eminentemente folkies y dotándolo de una nueva identidad. Es de justicia señalar que en ese aspecto jugaban con ventaja, ya que, al igual que Dylan, las raíces musicales de los miembros de The Byrds entroncaban con la música tradicional americana. Fue la irrupción de la British Invasion, Beatles a la cabeza, lo que los decantó a formar una banda como esas que venían desde el otro lado del océano, sin renunciar por ello a su background Folk y Country.

 El primer resultado de ese maridaje estilístico fue "Mr. Tambourine Man".Insuflan bríos eléctricos al repertorio folk del primer Dylan, mediante los ya célebres arreglos cortesía de la Rickenbacker de 12 cuerdas de McGuinn y unos deliciosos juegos vocales, consiguiendo llevar a un nuevo nivel temas como "All I Really Wanna Do", "Chimes For Freedom", "Spanish Harlem Incident" o el tema que da título al disco. "Bells of Rhymney", original de Pete Seeger (nombre fundamental en el santoral de influencias del primer Dylan) es sin duda una de las cimas del disco, pura emoción contenida al servicio de unos juegos de voces que no parecen de este mundo. Lo mismo se podría decir de la versión que se marcan del oldie "We'll Meet Again".

 Equilibran la balanza con composiciones propias, que en aquel entonces eran monopolio de Gene Clark (A quien alguien, no sin razón, definió como el Shakespeare del Hillbilly). Aportando joyas del calibre de "Here Without you" (Gene siempre fue un hacha a la hora de rentabilizar sus fracasos sentimentales en forma de grandes canciones), "It's No Use", un corte nervudo, que inicia la línea de piezas posteriores como "Why?" y, por encima de todas, "I'll Feel a Whole Lot Better", según Cyril Jordan (alma mater de Flamin' Groovies y una de las mayores esponjas en materia de British Invasion) bien podría ser la mejor canción de la historia, yo añado que es una de las que mejor aborda el estado posterior a una ruptura sentimental, que no es poco.

 Una pieza fundamental en el engranaje de la música del siglo pasado, a la que podemos otorgarle sin rubor alguno la paternidad de subgéneros como el Power Pop, el Folk Rock y eso que los modernos dan en llamar Americana. Imprescindible.