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jueves, 11 de julio de 2013
The Rolling Stones - "Bridges To Babylon"
Revitalizados por la vuelta a las andadas que había supuesto la edición de "Voodoo Lounge" y deseosos de capturar la esencia de los sonidos del momento, voluntad que se pone de manifiesto en la decisión de delegar parte de las tareas de producción en The Dust Brothers (dupla detrás del sonido de propuestas tan equidistantes a los stones como The Beastie Boys, Beck o ¡Hanson!) "Bridges To Babylon" muestra a un grupo tan fresco y osado por un lado, cómo falto de ideas y, en ocasiones, personalidad por el otro.
El album abre con un correcto rock and roll sin más pretensiones que las de aportar un pistoletazo de salida coherente al redondo, "Flip The Switch", que da paso al primer single potencial del trabajo, "Anybody Seen My Baby?". Una insinuante línea de bajo envuelve un corte que parece ser deudo de aquellas exhibiciones a medio camino entre la música disco y el rock que tanto, tantísimo, habían menudeado en su producción 70's. "Low Down", número guitarrero sin ninguna cualidad digna de mención, precede a "Already Over Me", qué hace buena esa afirmación, a veces manida, de que el que tuvo retuvo.
"Gunface" muestra a unos stones absolutamente perdidos, haciendo aguas en un juego que no es el suyo, facturando una suerte de rock moderno y monótono, carente de atractivo alguno.
La cosa, por fortuna, mejora un tanto en "You Don't Have To Mean It", corte al que Keith pone voz, sonando como si Buddy Holly, en lugar de en las dependencias de Brunswick Records, hubiese optado por grabar en algún oscuro soundsystem de Kingston. Una mezcolanza a priori bizarra que termina por saldarse con un resultado más que positivo.
"Out Of Control" inauguraba la segunda mitad del trabajo, mostrando la primera exhibición de poder, genuina, contenida en "Bridges To Babylon". Tras un comienzo lento, un crescendo que termina por explotar en un poderoso rock and roll lleno de rabia contenida y desencanto, ribeteado por el fabuloso solo de harmónica que se marca Jagger.
La racha parece continuar en "Saint Of Me", single indiscutible del disco así como culminación de las intenciones que parecía tener la banda a finales de los 90's, a saber: Sonar frescos y genuinos; comerciales y poderosos; modernos y guitarreros, todo a un tiempo. Unos exquisitos punteos acompañados por el sucinto órgano de Billy Preston van dando cuerpo a un tema que se revela como un intimidante rock and roll preñado de referencias bíblicas, jalonado por una atmosférica y delicada parte intermedia que termina por explotar, de nuevo, en despliegue guitarrero.
"Might As Well Get Juiced", con la voz de Jagger enterrada bajo una montaña de sintetizadores y efectos, pone, de nuevo, todas las alarmas en funcionamiento. Es encomiable, supongo, la voluntad por parte del cantante de no estancarse en una propuesta sónica de las que ya se ha nutrido, pero hacer sonar a The Rolling Stones como un -mal- grupo de electrónica me parece excesivo.
El mal sabor de boca dejado por semejante experimento se ve parcialmente atenuado tras la escucha de "Always Suffering", correcto número de mimbres campestres, y sobre todo por el estallido eléctrico de "Too Tight", uno de los cortes mejor medidos del trabajo así como una orgullosa vindicación, entre otras cosas, de su condición de perros viejos ("Yeah, don't try to reel me in/With all those charms school looks/I've seen it all a thousand of times/I sung that song, i wrote that fucking book")
El tramo final de "Bridges To Babylon" pasa por ser el segundo momento Richards del album. Primero con "Thief In The Night", atmosférico rythm and blues. Un tema reposado, a tumba abierta, rico en secciones de viento que se encadena, sin solución de continuidad con "How Can I Stop", con Keef de nuevo a las voces y un sentimiento sweet soul music a la antigua usanza, con el guitarrista desgranando un tema que no habría desentonado en el repertorio de los Miracles, con el saxo de Wayne Shorter y la batería de Charlie Watts enzarzándose en un duelo que amén de clausurar el tema, hace lo propio con el redondo.
Sentimientos encontrados los que produce este trabajo. Por un lado, un grupo que parece seguir beneficiándose del savoir faire exhibido en su anterior lanzamiento, dando en la diana con temas capaces de llegar tanto al corazón del fan como de las radiofórmulas y píldoras de buen gusto; por otro, una cierta falta de dirección qué se pone de manifiesto en algunos de los momentos menos lucidos del cedé, mostrándonos a una banda bien a la deriva en su intento por flirtear con ciertos sonidos, bien facturando cortes absolutamente desalmados con el piloto automático activado. Con todo, los primeros son mayoría con respecto a los segundos y podemos seguir hablando de un grupo que, discográficamente hablando, se niega a vivir de rentas.
domingo, 30 de junio de 2013
The Rolling Stones - "Voodoo Lounge"
Editado en pleno auge del rock alternativo, en un panorama si no diametralmente opuesto, bastante diferente al que regía en los últimos 80's, "Voodoo Lounge" se destapa como lo que será el libro de estilo a seguir por la banda en sus próximos lanzamientos, a saber: Trabajos muy espaciados en el tiempo, sobrecargados de repertorio que compense sus largos impasses y editados más cómo testimonio de permanencia y/o apoyo de sus giras que cómo expresión creativa per se; lo que no es óbice para afirmar que se trata de una obra notable, bastante superior, de hecho, a lo que venían despachando en entregas anteriores. Pero vayamos por partes.
El redondo abría con una tripleta ganadora, la mejor alineada, quizá, desde los días de "Tattoo You": Con la sinuosidad de "Love Is Strong", la chulería contenida de "You Got Me Rocking" y el chute poppie de "Sparks Will Fly" poniendo las cartas sobre la mesa y confirmando un mejor estado creativo que el que se adivinaba en "Steel Wheels". No, no parece que la inadvertida marcha de un Bill Wyman cuyo grado de compromiso con el grupo había pasado a ser estrictamente nominal haya hecho mella alguna en el entorno de la banda.
"The Worst", deliciosa y arrastrada pieza acústica con Richards haciéndose cargo de la voz, da paso a "New Faces", cuyo uso del clavecín, así como su temática de amor herido remite y mucho a aquellas baladas barrocas con las que intentaban aferrarse a los hit parade en los tiempos lejanos, lejanísimos, de Brian Jones.
"Moon Is Up" supone un cambio radical de tercio, una delicada gema de pop onírico y regusto melancólico envuelta en una producción con toques futuristas y la colaboración del heartbreaker Benmont Tench, cuya aportación termina de remachar uno de los momentos más especiales del trabajo. Cerrando la segunda cara estaba la balada a piano "Out Of Tears", más que cumplidora en su calidad de single potencial.
Un poderosísimo riff propulsa "I Go Wild", disparo rockandrollero con hechuras de himno que preludia a "Brand New Car", número de pocas pretensiones y basamento bluesy, con una letra con regusto a aceite de motor que podría haber figurado en el cancionero del primer Chuck Berry.
Los sonidos de filiación tex-mex, con los que ya habían jugueteado en alguna que otra ocasión, toman cuerpo en "Sweethearts Together", corte en el que no falta ninguno de los ingredientes característicos del género: El bajo sexto de Max Baca, la lap steel de Ron Wood y el acordeón del máximo exponente del género, Flaco Jiménez, dan la ambientación fronteriza necesaria a esta delicada balada.
"Suck On The Jugular", con ese bajo zumbón al comienzo y su aire discotequero y trasnochado da la impresión de ser un descarte del reciente "Wandering Spirit" de Jagger. Uno de los momentos más olvidables del redondo.
Arribando al tramo final del album nos encontramos con una de las piezas mejor pulidas del mismo, "Blinded By Rainbows". Heredera de la cualidad evocadora de tantos temas pretéritos, nos muestra a un Jagger en plenas facultades de transmisión, declamando sobre unos exquisitos arpegios que preceden al estallido del estribillo. Uno de los highlights objetivos del disco, ni más ni menos. "Baby Break It Down" es inevitable que sepa a poco tras el exquisito corte que lo precede, pero no pierde las formas, mostrando una maquinaria engrasada y reluciente, con nuevos bríos, en su faceta más afecta al riff.
Llega el turno de la que fue una de las grandes joyas ocultas de "Voodoo Lounge", que no es otra que la atmosférica "Thru And Thru". Tema orgánico, a corazón abierto, con unos punteos minimalistas de Keith dominando la acción con el acompañamiento ocasional de las acústicas de su técnico Pierre de Beauport y alguna que otra explosión eléctrica, nos muestra a un Richards suplicante y aullador, dándolo todo. Y hablo en pasado de su condición de diamante olvidado ya que su inclusión en la banda sonora de The Sopranos pareció otorgarle un nuevo lustre y reconocimiento al mismo, hasta llegar al punto de ser rescatado para la gira Forty Licks.
"Mean Disposition" echa el cierre a ritmo de rock and roll, con el grupo operando en su formato más básico y deslizando lo que podría interpretarse como una declaración de intenciones a aplicarse ("Yes, i'm going to have to stand my ground/Like Crockett at the Alamo")
Las quince canciones de "Voodoo Lounge" componían el tracklist más largo que habían firmado The Rolling Stones desde los días de "Exile On Main St.". Sin necesidad de entrar en comparaciones estériles o de debatir si tan abultado repertorio respondía a una genuina hemorragia creativa o a la necesidad de entregar un producto de mayor volumen; no cabe duda de que era lo mejor, por homogéneo y bien pulido, que habían entregado en mucho tiempo. No, desde luego no era oro todo lo que relucía -Pese a la consabida firma Jagger/Richards la inmensa mayoría de los temas contenidos están firmados en solitario por uno u otro-, pero cabría preguntarse en qué oscuros negociados andaban metidos otros compañeros de generación de la década que los vió nacer -e incluso de alguna posterior- mientras ellos entregaban un álbum tan fresco, variado, notable y vivificante como el que nos ocupa. Ahí lo dejo.
miércoles, 23 de mayo de 2012
The Fleshtones - "More Than Skin Deep"
Son grupos cómo The Fleshtones los que, en última instancia, dan sentido al término Rock and Roll. Nunca serán el grupo de moda ni el hype del momento, pero por eso mismo jamás tendrán que lamentar el momento en que vean su tren pasar, ya que jamás se subieron a él. Su concepción del género es clara, concisa e inmediata, que para algo son neoyorquinos. Pese a que se suele encuadrar su singladura en el llamado revival garagero de los 80's, el combo de Peter Zaremba siempre se ha conducido más como una gran banda de R'n'R, alejados de la ortodoxia de unos, verbigracia, Fuzztones para absorber toda suerte de influencias y filtrarlas por su particular e idiosincrático filtro.
En el ADN de The Fleshtones hay toneladas de Garage, claro está; pero también encontramos a los Stones de Brian Jones, one hit wonders de los 60's, ramalazos souleros, ráfagas de instro-rock, despiporre frat rock y salvajismo protopunk con especial parada en los Stooges. Incluso en los últimos tiempos la banda ha dejado ver en su sonido esquirlas de los primeros Led Zeppelin (a los que Keith Streng no duda en citar como temprana influencia) y hasta algún riff deudo de AC/DC.
"More Than Skin Deep" no es, en efecto, el disco por el que serán recordados (ese honor lo detenta "Roman Gods") aunque, a título personal, es el que escucho con más asiduidad de su producción. Algo tiene que ver el hecho de que es de los pocos redondos que la banda ha grabado sin enfocarlo explícitamente a sus caóticos -y deliciosos- directos, dando en esta ocasión prioridad a la melodía, los riffs, los estribillos. A las canciones, en una palabra.
"I'm Not A Sissy", con su épico y poderoso Vox Jaguar y ciertas reminiscencias a The Dictators, abre el álbum de la mejor de las maneras. A partir de ahí, poderosas salvas garageras ("My Love Machine", "Smash Crash", "A Hand For The Band"... ) destellos sixties ("Gentleman's Twist") los consabidos y mentados puntos negroides en "Laugh It Off" -original de The Tams- y en "Anywhere You Go", e instrumentales de reminiscencias cincuenteras hasta culminar en esa grand finale que es "Better Days", himno de repiqueteantes guitarras y muchos quilates.
The Fleshtones, afortunadamente, siguen predicando la buena nueva de su hipervitaminado Rock and Roll en los clubes, garitos y salas de medio mundo. Su culto es subterráneo, pero aguerrido. Sus shows, una de las experiencias más físicas y hedonistas que se pueden ver a día de hoy, y su producción discográfica continúa manteniendo el tipo. ¿¡Quién puede no admirar a una banda así!?
En el ADN de The Fleshtones hay toneladas de Garage, claro está; pero también encontramos a los Stones de Brian Jones, one hit wonders de los 60's, ramalazos souleros, ráfagas de instro-rock, despiporre frat rock y salvajismo protopunk con especial parada en los Stooges. Incluso en los últimos tiempos la banda ha dejado ver en su sonido esquirlas de los primeros Led Zeppelin (a los que Keith Streng no duda en citar como temprana influencia) y hasta algún riff deudo de AC/DC.
"More Than Skin Deep" no es, en efecto, el disco por el que serán recordados (ese honor lo detenta "Roman Gods") aunque, a título personal, es el que escucho con más asiduidad de su producción. Algo tiene que ver el hecho de que es de los pocos redondos que la banda ha grabado sin enfocarlo explícitamente a sus caóticos -y deliciosos- directos, dando en esta ocasión prioridad a la melodía, los riffs, los estribillos. A las canciones, en una palabra.
"I'm Not A Sissy", con su épico y poderoso Vox Jaguar y ciertas reminiscencias a The Dictators, abre el álbum de la mejor de las maneras. A partir de ahí, poderosas salvas garageras ("My Love Machine", "Smash Crash", "A Hand For The Band"... ) destellos sixties ("Gentleman's Twist") los consabidos y mentados puntos negroides en "Laugh It Off" -original de The Tams- y en "Anywhere You Go", e instrumentales de reminiscencias cincuenteras hasta culminar en esa grand finale que es "Better Days", himno de repiqueteantes guitarras y muchos quilates.
The Fleshtones, afortunadamente, siguen predicando la buena nueva de su hipervitaminado Rock and Roll en los clubes, garitos y salas de medio mundo. Su culto es subterráneo, pero aguerrido. Sus shows, una de las experiencias más físicas y hedonistas que se pueden ver a día de hoy, y su producción discográfica continúa manteniendo el tipo. ¿¡Quién puede no admirar a una banda así!?
martes, 3 de abril de 2012
Redd Kross - "Third Eye"
Power Pop. Etiqueta polémica, a su manera: Teniendo en cuenta que alude al Rock n' Roll de acentuado apartado melódico, podríamos aplicárselas a combos tan diferentes cómo los mágicos Big Star, los bombásticos Badfinger, The Rubinoos, con su nervio teenager; los hard rockerísimos Cheap Trick; la tríada The Nerves/Plimsouls/The Beat, que marcaron los pasos del género en los primeros 80's; Dwight Twilley, el trovador new wave del género... Incluso, si nos pilla con la disposición anímica adecuada, podemos hacer extensible la demarcación estilística a la etapa londinense de los Flamin' Groovies, los primeros Ramones y la facción del punk británico conformada por grupos como The Jam o los Buzzcocks. Es más, si nos pilla con el día completista, podemos preguntarnos, ¿Fueron The Beatles, sin saberlo, la primera banda de power pop?
Lo que sí podemos dar por sentado es que, en los primeros 90's, a los hermanos McDonald, líderes de Redd Kross, no podían dárseles en menos tales cuestiones. Y es que, pese a capitanear uno de los considerados buque insignia del género en las últimas décadas, el radio de acción musical de la dupla se escapaba en no pocas ocasiones de la etiqueta que se les había impuesto.
Tras unos titubeantes comienzos flirteando con la escena punk/hardcore de los suburbios de L.A, los excéntricos hermanos terminaron por rendir su talento a las bondades de la melodía y la cultura pop, a ser posible de eras pasadas, pero sin sacrificar su compromiso con lo actual. La epifanía que se adivinaba en "Neurotica" (producido por Tommy Ramone, ahí es nada) terminaba de confirmarse en éste "Third Eye", redondo de generosos mimbres y para algunos, entre los que me incluyo, cima discográfica de la banda.
"Third Eye" amalgama las distintas aristas que conformaban el background de Jeff y Steve McDonald: Aquí hay punk de la vieja escuela, abundantes dosis de hard rock (las solistas de Robert Hecker no conducen a dudas a ese respecto) y, sobre todo, un palpable corazón bubblegum, música que había conseguido obsesionar a los hermanos en las fechas de gestación del álbum.
Y es precisamente a ritmo de bubblegum cómo empieza el disco: Ahí tenemos la colosal "The Faith Healer", fusilada -con mucho estilo- a los 1910th Fruitgum Co. y su hit "Goody Goody Gumdrops", pasada por el turmix del alt rock de la época. Y es que esa fue siempre una de las mayores virtudes de Redd Kross, encajar siempre en las tendencias del momento, precisamente por encontrarse fuera de ellas.
"Annie's Gone", de esquemática letra, muestra la cara más punk de la banda, que no ceja en su gusto por la melodía ni en tales tesituras; "I Don't Know How To Be Your Friend", con su delicada primera parte acústica y la posterior explosión eléctrica, muestra cuánto han crecido desde los descocados días de "Born Innocent" y las diferentes texturas en las que saben moverse.
"Shonen Knife", con una intro que no habría desentonado en un redondo de heavy metal de la década anterior, es un guiño al célebre power trio japonés: "Come right in now, enjoy a Choco Bar/With the Shonen Knife/Yes, the rock and roll stars". Las chicas de Shonen Knife, cumplidoras hasta lo indecible, le respondieron al año siguiente escribiendo "Redd Kross" que decía: "Redd Kross, crazy people in L.A/Redd Kross, genius people in L.A". Cómo pueden ver, un bonito affaire entre bandas de culto.
La exquisita "Bubblegum Factory", todo azúcar, cierra el círculo estilístico del disco, homenajeando la génesis de la música que lo inspiró. Denostada por el crítico sesudo, pero irresistible para cualquiera con un corazón pop por el que corra algo de sangre, la obra de los mentados 1910th Fruitgum Co. o The Archies se perfila tan necesaria en la gestación de "Third Eye" como la que más. Tras la exhibición de puro pop, contrasta "Where Am I Today?" con su tono introspectivo e incluso lánguido, articulado en una canción perfectamente construida.
"Zira [Call Out My Name]" rezuma energía, positivismo y frescura: Ése estribillo a tres voces, el manejo prodigioso de los coros y una sobresaliente labor guitarrera apuntalan uno de los platos fuertes del disco. "Love Is Not Love", atmosférica gema de basamento poppie da paso a otro pildorazo incontestable, "1976", o lo que es lo mismo, Redd Kross sonando más a KISS que los propios KISS de la época, rematando la jugada los coros del batería Victor Indrizzo, destacado émulo de Paul Stanley, a tenor de lo escuchado.
Ya en la recta final nos encontramos con la fabulosa "Debbie & Kim", un corte tan épico como inmediato, de estribillo demoledor y que prácticamente condensa todas las virtudes del redondo. "Elephant Flares" echa el cierre, ubicando sus coordenadas entre el arena rock setentero y los Beatles de "Sgt. Peppers".
En los poco más de cuarenta minutos de "Third Eye", Redd Kross condensaban más sabiduría musical e iban más lejos de lo que otras tantas bandas ni tan siquiera alcanzan en décadas. En sus surcos podemos encontrar inmediatez, virtuosismo, preciosismo, crudeza, gusto por lo clásico y sentimiento de contemporaneidad. Conceptos contradictorios, sin duda, pero que en este caso no conducen al oxymoron.
sábado, 3 de marzo de 2012
Manitoba's Wild Kingdom - "...And You?"
¿Qué se traían entre manos The Dictators en 1990? En teoría, si nos atenemos estrictamente a la actividad realizada bajo el nombre de la nunca del todo ponderada banda neoyorquina, el grupo se encontraba en pleno standby; Ahora bien, en la práctica, el carismático "Handsome" Dick Manitoba se encontraba al frente de un proyecto en el que le acompañaban Ross The Boss, Scott Kempner, JP Patterson y Andy Shernoff quién, como de costumbre, se encargaba de las tareas compositivas en su totalidad. Dicho en corto, The Dictators en pleno estaban operando bajo otro nombre (Sólo Dios sabe con qué fines).
¿Cuáles son -de haberlas- las diferencias sónicas con la banda madre? Así a botepronto pocas se me ocurren. El histrionismo de Manitoba, el gusto por los coros y las melodías trabajadas se mantienen intactos. Afinando en exceso podríamos señalar cómo diferencial el trabajo guitarrero, en el que parecen darle correa a un Ross The Boss en plena resaca heavy (Cabe recordar que llevaba buena parte del decenio calzando taparrabos a las órdenes de Manowar) lo que sin duda les acercaba al -ya en trayectoria descendente- boom hard rockero de los últimos 80's, en el cual estos Dictators 2.0 daban la impresión de querer encajar. Manteniendo sus señas de identidad, eso sí.
El disco abre encadenando tres salvas de largo alcance,de tanto, que algunas figuraban en los set lists de las últimas giras de los 'Tators. Me estoy refiriendo, cómo no, al explícito disparo inicial, "The Party Starts Now!", la poderosísima "Haircut And Attitude" y ese genuino grito de guerra con el que suelen abrir sus shows, "New York, New York". Poderosos cortes, hímnicos, que basculan entre el Hard y el Punk. "D.W.I" habría encajado sin problemas en los surcos de un "Go Girl Crazy!": Corazón punk, melodía pegajosa como el chicle y minutaje breve, para que pedir más.
"I Want You Tonight!" retoma el gusto por el riff definitivo y el himno macarra de corearse puño en alto. En "Fired Up", "The Perfect High" y "Had It Coming" muestran su cara más Hard & Heavy, con el bueno de Ross explayándole a las seis cuerdas, a veces en demasía, como en el caso de "Prototype" (Corte que, en cierto modo preludia a ese "I Am Right" de su laureado disco de "reunión", "D.F.F.D") Finalmente, cómo colofón, tenemos la trallera "Speedball", el momento más "metálico" que Andy Shernoff haya firmado jamás.
Lo cierto es que, dando por sentada su calidad (a fin de cuentas sus artífices son The Dictators, unos tipos incapaces de grabar un mal disco) "... And You?" es un trabajo algo desconcertante. Lo es, además de por las razones citadas más arriba, por lo en "tierra de nadie" que los dejaba: Para sus seguidores de toda la vida, se trataba de un desplante inexplicable; para el target que pretendían conquistar, aquellos maduros proto-punks no tenían mucho que ofrecerles; Para nosotros,un disco a reivindicar y una -otra- prueba más de la grandeza que atesora el combo neoyorquino, qué incluso cuándo apostaban por el perfil medio y el sutil cambio estilístico tiraban a dar. Larga vida a The Dic... Manitoba's Wild Kingdom!
viernes, 13 de enero de 2012
The Pleasure Fuckers - "Fuckdelux"
Vale, The Pleasure Fuckers no eran, contraviniendo la opinión de ciertos nostálgicos de lo que se cocinaba en Malasaña, la mejor banda de Rock and Roll del mundo. Ni siquiera del país. Tampoco creo que esa fuese la intención de su cabecilla y líder indiscutible, Kike Turmix.
El grupo era, en cierto modo, un eslabón más que completaba la faceta de Turmix de hombre renacentista del R'n'R inmediato: Un bonito colofón a su labor como pinchadiscos connaiseur (que a veces se permitía el lujo de hacer sesiones solo de Caras B), colaborador en diversos medios, destacado crápula de la noche madrileña (entre sus compañeros de juerga pretéritos se contaban Stiv Bators o los Ramones) capitoste de su propio sello discográfico y, cómo no, mítico promotor al que debemos la difusión del proto punk, el high energy de las antípodas y las manadas de grupos escandinavos por estas tierras.
Por si todo eso fuera poco, para colmo, The Pleasure Fuckers llegaron a ser una verdadera banda de culto con todas las de la ley: Sus trabajos eran distribuidos por una miríada de sellos undergrounds de reconocida solera (Crypt, Sympathy For The Record...) se patearon el ancho mundo repartiendo r'n'r attitude a raudales, hicieron giras con Nashville Pussy (haciendo fechas en fumaderos de crack) y Dead Moon, tocaron en universidades yankees marcándose la vacilada de hacer sets enteros de The Dictators... En fin,podríamos seguir citando vicisitudes, recodos y demás muestras de poder del grupo ad aeternum.
Puede que la fórmula de los Fuckers no fuese el paroxismo de la originalidad, pero era francamente efectiva: Estructuras, shuffles y licks del primitivo early R'n'R hipervitaminadas y haciendo parada en Detroit y Nueva York. El resultado era como una locomotora descarrilando de manera permanente, con Mike Sobieski y Norah Findlay cruzando sus guitarras y los aullidos desquiciados de el gordo rematando la faena.
Ni que decir tiene que "Fuckdelux" no es la obra por la que el grupo será recordado. Ahí tenemos "Supper Time" (con la icónica portada de Mauro Entrialgo) o el vindicado "Ripped To The Tits" para mostrar los vicios y virtudes del combo. Pero qué quereis que os diga, éste maxi ofrece algunas razones para ser reseñado. El homenaje/parodia/vacile del título hacia cierta publicación musical de tirada nacional, el elenco de versiones escogidas que va desde grupos coetáneos a influencias pasando por relecturas inimaginables y los ramalazos surf del final conforman un bonito fetiche no de obligada pero si disfrutable escucha.
Abren a toda mecha guiñándole a los Suicide Kings (olvidadísimo grupo neoyorquino de los primeros 90's) con "First Fight", un tema que no hubiese desentonado en una obra convencional del combo capitalino, suben revoluciones -más- en "Yeah!" relectura del tema de los aussies Space Juniors. Primer volantazo y cambio de registro para homenajear a Rod Stewart ¿Escogen un tema de los Faces? ¿De sus obras en solitario de los primeros 70's? No y no. La elección recae en el megahit "Hot Legs" que transmutan en un hipervitaminado y salvaje R'n'R que arrasa con todo.
Toca ajustar cuentas con viejas influencias y ahí es donde entran en juego Rose Tattoo, de los que versionan, ni más ni menos, la atómica "Astra Wally" que precede a la cima absoluta del redondo, ese "Chica Alborotada" de los Locos del Ritmo , a mi juicio, una de las mejores relecturas que jamás haya oído de este número de rock chicano, un verdadero rompepistas. Dejemos en anecdótica la versión de "Nitro" (Dick Dale) con la que echan el cierre al disco.
Como ya dejaba caer, The Pleasure Fuckers no inventaban la pólvora, más bien empleaban toda la que tenían a mano a mayor gloria de este explosivo compendio de sudoroso y ardiente Rock and Roll.
El grupo era, en cierto modo, un eslabón más que completaba la faceta de Turmix de hombre renacentista del R'n'R inmediato: Un bonito colofón a su labor como pinchadiscos connaiseur (que a veces se permitía el lujo de hacer sesiones solo de Caras B), colaborador en diversos medios, destacado crápula de la noche madrileña (entre sus compañeros de juerga pretéritos se contaban Stiv Bators o los Ramones) capitoste de su propio sello discográfico y, cómo no, mítico promotor al que debemos la difusión del proto punk, el high energy de las antípodas y las manadas de grupos escandinavos por estas tierras.
Por si todo eso fuera poco, para colmo, The Pleasure Fuckers llegaron a ser una verdadera banda de culto con todas las de la ley: Sus trabajos eran distribuidos por una miríada de sellos undergrounds de reconocida solera (Crypt, Sympathy For The Record...) se patearon el ancho mundo repartiendo r'n'r attitude a raudales, hicieron giras con Nashville Pussy (haciendo fechas en fumaderos de crack) y Dead Moon, tocaron en universidades yankees marcándose la vacilada de hacer sets enteros de The Dictators... En fin,podríamos seguir citando vicisitudes, recodos y demás muestras de poder del grupo ad aeternum.
Puede que la fórmula de los Fuckers no fuese el paroxismo de la originalidad, pero era francamente efectiva: Estructuras, shuffles y licks del primitivo early R'n'R hipervitaminadas y haciendo parada en Detroit y Nueva York. El resultado era como una locomotora descarrilando de manera permanente, con Mike Sobieski y Norah Findlay cruzando sus guitarras y los aullidos desquiciados de el gordo rematando la faena.
Ni que decir tiene que "Fuckdelux" no es la obra por la que el grupo será recordado. Ahí tenemos "Supper Time" (con la icónica portada de Mauro Entrialgo) o el vindicado "Ripped To The Tits" para mostrar los vicios y virtudes del combo. Pero qué quereis que os diga, éste maxi ofrece algunas razones para ser reseñado. El homenaje/parodia/vacile del título hacia cierta publicación musical de tirada nacional, el elenco de versiones escogidas que va desde grupos coetáneos a influencias pasando por relecturas inimaginables y los ramalazos surf del final conforman un bonito fetiche no de obligada pero si disfrutable escucha.
Abren a toda mecha guiñándole a los Suicide Kings (olvidadísimo grupo neoyorquino de los primeros 90's) con "First Fight", un tema que no hubiese desentonado en una obra convencional del combo capitalino, suben revoluciones -más- en "Yeah!" relectura del tema de los aussies Space Juniors. Primer volantazo y cambio de registro para homenajear a Rod Stewart ¿Escogen un tema de los Faces? ¿De sus obras en solitario de los primeros 70's? No y no. La elección recae en el megahit "Hot Legs" que transmutan en un hipervitaminado y salvaje R'n'R que arrasa con todo.
Toca ajustar cuentas con viejas influencias y ahí es donde entran en juego Rose Tattoo, de los que versionan, ni más ni menos, la atómica "Astra Wally" que precede a la cima absoluta del redondo, ese "Chica Alborotada" de los Locos del Ritmo , a mi juicio, una de las mejores relecturas que jamás haya oído de este número de rock chicano, un verdadero rompepistas. Dejemos en anecdótica la versión de "Nitro" (Dick Dale) con la que echan el cierre al disco.
Como ya dejaba caer, The Pleasure Fuckers no inventaban la pólvora, más bien empleaban toda la que tenían a mano a mayor gloria de este explosivo compendio de sudoroso y ardiente Rock and Roll.
sábado, 7 de enero de 2012
Supersuckers - "The Evil Powers of Rock 'N' Roll"
Curioso contraste el que tuvo que producirse en la nómina de Sub Pop cuando decidieron reclutar a los Supermamones. Pongámonos en situación: Nos encontramos en los primeros 90's, en la ciudad de Seattle, germen, cuna y epicentro de aquello que se dió en llamar grunge, en pleno reinado de grupos como Pearl Jam o Soundgarden. ¿Y quiénes eran el nuevo fichaje de la escudería? Unos tipos que decían venir de Tucson, surgidos de las cenizas de un combo punk pretérito, The Black Supersuckers, con pintas de cowpunks pasados de rosca y capitaneados por un tal Eddie Spaghetti.
Venían dispuestos a despeinar al personal a base de Punk n' Roll cavernícola y macarrónico, y en esas estuvieron la primera mitad de la década, hasta la edición del nunca del todo ponderado "The Sacrilicous Sounds of the Supersuckers", en el que su habitual R'n'R hijo de Motörhead y primo hermano de Zeke abría la puerta a duelos guitarreros á la Thin Lizzy (combo del que la banda se declararía en lo sucesivo como heredero y valedor) y una querencia más acusada por las tesituras clásicas.
"The Evil Powers of Rock 'n' Roll" primer lanzamiento de la banda tras su flirteo con el country, es, claramente, un disco continuista con respecto a "The Sacrilicous..." aunque con mayor tendencia si cabe por lo clásico, las melodías, los solos y el clasicismo rockero bien aliñado con su chulería marca de la casa. El cambio, cómo era de esperar, no sentó nada pero que nada bien al sector más talibán de sus fans, que no dudó en echarse a llorar por las esquinas acusando al grupo de pasarse al heavy metal (sic) venderse y esa clase de acusaciones, pobres de contenido, que suelen verter aquellos que conciben su música como una suerte de compartimento estanco cerrado a cal y canto a cualquier posible apertura.
El común de los conocedores de la banda, en cambio, no dudan en considerar al "Evil Powers..." como uno de los mejores -sino el mejor- disco de los Supersuckers. Y con razón, desde luego: Nos encontramos ante un redondo potente, clásico, atemporal y, lo más importante de todo, libre de todo corsé estilístico más allá del de puro y simple Rock And Roll.
El disco abre a toda máquina, con "The Evil Powers of Rock 'n' Roll", "Cool Manchu" y "I Want The Drugs", atómicos cortes de Punk n' Roll, pero más tamizados, lejos de la suciedad de lo que exhibían en "The Smoke Of Hell". "Santa Rita High" aleja un poco el pie del acelerador pero mantiene el pulso hasta llegar a su icónico final para dar paso a la punkarrera "Dead Meat".
"Stuff n' Nonsense" mostraba una cara hasta la fecha inédita en la discografía de la banda: La de su innegociable condición de creadores de grandes melodías,mostrando su corazón más (pongan todas las comillas que gusten) pop por así decirlo, siendo de paso una de mis preferidas del álbum. No menos inédita era, dentro de sus cánones sónicos habituales, "Dirt Roads, Dead Ends and Dust", una poderosa a la par que épica exhibición de Roots Rock que tuvo que dejar boquiabierto del todo a ese sector de seguidores desencantados del que os hablaba más arriba.
En "Fisticuffs" y "Gone Gamblin" retoman su vena más espídica y marrullera dando paso a la hímnica "My Kickass Life" , toda una declaración de intenciones ("I’m in the band/I’m the man with the goldtop in my hand") Preludiando el final tenemos la solemne "Goin' Back To Tucson", la brevísima -y destacable- "I Can't Hold Myself the Line" inspirado ejercicio de Punk Rock old school donde la sombra de Social Distortion se perfila alargada y, poniendo punto y final, "Hot Like The Sun" suerte de doble canción en una, de acelerado y desquiciado comienzo para desembocar en el monolítico y saturado corte que despide este genuino festín de Rock and Roll.
"The Evil Powers..." terminó de consolidar a los Supersuckers en su condición (que hoy, tantos años después, todavía mantienen) de grupo de culto absolutamente fiel a sí mismo y sus circunstancias. Ajenos a florituras y vaivenes del negocio siguen proclamándose allá donde van "the greatest rock and roll band in the world since Thin Lizzy" , y, el hecho de que eso sea cierto o no resulta del todo irrelevante si lo comparamos con la actitud,el corazón y las pelotas que demuestran al vindicarse como tal.
domingo, 23 de octubre de 2011
The Crepitos - "Wicked Mind"
The Crepitos fueron parte activa de ese marasmo de bandas surgidas en España a finales de los 80's y principios de la década posterior, con querencia por las bandas de culto y especial e indisimulada inclinación por el inglés como lengua en la que expresarse. En la categoría en la que incluimos a los de León también podríamos meter a otros tantos que comparten esas coordenadas, caso de los capitales Sex Museum, los espídicos The Pleasure Fuckers, el Power Pop guitarrero de los Crocodiles, los acólitos al garage/beat 60's cómo Dr Explosion o admiradores confesos del "one, two, three...!" y demás herencia Ramones, caso de, verbigracia, Shock Threatment. En semejante paisaje musical, ¿Qué partido tomaban The Crepitos?
Lo suyo era, a grandes rasgos, el Rock and Roll con matices bubblegum y poperos (podríamos decir Power Pop, pero se dice y se comenta que la etiqueta no le hacía mucha gracia al grupo) aliñado con matices nada desdeñables del Nuevo Rock Americano que despuntó en los 80's, siendo su música algo así cómo el punto de encuentro entre los combos sixties con gusto por la melodía, los Ramones de discos cómo "Pleasant Dreams" y la labor de formaciones cómo The Replacements o los Long Ryders.
"Wicked Mind", un single registrado para el fanzine Rock Indiana, fue la carta de presentación de la banda, amén de un aviso redondo de por dónde iban a ir los tiros de su cancionero posterior.
El tema homónimo, que de paso sea dicho es mi preferido de ellos, da el pistoletazo de salida: Una poderosa batería, un omnipresente órgano, una melodía hiperpegadiza y un acertadísimo uso de los coros son las señas de identidad de este pildorazo de R'n'R hipermelódico y perfectamente construido. "Feather Brain" sería, en un mundo idílico, con un mínimo de cordura, un verdadero top of the charts, toda una exhibición de estilo y poderío en poco más de dos minutos. Es en "No Turning Back" dónde más a las claras se aprecia la querencia del grupo por las estructuras épicas del Nuevo Rock Americano, sin renunciar por ello a sus señas de identidad más melódicas e inmediatas.
Desgraciadamente (y al igual que podríamos decir del 99% del fondo de catálogo nacional de Rock Indiana) el recuerdo que ha quedado de The Crepitos es algo así como de undergrounds del underground, siendo mencionados, casi sin excepción, cómo el grupo de juventud de Juancho Bummer, bajista de los Hard Rockeros -y también recomendables, aunque un escalón por debajo de éstos- Bummer y actual escudero de Paul Collins, sin profundizar en el hecho de que poseían un cancionero formidable, un cúmulo de influencias superior y los ingredientes de una fórmula que les permitió facturar una verdadera colección de potenciales hits. En fin, fuere como fuere, nunca es tarde para enfrentarse al poderío de The Crepitos.
lunes, 20 de junio de 2011
Backyard Babies - "Total 13"
He aquí una banda que me produce sentimientos encontrados. Los Suecos, pese a facturar éste pequeño clásico del Rock and Roll en el ocaso de los 90's, me parecen una banda que, la mayor parte de su carrera posterior nadaron en la medianía, excepción hecha a un puñado de temas, y, sobre todo, a ese tratado de Rock límpido y á la Hellacopter que fue "People Like People Like Us". Su final ni siquiera podemos decir que fuera malo, sino, puede que peor tadavía, insulso. Sin pegada. Pero no adelantemos acontecimientos. En el '98, los chicos del patio de atrás, eran una banda dispuesta a arrasar en el underground europeo, con un Dregen recién huido de The Hellacopters para dedicarse a tiempo completo a la banda de su vida.
En "Total 13" se aúnan las enseñanzas de Mike Ness y sus Social Distortion, los Dead Boys y los Ramones con los poderosos riffs de grupos cómo AC/DC, con especial parada en la movida Angelina 80's, representada por tipos como Guns And Roses o Faster Pussycat, equilibrando la balanza, el glamour y savoir faire de una influencia diría que fundamental en los primeros compases de la banda: Hanoi Rocks.
El disco guarda más semejanzas con un greatest hits que con un compacto al uso, funcionando como una equilibrada sucesión de riffs matadores, estribillos de puño en alto y letras chulescas. "Made Me a Madman", clásico instantáneo de la banda, abre fuego, y, lo que viene después de ahí, por todos debería ser conocido: Cortes infecciosos del tipo de "U.F.O Romeo", "Highlights" o "Get Dead", el single perfecto de Punk n' Roll refrescante y pegadizo como el chicle que es "Look At You", el macarreo destroyer deudor de Motorhead (esa línea de bajo, amigos) en "Let's Go To Hell", la muralla sónica de "Spotlight The Sun", el Hard a medio gas, que no potencia de "Eightballed". Las avasalladoras guitarras de "Ghetto You" dan paso a otro de los, a mi juicio, grandes himnos del redondo, "Subculture Hero". Echando el cierre, la tripleta final, la rockandroller "Bombed", la hipervitaminada "Hey, I',m Sorry" y "Robber Of Life" un corte tan influenciado por los Social Distortion más pasados de rosca como por los Hellacas del "Payin' The Dues".
No, los Backyard Babies no inventaban la pólvora con "Total 13", pero ofrecían justamente lo que anunciaban: Trece cortes matadores que apenas daban respiro al oyente. Puede que la escuela que crearon (ya saben, bandas de tipos hipertatuados poniéndose las Gibsons a la altura de las rodillas) no pasara de anécdota y es un hecho que sus trabajos posteriores, víctimas de una tamización y refinado de su fórmula, no estaban a la altura de lo aquí expuesto, pero lo que si podemos afirmar es que con ésta obra Nicke Borg y los suyos alcanzaron su cénit, que, tristemente, se vió seguido de una tendencia claramente descendente.
jueves, 16 de junio de 2011
Dr. Explosion - "El Loco Mundo De Los Jóvenes"
Jorge Explosion es un cruzado. Un tipo que, en los primeros compases de los 90's, bien pertrechado de instrumentos vintage y respaldado por un robusto cancionero dió rienda suelta a sus influencias sixties, con parada especial en luminarias algo olvidadas de la british invasion y aledaños como los Troggs, The Standells o The Sorrows, alguna que otra concesión al revival ochentero liderado por los Fuzztones y, -he aquí su gran diferencial-, equilibrando la balanza, poniendo en igualdad de condiciones, formaciones patrias como Los Brincos o Los Salvajes.
Pese a que casi todo el mundo cree que "El Loco Mundo De Los Jóvenes" es el debut de los astures, lo cierto es que la banda se había presentado en largo poco antes con el cuasi-maquetero , "Vivir Sin Civilizar" ostentiblemente más escorado hacia terrenos Rythm & Blues que su sucesor aunque ya apuntando maneras.
Alternando sin tapujos cortes en castellano con incursiones en la lengua de Shakespeare, el disco abre con una tripleta perteneciente a la primera categoría. Las dos primeras, "¡Basura!", y la, solicitadísima en sus shows, "Eres Feo, Chaval", dejan claro que, pese a los mimbres en los que basan su sonido, su lírica transitaba, al menos en esa época, por otros vericuetos, abrazando el gamberrismo y haciendo del desenfado sus armas más reconocibles. "Rompí la Televisión" suena a glorioso garage rock, con deliciosa caída melódica que da paso al cover de "Garden Of My Mind", pretérito número de The Micky Finn que más tarde pondrían en boga los Fuzztones. "I Really Don't Care", nos trae a la cabeza , irremediablemente, a Sky Saxon y sus Seeds, mientras que "Free Your Troubled Mind" es, desde su mismo título, un corte de garage con ramalazo psych de manual. Descubren sus influencias instro surf en "Breakin' The Wave" y sacan a pasear toda su chulería en "Hey Little Girl", corte matador, pilotado por un riff incontestable.
Mención especial merece "Someday", mi preferida del disco y casi diría que de la banda. Pese a mantener el anclaje en terrenos sesenteros y afectos al rock garagero, avanza en cierto modo el viraje que darían, en ocasiones posteriores, a terrenos rayanos al Power Pop. Una verdadera joya. Retoman el pulso surfer en "Surf n' Shake" un corte a medio camino entre Link Wray y los Trashmen. "Peep Show Baby" es otra verdadera pieza de orfebrería musical, una canción perfectamente empastada y otra de las cimas del redondo. Ya en los últimos compases del disco, enlazan un par de relecturas de relumbrón, un contundente "Vivir Sin Tí" de los Stones de Las Ramblas, Los Salvajes y "Let Yourself Go" de los casi ignotos, y suponemos por su nombre que gran influencia, The Music Explosion. "Come Back" echa el cierre a ritmo de country folk a la usanza de cómo lo facturaban los Rolling Stones de Brian Jones.
Es posible que Dr. Explosion no cuenten con la admiración de aquellas tribunas de opinión que otorgan prioridad a la innovación sobre las canciones, aún a riesgo de que el exceso de lo primero adolezca de escasez de lo segundo, tampoco creo que gocen del aplauso de según que medios, que vuelven la vista a todo lo que huela a 60's, no así a lo que lleva el sello de décadas posteriores. Aunque lo más seguro es que a Jorge, alguien al que no le tiembla el pulso a la hora de decir que el "Rock es aburrido, el Rock and Roll diversión" o de cargar contra el Cd-Rom, poniéndolo a la altura del calimocho en un símil de tintes enológicos, todo eso le importe un bledo. El y su banda siguen ahí, editando discos, ofreciendo conciertos explosivos y luchando por su particular concepción de esta nuestra música.
lunes, 13 de junio de 2011
The Killer Barbies - "...Only For Freaks!"
A veces uno se pregunta quién diablos es el encargado de redactar la historia del Rock and Roll de este país. Sea por acto de omisión o inclusión, si leyesemos la versión oficial de los hechos, hasta antes de La Movida en éste país no había sitio para lo alternativo, relegando a formaciones como Los Brincos, Los Salvajes o Los Bravos a un papel rayano en lo inexistente. Unos colosos como Burning suelen ser mencionados de rondón, la mayoría de las veces para hacer hincapié en su leyenda maldita, jalonada de drogadicción y muertes. Llegados a la década de los 90's, la inclusión en tan sesgada historia se polarizó en dos bandos: por un lado, el incipiente indie nacional, de una mediocridad tan evidente cómo su inclusión en según que medios. En la esquina opuesta del ring, cierto grupo, de cuyo nombre no quiero acordarme, y que para algunos supone la cima del Rock patrio, henchido de histrionismo, influencias siniestras y misticismo de carnaval.
Incluso a un nivel underground se producía este fenómeno. Mientras nombres destacados de la escudería Subterfuge como Dr Explosión o The Killer Barbies comenzaban a despuntar y a codearse con la escena internacional, aquí el mérito se lo llevaba cierto trasunto de la escena de Seattle, que hace poco dejó de ponerle velas a Kurt Cobain para pasar a agasajar a Madonna. ¡País!
The Killer Barbies, que grupo tan jodidamente especial. Sus discos son verdadera piezas de música de evasión, cuya escucha supone transitar senderos repletos de iconografía pop. Al igual que Lux Interior y Poison Ivy, Billy King y la explosiva Silvia Superstar unieron fuerzas en la barbie asesina para dar rienda suelta a sus filias, no sólo las musicales, haciéndolo extensible a otros ámbitos, como el mundo del cómic o el cine de Serie B. Su debut, Dressed To Kiss", de espíritu campy y kitsch desde la misma portada y generoso en versiones, de Elvis a los Sex Pistols pasando por las Ronettes y las Lolitas, y con himnos como la generacional y deliciosa "Love Killer" o ese guiño a los seguidores del Vengador Tóxico, "I Wanna Live In Tromaville", fue un pequeño éxito, que permitió a la banda efectuar una gloriosa minigira por los Estados Unidos, con paradas tan insignes como el festival de cine de Roger Corman, el legendario Max's Kansas City (Por mediación de Joey Ramone) e incluso a compartir escenario con los Dictators. No está nada mal para un grupo que acababa de empezar, ¿Verdad?
Para el siempre díficil segundo álbum no se hicieron esperar demasiado, y en el plazo de un año con respecto a su predecesor veía la luz "...Only For Freaks!". Un disco, en parte y desde la carátula, continuista de la senda iniciada en "Dressed To Kiss" y deudor de las mismas influencias de aquel, a saber: Punk Rock ramoniano y Pop 60's a lo Ronettes/Shangri Las, abriendo la manga lo suficiente para que entrasen sonidos más contemporáneos, pero sin pasarse. No parecen las influencias más originales del mundo, lo sé, pero sabían trabajarlas hasta crearse un sonido poseedor de un aura única y perfectamente reconocible.
En "...Only For Freaks!" encontramos momentos dignos de su debut, caso de "Freak Show", "Chinatown", "Pinball", "No Waves" o el homenaje a la reina del porno de los 70's, "Traci Lords", aunque también hay una remesa de temas que, manteniendo sus señas de identidad, se nutren de sonoridades bubblegum mostrando la cara más abiertamente pop y deliciosa de la banda, hablo de cortes como "Chainsaw Times", "Be Your Girl" o la versión que se marcan del "Train From Kansas City" de las Shangri Las.
Lo que devino debería ser conocido por todos. Sabedores de su poco tirón por estos pagos, la banda decidió centrar sus giras en Alemania y Japón, dónde son tenidos por poco menos que un grupo de culto, siendo sus conciertos dentro de nuestras fronteras una verdadera rareza. Su labor discográfica ha quedado prácticamente aparcada (Siendo su última obra hasta la fecha el algo lejano "Sin Is In") y hace un par de años se produjo el debut en solitario de Silvia Superstar, de clara orientación electrónica y que, más que por sus logros, parece ser conocida por según que facción de la escena como una secundona, esperemos que ilustre, del universo Alaska, de la que aparece como invitada en sus shows.
Un final, en definitiva, algo agridulce, para la historia de una banda cuya repercusión y memoria en este lugar, tran proclive a entronizar medianías, permanecen algo tibias. ¡País!
domingo, 29 de mayo de 2011
Link Wray - "Shadowman"
Guitarrista de incuestionable influencia y prolífica descendencia, David Lincoln Wray, fue el prototipo de eso que los yankees dan en llamar maverick y aquí algunos conocen como francotirador, esto es, un tipo que rompió el molde desde el minuto uno, a mil millas de distancia de conceptos como la autocomplacencia y siempre dispuesto a bucear, desde su perspectiva cruda y orgánica, a las profundidades abisales de la tradición musical norteamericana.
En los lejanos 50's de rockabilly y brillantina metió sus influencias country en una batidora de surf distorsionado y chirriante y, sin saberlo, apadrinó el antiguo testamento de lo que devendría en punk rock y heavy metal (También llamado power chord), pero, claro está, no todo fue "Rumble" y el bueno de Link no tuvo reparo en adentrarse en terrenos lindantes al Rythm and Blues más negroide (Para muestra su disco homónimo del '71) o el Country de donde venía con los Wray Bros. fusionado con su particular concepción del Rock and Roll. Cómo suele suceder en este tipo de trayectorias, la categoría de pionero, lejos de otorgarle fama y dividendos, le hacía discurrir en paralelo a la senda del éxito. No deja de resultar significativo que uno de sus mayores períodos de fama tuviese lugar cuando se alió con Robert Gordon en el ocaso de los 70's para tributar a los viejos oldies de la década prodigiosa del R'n'R. Muy significativo.
Afortunadamente, esa unión le hizo vivir una segunda juventud que, aparejada con sus constantes giras por Europa y la reedición de la mayoría de su catálogo por parte de sellos como Norton o Ace también se vio reflejada en las más que disfrutables obras de estudio con que nos obsequió hasta el fin de sus días. Cierto, no es "Shadowman" su obra más importante, pero si supone un digno testimonio de la buena forma en la que se encontraba éste pionero de la guitarra Rock y de lo alto que mantuvo el listón, incluso en sus supuestas obras de perfil medio.
Pese a encontrarse cerca de la setentena, el maestro Wray mantenía intacta su pasión por la crudeza y la distorsión. Ahí tenemos las instrumentales "Rumble On The Docks", "Night Prowler" o "Moped Baby" para corroborarlo. O la enloquecida relectura que se marca del "Heartbreak Hotel". "Geronimo" da paso a "Young Love" y señores, toca recordarlo una vez más: Pese a qué casi nadie lo recuerda por ello, Link Wray era un gran cantante, dotado de un gran feeling, directo y sin barreras hacia el oyente. Él tema sigue la senda más accesible y afecta al Rock americano de su cancionero, en la onda de cortes anteriores como "Trying To Find Your Love". Apuntando todavía en esa dirección, también es digna de mención "I Can't Help It (If I'm Still In Love With You)", entre el Elvis más country y la melancolía fifties.
Otro aspecto a resaltar del disco, al menos en parte, es la sensación de feedback que transmite, me explico: Link apadrinó, aún lejanamente, parte del Punk y el Hard Rock y aquí da la impresión de que se nutre de esas influencias a las que contribuyó, cerrando el círculo. ¿No se perfila alargada la sombra de The Cramps en "Run Through The Jungle"? ¿Acaso no suena la colosal "You Make It So Easy" a Punk Rock clásico por los cuatro costados? ¿Soy yo el único que percibe un riff digno de The Who en "Listen To The Drums"?
Pensar en Link Wray es evocar una serie de estampas sonoras y plásticas de indudable atractivo y fuerza: Es hablar de cuero, amplis agujereados, guitarras compradas en casa de empeño, instrumentos guardados en elegantes coches fúnebres para evitar que sean robados y ensayos en garages. Es hacerlo de suciedad, reverberación y distorsión crepitante: La historia misma del lado más crudo, genuino y sin adulterar del Rock And Roll.
lunes, 16 de mayo de 2011
The Devil Dogs - "Saturday Night Fever"
Paradigma de entidad insobornable y por encima de tendencias, The Devil Dogs practicaban la clase de sonido que causaba furor entre los acólitos del sello underground Crypt Records, a saber: Querencia por lo vintage, gusto por los decibelios y la inmediatez por bandera. En sus anteriores y muy recomendables LP's ya habían dejado afianzada su fórmula, eminentemente heredera del sonido de su ciudad, desde la prehistoria pop del Brill Building (factoría compositiva detrás de algunos éxitos de, por ejemplo, The Ronettes) al Punk de los Ramones pasando por, cómo no, las glorias locales del proto-punk, formaciones como New York Dolls o The Dictators. Súmale a eso un innegable aura fifties vía Elvis y algunos ramalazos Surf/Doo Woop sesenteros á la Beach Boys y te podrás hacer, más o menos, una idea de cómo sonaban Fabulous Andy G y sus compinches, pasándolo todo, eso sí, por el turmix del Punk n' Roll más salido de madre.
Y es que para "Saturday Night Fever" la banda tuvo a bien afilar su sonido, subiéndolo de revoluciones y reduciéndolo en minutajes. Quizás la labor a los mandos del salvaje de Kurt Bloch (de The Fastbacks y productor de grupos como Supersuckers o Nashville Pussy) tuviese algo que ver en este endurecimiento. Cábalas aparte, la tripleta inicial "Big Fuckin' Party"/ "Dance With You Baby"/"Gonna Be My Girl" suena cómo poco menos que una andanada que, irremisiblemente y según como nos pille, puede ponernos las pilas para el resto del día o causarnos una terrible jaqueca. No se pierden en florituras los Dogs, facturando momentos completamente motorheadianos, hasta en los títulos - "I Don't Believe You", "Back In The City"- escupiendo salvas punkarras del calibre de "Stuck In 3rd Gear" o poniendo su corazoncito Rockabilly al servicio de la distorsión y el guitarreo más pasados de rosca, o lo que es lo mismo, "Alright!". Pero The Devil Dogs también tenían su poso poppie urbanita, y ahí es donde entran en juego "Backstage" -gloriosa- o esa adictiva "Sweet Like Wine" que suena a declaración callejera definitiva. Su "Be My Baby", vaya. Y hablando de The Ronettes, la tríada Spector resulta objeto de tributo mediante una conseguida relectura de "So Young". El otro ofrendado es el chico de Tupelo, del que se marcan un speedico "Burnin' Love".
The Devil Dogs demostraron, igual que tantos otros antes (y alguno después) que con un puñado de power chords, unos estribillos adictivos y la chulería para parar un tren que poseían, es perfectamente posible crear una obra magna de Rock And Roll. Y si no me crees prueba a colarte en esta gran fiesta que es "Saturday Night Fever" y me lo cuentas.
sábado, 14 de mayo de 2011
The Black Crowes - "By Your Side"
Hay veces en las que uno se muestra tan a contracorriente de los postulados mostrados por los seguidores de ciertos grupos (y, en ocasiones, suscritos por éstos) que llega a preguntarse si realmente puede considerarse fan o no de el. Algo así me sucede a mí con los Black Crowes. Me explico.
El común denominador de su público considera "Amorica" su obra maestra y le concede a este "By Your Side" el status de obra menor, llegándolo a poner en inferioridad de condiciones con respecto a sus recientes álbums de regreso. Para más inri, los propios hermanos Robinson, unos bocas de cuidado, no guardan muchas palabras amables para este disco y si tomamos sus declaraciones al pie de la letra extraemos la conclusión de que su carrera empezó con el "Lions", considerando su etapa anterior, la más granada, cómo poco menos que un prólogo. Para mí, en cambio, "By Your Side" supone, en dura pugna con su debut, la cima de lo editado bajo la etiqueta de los cuervos de Atlanta. Comparte con "Shake Your Money Maker" una querencia por la inmediatez y una inequívoca pretensión de volver a las raíces que lo aleja diametralmente de las texturas de "Amorica" o "Three Snakes And One Charm".
El sonido del disco se nutre de los Stones era Mick Taylor, los Aerosmith más viciosos de los 70's y, muy especialmente, de Led Zeppelin. Completaban la fórmula añadiendo una serie de deliciosos matices Souleros, coros gospel y secciones de viento que ahondaban en el componente nocturno y festivo del disco.
Y es que "By Your Side" sabe a periplo noctámbulo, a deshoras, a malas compañías que pueden ser las mejores en esa tesitura. No se nos escapa que, según declaraciones del propio Chris Robinson, la mayor parte del material del disco fue compuesto en Nueva York, en una época en la que el frontman vivía la noche de la ciudad de los rascacielos intensamente, siendo un habitual de su escena discotequera. Y esa nocturnidad empapa los surcos del disco.
El disco abre fuerte, con trallazos del calibre de "Go Faster" y "Kickin' My Heart Around". "By Your Side" supone la primera incursión en terrenos Soul y la crujiente "HorseHead" da paso a una de las cimas indudables del redondo, "Only A Fool" exuberante corte, enriquecido por los metales.
"Heavy" otra gran canción, precede a "Welcome To The Goodtimes". Dios, que canción tan evocadora, resulta sumamente fácil dejarse llevar por ella y verse rodeado de nieve, literal y, ya saben, figurada. Algo así como un villancico cósmico. "Go Tell To The Congregation" mete el dedo en la llaga del gospel y el funky. Un delicioso hammond conduce "Diamond Ring", grandioso corte, arropado de coros con regusto negroide. Ya en la recta final nos encontramos con "Then She Said My Name" y "Virtue And Vice", especial mención para esta última, la más marcadamente Zeppeliniana del redondo, épica, contundente y mística.
Lo repetiré una vez más: Para mí, de lo mejor de los Crowes. Aunque al sector más americana de sus seguidores no le hiciera mucha gracia ver a su banda enfundada en boas de plumas y retomando el pulso con el que habían irrumpido años atrás, no puede negarse la grandeza de este álbum. Su grado de excelencia y riqueza musical rayan en lo intimidatorio. Las canciones que contiene, frescas y atemporales, no han perdido un ápice de su pujanza y la avasalladora positividad que transmite continúa siendo irresistible.
martes, 10 de mayo de 2011
The Hellacopters - "Payin' The Dues"
Es un hecho: Cuándo una banda bate marcas, llega lejos y rompe estúpidas barreras estilísticas siempre habrá una facción de sus acólitos que renegará de ella, se escudará en el "cualquier tiempo pasado fue mejor" y despotricará de cada lanzamiento suyo antes de haber escuchado una sola nota del mismo. The Hellacopters no supusieron una excepción a tan lamentable regla. Cuesta creer, echando la vista atrás, el poco crédito que cierta parte del público le concedía en el ecuador de su trayectoria, máxime si tenemos en cuenta la elevada media de su obra, entre lo notable y lo sobresaliente.
Para mí, los suecos son la penúltima venida del Rock n' Roll guitarrero en su estado más puro. Sin aditivos. Alunizaron en el panorama allá por la primera mitad de los 90's, destilando las esencias de Stooges y Motörhead a mayor gloria de aquellas verdaderas murallas sónicas con las que debutaron en largo. Abrieron la puerta a sus adorados KISS en el potentísimo "Grande Rock" (lo que dicho sea de paso, comenzó a mosquear al sector más punkarra de su público) y, a partir de "High Visibility" abrazaron la atemporalidad, moviéndose con soltura entre las distintas tesituras del género, del High Energy a los ramalazos Stones 70's, pasando por atisbos de Southern Rock y Power Pop. Creo hablar en nombre de muchos, al menos de mi generación, cuando digo que a esta banda le debemos el hallazgo de formaciones indispensables tales como MC5, Sonic's Rendezvous Band o The Rubinoos, entre otras.
Me decanto por "Payin' The Dues" por una sencilla razón: A este disco no le sobra ni una sola canción. Además, transmite esa sensación de haberse grabado prácticamente a la primera toma, sonando crudo y deslavazado, pero sin llegar a las cotas de su predecesor, "Supershitty To The Max". Puliendo, por decirlo de algún modo, la fórmula con la que habían dado a conocer.
Partiendo de una base tan heredera del Detroit Proto-Punk como del Hard Rock más grasiento y punkarrerizado de los 70's, los Hellacas presentaban, en poco menos de media hora, una verdadera colección de himnos. De la chulería rabiosa en la inicial "You Are Nothin", a la definitoria -de aquello que se dió en llamar escena escandinava- "Riot On The Rocks". Del sutil corazón pop, cuyo latido queda enterrado bajo una capa de riffs distorsionados de "Hey!" a esas dos salvas de artillería que son "Soulseller" y "Where The Action Is". De la sucintamente fifties "Twist Action" a la densidad pétrea de "Colapso Nervioso" para llegar a la grand finale con la que quizá sea mi preferida del redondo, "Psyched Out And Furious", con un Nicke Royale poseído ("Be my backseat driver I'm takin' over seven deadly sins") y la presencia estelar del ínclito Ross The Boss, ahí es nada.
Entre medias, un verdadero tratado de Rock n' Roll chulesco, adrenalítico y atemporal oficiado por los duelos guitarreros entre los sumos sacerdotes Andersson y Dregen (Qué salió perdiendo al pasarse a los Backyard Babies, yo creo) y fielmente secundado por los cumplidores Kenny Hakanson y Robert Eriksson, compacta base rítmica. Amén del por aquel entonces flamante Bobba Fett, que aportaba teclas y regusto classy a la apuesta del grupo, resultando un factor determinante en el posterior avance de los Hellacopters hacia terrenos más setenteros y Hard Rock.
Me sucede algo curioso con éste disco. Cuándo me lo escucho entero y me quedo con ganas de más no encuentro, por más que me afane en buscar, una apuesta sónica de similares mimbres: Ese equilibrio entre contundencia, distorsión, nitidez, rabia y clase sin resultar monótonos ni lineales. Lo mejor de todo esto es que "Payin' The Dues" no fue la cima, sino que, tal y como decía la canción "the best is yet to come". Y si no necesariamente lo mejor, sí episodios de incuestionable grandeza.
martes, 19 de abril de 2011
The Model Rockets - "HiLux"
Hay grupos que, por su calidad, nos escama que no sean reconocidos, aún por esa minoría silenciosa que son los connoisseurs del tinglado. En el caso de The Model Rockets no sólo es eso, sino que directamente es un misterio que con este disco no se convirtiesen en estrellas, superventas permanentemente instalados en los charts de su país. Y es que "HiLux" es una soberbia colección de hits, que bien podría pasar, a oídos del profano, por un grandes éxitos de la banda.
Quizás no despegaron por la coyuntura de la época, ya se sabe: Primera mitad de los 90's, cuando lo que se llevaba, lo que vendía a lo grande, era la negación de las rockstars oficiada por tipos como Kurt Cobain (Que era, eso sí, una genuina anti-rockstar, la otra cara de la misma moneda, para entendernos) En tiempos del life sucks, then you die quizás no había sitio para un disco de luminoso y revitalizante Power Pop como el que nos ocupa.
Otra causa que podemos apuntar es la actitud, el carácter del grupo. En aquellos tiempos de desparrame, tíos tocando en bolas, sobredosis en directo y existencias tormentosas, los Rockets se distinguían por su profesionalidad, su capacidad de mantenerse al margen de la farándula y el Rock And Roll Circus, más ocupados en firmar canciones memorables que en explotar su decadencia de cara a la galería. Funcionarios, en el buen sentido, de la música. Eficientes y disciplinados. Y ya se sabe que eso vende poco, a la prensa musical, o a una cierta facción de la misma le gusta mucho hablar de los músicos, de sus excentricidades y poco o nada de su obra. Recuerdo una vez que ofrecí mis servicios a cierta revista (me abstendré de dar nombres, aunque supongo que adivináreis cuál es) para escribir un dossier sobre los Flamin' Groovies y me dieron el visto bueno, con la condición, eso sí, de que trufara anécdotas a porrillo, enanos con bandejas de cocaína y así, que era lo que el jefe quería, en vez de que me extendiera sobre obras capitales como "Teenage Head" o "Shake Some Action". Ilustrativo ¿No?
Dejando a un lado las cábalas sobre porque los Model Rockets no llegaron a lo más alto con su debut y ya entrando en materia, podemos decir que "HiLux" es un pulido ejercicio de Power Pop, con exquisitos ramalazos de eso que algunos llaman americana, y yo destellos Folk, con una sutil dejadez Punk y, lo más importante, un sonido moderno, compatible con lo que se facturaba en aquellos años pero sin renunciar a sus raíces. A eso súmale unos riffs matadores y un uso magistral de las voces. Con semejantes mimbres, no es de extrañar que produjeran semejante colección de canciones, top of the charts en un mundo perfecto.
Desde la inicial "New Cinnamon Girl" al cierre, soberbio, con "Year Of The Sofa" no falta ni sobra nada. A título personal destacaría "Johnson's Plumbing Supply" , "Never Knew How", una de esas canciones que te iluminan el día; el deje americana, sonando como una suerte de Long Ryders Power Poperos en "Carolyn", la canción perfectamente construida que es "Shapeshifter". Aunque reitero, la elección podría elegir sobre cualquiera de las canciones restantes.
Como decía unas líneas más arriba, The Model Rockets no alcanzaron la gloria, entendiéndola como una aceptación a gran escala, con éste disco. A cambio obtuvieron, al menos, el estatus de grupo de culto, poseedor de un pequeño pero aguerrido reducto de seguidores dispuestos a seguir sus pasos.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Turbonegro - "Apocalypse Dudes"
Hay discos a los que uno lleva queriendo meterle mano desde que se puso frente a un ordenador para dar buena cuenta de sus filias musicales, pero entre una cosa y otra, pasa el tiempo y no se les otorga el espacio que merecen. Incluso discos y grupos que he descubierto más adelante se han colado de mala manera para pillar sitio en la blogosfera. Quién sabe, quizás es el respeto que nos infundan esos redondos el que hace que no los encaremos a tiempo.
Turbonegro han sido, lo digo ahora y aquí, un grupo fundamental en mi background. Les debo un sinfín de buenos ratos y los asocio a otros tantos momentos dulces de mi adolescencia, cuándo todo el tinglado del Rock And Roll se comenzaba a ir abriendo ante mí. No dudo que, desde el punto de vista de un extraño, debe resultar inquietante que alguien considere entrañables a unos tipos enfundados en denim, sórdidas temáticas homoeróticas y decadentismo, pero bueno, no hay ley, afortunadamente, que regle la cordura de nuestros afectos.
Los noruegos fueron parte activa de la llamada escena escandinava, aquella explosión que asoló el underground en la Europa del ocaso de los 90's y que, junto al buen hacer al otro lado del océano de bandas como Supersuckers o Nashville Pussy, consiguieron mantener viva la llama del Rock'n'Roll más genuino y guitarrero. Al igual que sus compañeros de escena, nuestros protagonistas venían del Punk/Hardcore pero con el tiempo fueron refinando su sonido y sus formas hasta que, tal y como les pasó a Gluecifer o The Hellacopters, acabaron alcanzando la atemporalidad, para desesperación del sector más straight de sus acólitos. Y es que, para alguien con cierto magisterio en cuestiones de R'n'R subterráneo, "Apocalypse Dudes" es un álbum totalmente inesperado. Me explicaré: La banda venía de editar un pequeño clásico, "Ass Cobra", una obra heredera en gran medida de Black Flag y que suponía algo así como el colofón a un primer periplo jalonado de cambios de formación constantes y reconocimiento mínimo. Así las cosas, lo lógico era pensar que la banda no se movería demasiado de esas coordenadas y que, con el tiempo, se irían sin hacer mucho ruido. Afortunadamente, nada de eso tuvo lugar.
Pese a mediar dos años entre el disco que nos ocupa y su antecesor, la banda había avanzado un mundo compositivamente hablando. Seguían manteniendo el poso punk pero abrieron de par en par las puertas al Hard Rock. Sí, la influencia de gente como Poison Idea o los Misfits seguía latente, pero más palpable aún era el rastro de grupos como AC/DC, Alice Cooper o The Dictators. Gran parte de las culpas de este golpe de timón tenemos que echárselas al por aquel entonces flamante guitar hero de la banda, Euroboy, que en este disco es poco menos que una máquina de facturar un riff glorioso tras otro. Asimismo, la presencia de teclados cortesía de Pal Pot Pamparius reforzaba la nueva apuesta sónica de la que hacía gala la banda.
Permítanme que me ahorre hacer un comentario exhaustivo, canción a canción, del disco: Estamos ante una colección de himnos perfectamente nivelada, a caballo entre el Punk Rock 70's, el Hard Rock y el Glam.
Creo firmemente que éste es uno de esos discos, al igual que el "Highway To Hell" o los primeros LP's de Motorhead, en el que cada canción cumple de sobras su cometido. ¿Exagerado? Para mí no, desde luego. Mis highlights particulares son, cómo no, la inicial "The Age Of Pamparius" (Nunca una letra sobre pizzas dió para tanto),"Get It On", pese al descarado parecido que guarda con el "I Just Wanna Something To Do" de los Ramones (o precisamente por eso, quién sabe), la fantasía homoerótica y western en la letra de "Prince of the Rodeo", el tono contenido, nocturno y peligroso de "Are You Ready (For Some Darkness)?", las exhibiciones guitarreras en "Humilliation Street" y la gran final con "Good Head".
Hay gente que no duda en señalar a "Apocalypse Dudes" como el mejor artefacto de Punk Rock de los 90's, y eso, en una década que vivió los últimos lanzamientos de los Ramones, es mucho decir. Otros, como Henry Rollins, van incluso más allá y le conceden a la banda de Happy Tom el honor de haber editado la cima europea del género. Yo, por mi parte, prefiero dejar a un lado esas conjeturas y sumergirme en el hedonismo decadente y lascivo con el que estos noruegos terminaron de forjar el comienzo de su culto.
viernes, 28 de enero de 2011
The Detroit Cobras - "Mink Rat Or Rabbit"
En el Rock And Roll, género basado en músicas de raíces y con honda tradición como lo son el Blues o el Country,siempre bajo mi modesto prisma, la originalidad no es prioridad y mucho menos debe servirnos como factor para enjuiciar a una banda por encima de otra. ¿Y a qué viene todo esto?
Pues viene a que The Detroit Cobras basan la mayor parte de su repertorio en covers, relecturas de viejos singles de Fortune Records, caras B's de reinonas del Soul, números de rock chicano y demás delicias para paladares inquietos diseminadas en forma de acetatos y 7" por la autopista del tiempo, con destino al olvido más absoluto si no fuese por su labor de rescate. Y para mí, a diferencia de lo que otros pudieran pensar, eso no menoscaba su talento en absoluto: Es vox populi que Elvis Presley, el Rey, jamás firmó un solo tema de los que interpretó; The Fuzztones, paladines del revival garagero de los 80's, basaban -y basan- gran parte de su repertorio en canciones sustraídas de la generación Nuggets y los combos Proto-Punk de los 60's. Incluso The Cramps tomaron al asalto un sinfín de rarezas de los 50's y primeros 60's, retorciéndolas y fusionándolas hasta soldarlas a su cancionero.
La diferencia entre estos nombres y un decadente karaoke, o peor todavía, una banda de tributo, la establece la posesión de talento y una personalidad propia que les permita crear un filtro por donde pasar todas aquellas influencias de las que se nutren. Y mientras los antes citados regurgitaban el material que tomaban prestado a través de un envoltorio hiperviril, vudú y de ultratumba aderezada de kitsch, respectivamente, The Detroit Cobras lo hacen insuflándole una dosis de crudeza made in Detroit a su cancionero de marcado regusto vintage, sin renunciar por ello a su poso Soul, melódico y elegante, cortesía de la voz de Rachel Nagy, consiguiendo una marcada sensación de atemporalidad.
Si bien, "Mink Rat Or Rabbit" es el primer largo de los Cobras, la banda ya llevaba dando guerra desde el '95, publicando singles de una repercusión prácticamente subterránea y dando lustre a nombres como Nathaniel Mayer o Tony Valla & The Alamos. El sonido que exhibían en su primer LP, al igual que el de aquellos 7", era decididamente deslavazado, áspero, crudo, pero rebosante de encanto, y, a su manera, dulzura. El largo abre con el que más adelante sería el tema más conocido de la banda, "Cha Cha Twist", una recreación muy sui generis de "The Twist" de Hank Ballard, al que le inyectan savia garage-punk, ritmo y chulería. "I'll Keep Holding On", "Putty" y "Easier To Cry" mantienen la nave a base de agitar Soul y Watios con clase, mucha clase. Le dan la vuelta a "Bad Man" de los Oblivians, despojándola del Garage Blues saturado del original y transmutándola en una de las cimas del disco, "Bad Girl"; rescatan "Summer" de The Five Royales, un corte al que ya llevaban tiempo dándole vueltas. La atomosférica "Midnight Blues" nos da tregua para "You Knows What To Do". "Can't Do Without You" es la típica canción que los Detroit Cobras rescatan sin problemas: Soulera, contenida, vacilona y con espacio para el lucimiento guitarrero. Una sugerente línea de bajo da paso a "Hittin' On Nothing", original de Irma Thomas, que si no me fallan las cuentas pasa por ser la artista más tributada en el imaginario de The Detroit Cobras. "Out Of This World" es quizá mi favorita del redondo, la más rockandrollera y sugerente, breve como un disparo y completamente adictiva. La instrumental de corte latin rocker "Chumbawa" precede a la grand finale con una hipervitaminada relectura de "Breakaway" (otra vez Irma Thomas) cercana a los cánones del Punk Rock.
Si hay una frase cierta, es esa que reza que lo clásico jamás pasa de moda. The Detroit Cobras pudieron comprobar la verdad que encierra dicha afirmación en el ocaso de los 90's, cuando, echando la vista atrás y sumergiéndose en las catacumbas de su background, consiguieron ser uno de los puntales de un Detroit que por aquellas fechas comenzaba a despertar de su letargo para retomar su hegemonía underground, llegando a marcar tendencia y sembrando el germen de bandas como The Fondas o The Come Ons, pero nosotros no olvidamos quienes fueron los primeros. Let's Do The Twist!
domingo, 2 de enero de 2011
The Cramps - "Stay Sick!"
No creo exagerar cuando digo que la muerte de Lux Interior ha sido, de cuántas se han producido en mi santoral rockero en los últimos años, la que más honda impresión me causó, y creo que no fui el único al que le costó encajar el golpe: Al hecho de que en 2009 The Cramps eran una banda viva y en plena forma, hemos de sumar que Lux apenas pasaba la sesentena, lo que reforzó aún más, si cabe, la sensación de pérdida inesperada y de imprevista despedida de dos raras avis de nuestro mundillo, cómo lo fueron el y la banda de su vida.
Hay momentos, instantes en la historia del Rock and Roll, que por lo decisivo de su repercusión son siempre dignos de celebrarse, en esa categoría podríamos incluir, sin lugar a dudas, el día en que Erick Lee Purkisher, rumbo a California, recogió a una autostopista llamada Kristy Wallace, sembrando el germen de lo que sería la vía de escape de todas sus filias e influencias musicales, cinéfilas y estéticas: The Cramps.
Hoy en día resulta relativamente fácil montar una banda que reúna el conjunto de influencias con las que ellos trabajaron, mas conviene recordar que The Cramps fueron los primeros que vieron el nexo de unión que conecta la Serie B, el vudú, la cultura kitsch norteamericana y el Rock and Roll. En su coctelera había sonidos heredados de los 50's, Garage, Surf y Proto-Punk, pero también crooners , Cha-cha-chá y música árabe pasados por su genuino tamiz aglutinador. Asimismo, es digna de reseñarse la labor de rescate y reivindicación que realizaron de un sinfín de eternos secundarios de la primera venida del Rock and Roll y los 60's, caso de Screamin' Jay Hawkins, Hasil Adkins, Jimmy Stewart & His Nighthawks, The Sonics (que en el ocaso de los 70's apenas eran recordados por nadie), Sam the Sham & The Pharaos y un sinfín de nombres más.
Curiosamente, existe una facción dentro de las legion of the cramped, los seguidores de The Cramps, que no dudan en tildar a "Stay Sick!" de obra menor. Lo cual, visto desde el prisma de un fan fatal de los de Sacramento, puede hasta llegar a entenderse, y es que en éste disco la banda culmina el proceso de "lavado de cara" de su sonido que habían iniciado unos años antes en el no menos recomendable "A Date With Elvis" y que, siempre dentro de sus propios términos, nos mostraba su cara más accesible (por decirlo de algún modo...) Pese a seguir manteniendo sus señas de identidad casi intactas el grupo se había despojado del sonido crujiente y deslavazado del que hacían gala en los tiempos del siniestro Bryan Gregory y del aura psicodélica vía 13th Floor Elevators que mostraban en ocasiones, dando paso a unas producciones limpias, pero sin renunciar por ello al mordiente oscuro y sexy que siempre los caracterizó.
En el apartado musical, asistimos a una nivelada sucesión de oldies de Black Screamers, revisitadas, revitalizadas, fusionadas y pasadas por su filtro y temas propios. Lux Interior se muestra tan excesivo, lúbrico e histriónico como de costumbre, y su parténaire Poison Ivy seguía conservando ese talento natural para tejer riffs de infeccioso Rock And Roll, tan herederos de Link Wray como de la jungle music. El redondo abre fuerte, con tres salvas del calibre de "Bob Pills", "God Damn Rock n' Roll" y, lo más cercano que The Cramps tuvieron a un hit single, "Bikini Girls With Machine Guns", que pasan por ser de lo mejor del álbum. Más momentos reseñables los encontramos en "All Women Are Bad" un corte puro Cramps al que le sigue "The Creature of Black Leather Lagoon", que por cierto tenía uno de los clips más Serie B de cuántos rodó la banda. Los guiños a los Surfers The Readymen marcándose un "Shortnin' Bread" a su usanza y a The Rivingtons (padres putativos del "Surfin' Bird" de los Trashmen) convirtiendo su "Mama Ooh Mow Mow" en "Mama Oo Pow Pow"; la mística densa y sensual de "Journey to the Center of a Girl", los ribetes arábigos marca de la casa en "Saddle Up a Buzz Buzz". "Her Love Rubbed Off" de Carl Perkins pone la guinda a ritmo de Rockabilly con regusto country y vicioso a un artefacto de Big Rock de primera magnitud.
Quizá suene descabellado, pero creo firmemente que The Cramps fueron una de las bandas que mejor captaron la esencia de la música americana de los 50's, y sin duda alguna la que mejor continuación supo darle a tan vasto legado sónico, alejándose de revivals insulsos y repetición de esquemas, aglutinando las distintas tradiciones en un todo y dando cabida a las distintas vertientes que edificaron el primer Rock and Roll desde un prisma, pese a quien le pese, único e irrepetible.
jueves, 2 de diciembre de 2010
The Quireboys - "A Bit Of What You Fancy"
A contracorriente. Así es como podríamos definir la singladura de la banda de Spike, dispuestos, en pleno reinado Guns And Roses y a cinco minutos de que estallase del todo la bomba grunge en Seattle, a reivindicar el legado de la crema y nata del british rock de los 70's, en los albores de lo que sería una década tan descocada como la de los 90's. Tarea de valientes, qué duda cabe.
Resulta curioso que su primer intento discográfico coincidiese en el tiempo con el de otros grandes enamorados de épocas pretéritas,The Black Crowes. Y aunque tanto la prensa especializada británica como la estadounidense hicieron lo posible por crear un clima de rivalidad entre ambas formaciones (cada una barriendo para casa, obviamente) lo cierto es que The Quireboys poco tenían que ver con los de Atlanta. Mientras que en su primer largo los hermanos Robinson apostaban por el Soul, el Hard Rock británico de grupos como Humble Pie y algunas pinceladas de Southern Rock, nuestros protagonistas tenían el punto de mira puesto en los Stones, Frankie Miller y, cómo no, The Faces: Quizá el gran nexo de unión en los respectivos backgrounds de estas dos bandas "enfrentadas" (Incluso a día de hoy Spike se sigue mostrando abiertamente resentido con los cuervos)
No hay más que poner a rodar este disco para constatar cuán evidente era el poso de la banda de Ronnie Lane en el sonido de los británicos: Voz cazallosa, teclados por doquier, influencias rootsys y rítmicas con feeling secundando letras empapadas en alcohol sobre corazones rotos, noches de fiesta y chicas que se van para no volver. Cabe recordar que las labores de producción corrieron a cargo de Jim Cregan, guitarrista y "partner in crime" habitual de Rod Stewart. De este último se dice que incluso se dejó caer en el estudio durante la grabación del disco para felicitar a los chicos por lo que estaban haciendo. Cuánto menos curioso que la felicitación viniera de él, que había abjurado de esos sonidos años ha.
"A Bit Of What You Fancy" es, por encima de todo, una colección de himnos impepinables de principio a fin, no en vano la banda, a día de hoy, sigue desgranándolo canción a canción en sus -explosivos- directos. No les culpo: ¿Cómo renunciar a tocar odas festivas del calibre de "7 O'Clock", "Hey You" o "Long Time Comin"? Vale que después han venido buenos álbumes (incluso alguno muy, pero que muy bueno como "This Is Rock And Roll") pero es innegable que esta es su cima. Nos mostraban su cara más chulesca en temas como "Man On The Loose", "There She Goes Again", "Sex Party", su himno de guerra, o "Misled" (Por cierto, ¿no os recuerda horrores al "Had Me A Real Good Time" de los Faces?) pero también sabían jugar la carta del Folk-Rock más reposado a la usanza de-ya-sabéis-quiénes, y ahí tenemos joyas como "Sweet Mary Ann", "Roses And Rings" o "Whippin' Boy", oro puro. Por supuesto, y como era norma en la época, redondearon la jugada incluyendo el consabido baladón, "I Don't Love You Anymore". El redondo cerraba con "Take Me Home" un corte a medio tiempo y con un riff deudor de AC/DC.
Lo dicho, un disco de sobresaliente, al que, puestos a ponerle un pero sería el de la producción, en parte lastrada por los arreglos de los que solía adolecer el Hard Rock de la época, en lo que quizá fue un intento más por parte de EMI de encajonar a la banda en el saco del Sleazy que venía del otro lado del océano y con el que The Quireboys, más ligados a la atemporalidad de los dorados 70's, nada tenían que ver.
Tras la edición del álbum, The Quireboys gozarían de un breve coqueteo con las mieles del éxito, quedándose a un paso de reinar en las listas de su país, girando por todo el mundo e incluso compareciendo en el mítico Monsters Of Rock de Donnington Castle, en el que se codearon con nombres de la talla de Aerosmith. Efectivamente, hace muchas lunas de todo aquello, pero es un consuelo saber que aún se mantienen al pie del cañón, ofreciéndonos la posibilidad de poder disfrutar de un show de los, en sus propias palabras, últimos "Purveyors of the finest english good time Rock'n'Roll". Amén.
Resulta curioso que su primer intento discográfico coincidiese en el tiempo con el de otros grandes enamorados de épocas pretéritas,The Black Crowes. Y aunque tanto la prensa especializada británica como la estadounidense hicieron lo posible por crear un clima de rivalidad entre ambas formaciones (cada una barriendo para casa, obviamente) lo cierto es que The Quireboys poco tenían que ver con los de Atlanta. Mientras que en su primer largo los hermanos Robinson apostaban por el Soul, el Hard Rock británico de grupos como Humble Pie y algunas pinceladas de Southern Rock, nuestros protagonistas tenían el punto de mira puesto en los Stones, Frankie Miller y, cómo no, The Faces: Quizá el gran nexo de unión en los respectivos backgrounds de estas dos bandas "enfrentadas" (Incluso a día de hoy Spike se sigue mostrando abiertamente resentido con los cuervos)
No hay más que poner a rodar este disco para constatar cuán evidente era el poso de la banda de Ronnie Lane en el sonido de los británicos: Voz cazallosa, teclados por doquier, influencias rootsys y rítmicas con feeling secundando letras empapadas en alcohol sobre corazones rotos, noches de fiesta y chicas que se van para no volver. Cabe recordar que las labores de producción corrieron a cargo de Jim Cregan, guitarrista y "partner in crime" habitual de Rod Stewart. De este último se dice que incluso se dejó caer en el estudio durante la grabación del disco para felicitar a los chicos por lo que estaban haciendo. Cuánto menos curioso que la felicitación viniera de él, que había abjurado de esos sonidos años ha.
"A Bit Of What You Fancy" es, por encima de todo, una colección de himnos impepinables de principio a fin, no en vano la banda, a día de hoy, sigue desgranándolo canción a canción en sus -explosivos- directos. No les culpo: ¿Cómo renunciar a tocar odas festivas del calibre de "7 O'Clock", "Hey You" o "Long Time Comin"? Vale que después han venido buenos álbumes (incluso alguno muy, pero que muy bueno como "This Is Rock And Roll") pero es innegable que esta es su cima. Nos mostraban su cara más chulesca en temas como "Man On The Loose", "There She Goes Again", "Sex Party", su himno de guerra, o "Misled" (Por cierto, ¿no os recuerda horrores al "Had Me A Real Good Time" de los Faces?) pero también sabían jugar la carta del Folk-Rock más reposado a la usanza de-ya-sabéis-quiénes, y ahí tenemos joyas como "Sweet Mary Ann", "Roses And Rings" o "Whippin' Boy", oro puro. Por supuesto, y como era norma en la época, redondearon la jugada incluyendo el consabido baladón, "I Don't Love You Anymore". El redondo cerraba con "Take Me Home" un corte a medio tiempo y con un riff deudor de AC/DC.
Lo dicho, un disco de sobresaliente, al que, puestos a ponerle un pero sería el de la producción, en parte lastrada por los arreglos de los que solía adolecer el Hard Rock de la época, en lo que quizá fue un intento más por parte de EMI de encajonar a la banda en el saco del Sleazy que venía del otro lado del océano y con el que The Quireboys, más ligados a la atemporalidad de los dorados 70's, nada tenían que ver.
Tras la edición del álbum, The Quireboys gozarían de un breve coqueteo con las mieles del éxito, quedándose a un paso de reinar en las listas de su país, girando por todo el mundo e incluso compareciendo en el mítico Monsters Of Rock de Donnington Castle, en el que se codearon con nombres de la talla de Aerosmith. Efectivamente, hace muchas lunas de todo aquello, pero es un consuelo saber que aún se mantienen al pie del cañón, ofreciéndonos la posibilidad de poder disfrutar de un show de los, en sus propias palabras, últimos "Purveyors of the finest english good time Rock'n'Roll". Amén.
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