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sábado, 31 de agosto de 2013
The Velvet Underground - "The Velvet Underground & Nico"
Rompedores, anárquicos, esenciales. Díficil encontrar propuestas tan fuera del tiempo, tan ajenas al óxido que impone el correr de los años, cómo la planteada por la Velvet Underground en lo que fue su primer disco grande. Tras el sucinto "peel slowly and see" de la cubierta se escondía una velada invitación a sumergirse en lo que era entonces -y sigue siendo ahora- vanguardia máxima del rock and roll; Lo más lejos que se podía llevar, -sin desvirtuarla, conservando la esencia-, la alquimia sonora alumbrada por Chuck Berry una decada atrás.
Cómo suele pasar con aquellas obras dotadas de una cualidad transgresora, se tiende a caer en la tentación de considerar qué los neoyorquinos obtuvieron su arrebatador sonido por generación espontánea, impermeables a las influencias de su tiempo y lugar. Sin embargo, una escucha atenta de "The Velvet Underground & Nico" permite rastrear, siquiera en parte, la nómina referencial de la que se nutrían: Entre sus surcos se retorcía el rock and roll percusivo y esquemático de Bo Diddley, el pulso beat que llegaba del otro lado del océano y al que era imposible sustraerse, latigazos que retrotraían a lo puesto en práctica por el reciente (y a la vez lejanísimo, eran los tiempos de "John Wesley Harding") Dylan electrificado. Hilando más fino, incluso, podemos encontrar en los momentos más "poppies" del redondo concomitancias con el pasado de Lou Reed como compositor a sueldo, fabricante de hits, para Pickwick Records.
Sin embargo, más allá de su música, el gran aporte de la Velvet es la dimensión dónde esta transcurría. Una dimensión urbana, densa, sórdida. La ciudad aparece en el rock. No una ciudad cómo sencillo telón de fondo, escenario incidental, para la historia de turno. No. La ciudad cómo ente en sí mismo, con sus arterias preñadas de yonquis, prostitutas y delincuentes; alfombrada de jeringas y recubierta de desencanto. Ahí, justo ahí era donde el imaginario del combo tomaba cuerpo.
"Sunday Morning" abría el elepé con sabor a resaca y melancolía. Quizás por ser de las pocas piezas del album que guardaban algún remoto parecido con un tema radiable, fue elegida -junto con "All Tomorrow Parties"- cómo single. Sin embargo, no había sitio en las ondas del '67 para tamaña exhibición de enigmática desazón, de pop torcido, perturbador.
En "I'm Waiting For A Man", sin embargo, el sonido adopta las formas de un robusto número de rock and roll, conducido por un obsesivo piano, cuya temática (ya saben, las vicisitudes del cliente y su dealer) resulta todo un desafío a los cánones líricos de la época. Estamos en 1967, recuerden, el mismo año en qué Paul McCartney admite, en una entrevista con maneras de interrogatorio, haber tomado ¡cuatro veces! LSD; el mismo año, en fin, que se consideraba noticioso y sorprendente que un músico admitiese su relación con las drogas.
"Femme Fatale" retoma la faceta reposada, no por ello menos perturbadora, de la banda. Es a la postre el primer tema del disco en el que Nico lleva la voz cantante. Esa voz gélida, etérea e inexpresiva qué, pese a su físico, le alejó de ser una estrella del pop, restringiendo su área de influencia a las barriadas más avant-garde de la música. Un corte delicioso que da paso a los aires hindúes y evocadores de "Venus In Furs", suerte de mantra eléctrico, con la amenazante percusión de Maureen Tucker, las pastosas rítmicas de Sterling Morrison, la guitarra de Reed sonando como un sitar y la viola de John Cale recubriendo un tema con una letra, ya lo avanza el título, en deuda con los escritos de Von Masoch.
"Run, Run, Run" confusa mixtura de imaginería religiosa, mística y barbitúricos, retoma el pulso guitarrero, con una introducción en la qué podrían pasar por unos de esos avezados discípulos del rythm and blues en trayectoria ascendente de las islas británicas. Siguiendo lo que parecía ser la dinámica del álbum (esto es, alternancia entre disparos eléctricos y cortes a medio tiempo) "All Tomorrow Parties", con Nico llevando de nuevo la voz principal y la guitarra-sitar de Reed envolviéndola en enigmáticos punteos, ponía sobre la mesa una historia con varias lecturas posibles: ¿Descripción o crítica de la vacuidad que envolvía el microcosmos de la Factory de Warhol de la cuál formaban parte? ¿Metáfora del paso del tiempo, de lo efímero de todo? ¿Elegía al final de la juventud, focalizada en ése viejo vestido? Muy posiblemente tratase de todo éso, y de algunas cosas más que se nos escapan.
"Heroin", palabras mayores. Nunca dos acordes encerraron tanto. Jamás, nunca, nadie, antes, había abordado su relación con las drogas de una manera tan directa, valiéndose de versos tan descarnados, prescindiendo de circunloquios ("... When i put a spike into my vein [...] 'Cause when the blood begins to flow [...] Heroin, it's my wife and it's my life") Y no, no estamos ante el único dato rompedor desde el punto de vista lírico. A diferencia de otros compañeros generacionales, plenamente identificados con su condición de drogodependientes, firmes creyentes de encontrarse en el lado adecuado del río (Estamos en los años de auge de las enseñanzas de Timothy Leary y su idealización de los barbitúricos, no lo olviden) Reed se muestra confuso, perdido. ("I don't know, just where i'm going [...] I wish that i was born a thousand years ago [...] Away from the big city/ Where a man can not be free/ Of all this evils of this town") Esas muestras de duda, al parecer, no fueron del agrado de Cale, qué buscaba un mensaje más totalitario, de una determinación absoluta. John, en éste caso, no se había enterado de nada.
Tras semejante exhibición de épica suburbana, llegaba el turno de "There She Goes Again". Con su riff fusilado de la relectura stoniana de"Hitch-Hike", contenida en el celebérrimo "Out Of Our Heads", y su refrescante tramo final a base de coros y guitarrazos podía pasar por lo más cercano a los cánones de la british invasion que habían facturado. Sin embargo, su letra, en la que narraban sin muchos tapujos la caída de una mujer en las redes de la prostitución, alejaba rápidamente tales paralelismos y los reafirmaba en su condición de cronistas del lado sórdido de la realidad.
"I'll Be Your Mirror" volvía a poner en primer plano su faceta pop, de hecho fue cara b del single "All Tomorrow Parties" (Sorprendente, aunque comprensible, el empeño por parte de la compañía de presentar una imagen tan poco representativa de la Velvet en cuánto a la elección de los singles). Escrita por Reed ex profeso para Nico, estamos ante otra de esas delicadas piezas del repertorio velvetiano, ocultas a priori bajo su leyenda de distorsión y feedback.
Arribando al final del trabajo encontrábamos "Black Angel's Death Song" , dotada de una extraña cualidad folk que podría recordar a las andanzas del primer Dylan -¡Ese fraseo!- si no fuera por el perturbador envoltorio que le otorga la viola eléctrica de Cale y el cierre definitivo de "European Son", ejercicio ruidista que preludia en buena medida parte de lo que econtraremos en "White Light/White Heat".
Instalados en la cara oscura que acarrea consigo el ser pionero (esto es, que adelantarse en demasía a la corriente imperante de un tiempo equivale a estar equivocado). Pocos réditos obtuvo la Velvet a lo largo de su accidentada singladura. Tanto menos en ésta primera etapa de su producción, fuertemente marcada por la experimentación y propulsada por un ánimo rupturista que se iría desvaneciendo hasta llegar a "Loaded". Su legado preclaro, sin embargo, obtuvo justa resonancia con el correr de los años, siendo vindicados por las huestes post punks, krauts y noises. Por aquellos músicos, en general, dispuestos a remar a la contra de las corrientes dominantes, dispuestos a valerse del ruido, de la distorsión, cómo un medio más de expresión, integrándolo en su discurso. Sin embargo, nadie consiguió hacerlo tan asimilable y enigmático a un tiempo, tan disfrutable, pese a todo, como The Velvet Underground en su disco de debut.
miércoles, 13 de marzo de 2013
The Rolling Stones - "Their Satanic Majesties Request"
Es "Their Satanic Majesties Request" el elepé de la primera hornada stone que más controversias continúa generando, y es que su condición aún no ha sido del todo delimitada: ¿Arriesgada obra de basamento vanguardista o pastiche coyuntural facturado al abrigo del todopoderoso "Sgt. Peppers"? ¿Explosión creativa definitiva por parte de éstos nuevos aristócratas del rock and roll o carta blanca a su autocomplacencia generosamente alimentada por los barbitúricos? Siendo justos, entre sus surcos hay un poco de todo eso.
Respondiendo al primer interrogante, el álbum, en efecto, muestra al grupo en unas tesituras rayanas a la psicodelia absolutamente inéditas hasta la fecha, facturando mantras de basamento eléctrico y llevando algunos pasos más allá el concepto de creación, rico en instrumentaciones exóticas y gimmicks de estudio, exhibido en"Aftermath" y "Between The Buttons"; por otro lado, sería absolutamente imposible negar el ascendiente de la más reciente obra de los Fab Four sobre el disco, empezando por la misma portada, que explota el concepto flower power y fantasioso de aquella (Por si quedan dudas, el fotógrafo de ambas cubiertas es el mismo, Michael Cooper) y acabando por la aparente falta de restricciones que muestran sus canciones, abundantes en intros, outros, samplers pretendidamente outrés y, en definitiva, esa clase de recursos a los que el paso del tiempo no han tratado del todo bien.
En cuanto a la segunda cuestión, cal y arena esto es: Pese a los buenos momentos que deparan la inicial "Sing This All Together" (Con la comparecencia de Lennon y McCartney cerrando el círculo conceptual del álbum) la garage/psych "Citadel"; el colorido número acústico "2000 Man"; la exquisita opereta pop "She's A Rainbow" ; "The Lantern", pese a su renqueante comienzo; las buenas vibraciones en clave hindú que transmite "Gomper" o la pujanza del obscuro garage "2000 Light Years From Home", las alarmas se disparan al ver que Bill Wyman ha conseguido romper el férreo duunvirato Jagger/Richards y colar una de sus composiciones, a la que incluso pone voz. El resultado es "In Another Land", un número bastante flojo, al que sólo salva ese estribillo en el que se unen a la suya las voces de Jagger, Steve Marriott y Ronnie Lane.
"Sing This All Together (See What Happens)" (No confundir con el tema de apertura) justifica, por sí solo, todas las acusaciones de autocomplacencia que se han vertido sobre ésta obra: Ocho minutos largos de puro egocentrismo sonoro en forma de jam que aglutina todos los recursos de la época de los que pudieron echar mano. "On With The Show", con cierto dejo á la Kinks, tampoco pasa por ser lo mejor del redondo.
Queda, tras la escucha de "Their Satanic Majesties Request" una indeterminada sensación de futilidad, una intuición más o menos exacta de que los stones no estaban jugando a su juego, incluso en los momentos más reseñables del álbum; la duda razonable de si no se trata de una gran broma a costa de la cultura flower power en ascensión. Hay algo que nos dice que pese a la aparente ambición que muestran los temas, el grupo estaba facturando una obra de perfil medio, un colorista cerrojazo a una microetapa marcada por un indisimulado flirteo con la mística de la oscuridad (Ocultismo, Kenneth Anger, un Brian Jones cautivado por la ouija, la ufología y el estudio del paganismo...) para acabar volviendo al rock and roll en su acepción más básica y austera. Y así fue.
jueves, 7 de marzo de 2013
The Rolling Stones - "Between The Buttons"
[Ya se escribió una entrada acerca de éste mismo disco en el blog, concretamente el 29 de Abril de 2011, siendo hasta el comienzo de éste Especial Rolling Stones, la única referencia de la banda reseñada en el mismo. El contenido difiere del de aquel otro artículo, debido a algunas ediciones y recortes que he llevado a cabo para que encaje en el estilo de este especial. También se recogen los comentarios que la entrada recibió en su día.]
Tras facturar "Aftermath", elepé capital en el que terminaba por consolidarse la hegemonía del tándem Jagger/Richards a nivel compositivo y en el cúal añadían al rythm and blues de sus comienzos elementos hindúes e incluso psicodélicos, nada sería lo mismo. Nunca más. Plenamente confiados en el poder de su cancionero y espoleados por la ácida vanguardia que parecía empapar el universo rock and roll de un confín a otro (Año 1967, recuerden: "Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band", el debut de la Velvet o el tour de force llevado a cabo por Love en "Da Capo" y "Forever Changes", entre otros hitos) el grupo facturó una obra cuyas líneas maestras podían encontrarse en el mentado "Aftermath", aunque lejos de caer en el continuismo, llevándolas un paso más allá.
Tras la apertura con el single indiscutible, un "Let's Spend The Night Together", de regusto acústico e influencias poppies bien entendidas viene "Yesterday's Papers", una de esas piezas que, a mi juicio justifican la grandeza y el embrujo de éste disco, poseedora de ese aura de oscuridad y de enigma que, pese a que no suele asociársele, resulta más que evidente.Heredera, a su manera, de lo mostrado en piezas pretéritas como "Paint It Black" o "Under My Thumb". Los arreglos no hacen otra cosa que realzar esta faceta de la banda, elevándola a cotas rayanas al barroquismo en piezas como "She Smiled Sweetly" o "My Obsession".
En otro orden sónico nos encontramos con gemas pop minuciosamente pulidas como "Ruby Tuesday", ramalazos psych y chulescos en "All Sold Out" o "Complicated", disparos rockandrolleros que casi preludian lo que oíriamos en "Exile On Main St.", caso de "Miss Amanda Jones",deliciosos devaneos con el Folk en la deliciosa "Who's Been Sleeping Here?", amén de un highlight definitivo e incontestable: "Connection". Primera vez que Keith y Mick comparten voces y clásico instantáneo. Los Glimmer Twins también se marcan un dúo en la simpática fanfarria de regusto circense, tan de los Beatles del momento, "Something Happened To Me Yesterday" con la que cierran el álbum.
"Between The Buttons" no sólo confirmaba la transición llevada a cabo en "Aftermath" unos meses antes, sino que también daba fe de la creciente apertura de miras en el seno de la banda, capaz de conjugar su rock and roll nutrido por el catálogo de Chess con las influencias coyunturales del momento, llámalo pop, folk o psicodelia, dando carta de naturaleza a una baza (esto es, la de saber integrar su sonido en la corriente sónica de cada época, haciéndola suya en no pocas ocasiones) que acabaría por ser fundamental para su permanencia y relevancia futuras.
viernes, 29 de abril de 2011
The Rolling Stones - "Between The Buttons"
The Rolling Stones. Díficil asunto el de enfrentarse a la obra de leyendas de este calibre. Grupo de dilatada y multiforme trayectoria, con mucho, y muy bueno donde escoger. Hasta sus tropiezos ("Their Satanic Majesties Request", "It's Only Rock And Roll"...) darían para dedicarle unas sentidas líneas, y si ya nos paramos a desgranar los picos de intensidad de su trayectoria tendríamos para un artículo de proporciones bíblicas. Recalo en "Between The Buttons" por dos razones: Me apetecía hacer algo de justicia a la, nunca del todo ponderada, figura de Brian Jones y porque, salta a la vista, es una obra, no diré que ignorada, pero casi, en el imaginario de los ingleses.
Aunque eso último no debería sorprendernos del todo. Omitiendo el hecho de que la banda tiene a uno de sus mayores detractores en su propio seno (Un Mick Jagger que no suele tener palabras amables para el material 60's del grupo y que, de tomar en cuenta sus declaraciones al pie de la letra, considera toda su etapa dorada, la que abarca hasta el "Exile On Main St" cómo poco menos que una medianía) los Stones, al igual que tantas otras formaciones con la vitola de mitos en torno suyo, disfrutan del desconocimiento de gran parte de esa misma masa que abarrota recintos para verlos: Mucho yo estuve allí y mucho "Start Me Up", pero no les preguntes por el "12X5", qué se nos pierden. En fin, entremos en materia.
La banda acababa de facturar "Aftermath", LP que para muchos, entre los que me cuento, supone la culminación de su primera etapa. Un largo en el que terminaba por consolidarse la hegemonía Jagger/Richards a nivel compositivo y en el cúal añadían al Rythm and Blues de sus inicios elementos Soul, Pop y hasta, permítanme la expresión, Protopsicodélicos. En cierto modo, "Aftermath" allanaba el camino hacia "Between The Buttons", dibujando algunas de las que serían sus líneas maestras.
Decía unas líneas más arriba que me apetecía hacer hincapié en la figura de Brian Jones. No son pocos los que acuden a desdeñar su labor aduciendo que jamás aportó ninguna composición a su banda (Bueno, hasta donde yo sé, Elvis tampoco compuso nada y no hay el menor problema) Sin embargo, gran parte del encanto de este disco reside en los arreglos oficiados por Jones, que van, sin despeinarse, de lo vodevilesco a lo épico, de la luminosidad a lo enigmático, consiguiendo que "Between The Buttons" suene como algo más que una simple colección de canciones.
Tras la apertura con el single indiscutible, un "Let's Spend The Night Together" (Ah, se me olvidaba mencionarlo, piloto la versión USA) de regusto acústico e influencias poppies bien entendidas viene "Yesterday's Papers", una de esas piezas que, a mi juicio justifican la grandeza y el embrujo de éste disco. Los Stones sixties tienen, en ocasiones, un aura de oscuridad y de enigma que, pese a que no suele asociársele, resulta más que evidente. O al menos a mí me lo parece en piezas pretéritas como "Paint It Black", "Under My Thumb" o la mentada "Yesterday's Papers". Los arreglos realzan esta faceta de la banda, elevándola a cotas rayanas al barroquismo en piezas como "She Smiled Sweetly" o "My Obsession".
En otro orden sónico nos encontramos con gemas pop minuciosamente pulidas como "Ruby Tuesday", ramalazos psych y chulescos en "All Sold Out" o "Complicated", disparos rockandrolleros que casi preludian lo que oíriamos en el "Exile...", caso de "Miss Amanda Jones", deliciosos devaneos con el Folk en la deliciosa "Who's Been Sleeping Here?", amén de un highlight definitivo e incontestable: "Connection". Primera vez que Keith y Mick comparten voces y clásico instantáneo, en un hipotético Top 3 de canciones de la banda la incluiría sin pestañear. Por cierto que los Glimmer Twins también se marcan un dúo en la simpática y circense "Something Happened To Me Yesterday" con la que cierran el álbum.
"Between The Buttons" supuso el álbum de transición de The Rolling Stones, al menos el de la primera que experimentaron, pasando de ser un conjunto encuadrado en los parámetros de la british invasion a crecer como banda y ampliar su espectro de influencias. Una metamorfosis que cristalizaría del todo a partir de la edición de "Let It Bleed". Puede que éste disco no esté a la altura de obras maestras posteriores como "Sticky Fingers" o "Exile On Main St.", lo que si tengo más que claro es que aquellos que lo califican de "obra menor" o "fallida" de Rock, para mí, justitos.
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