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lunes, 19 de septiembre de 2011

Love - "Love"

Pocas bandas existen, a juicio del que esto firma, más infravaloradas que Love. Pioneros en la máxima extensión que concede el término, el combo capitaneado por el díscolo multiinstrumentista Arthur Lee, adelantado a su tiempo en tantas cosas, se tuvo que conformar con engrosar la categoría de las bandas de culto, lauredas por el connaiseur mas brutalmente desconocidas por lo que sería su gran y potencial público.

Surgidos en el excitante panorama que tenía lugar en el L.A de los 60's, cuándo clubs como el Troubadour y el Whisky A-Go Go comenzaban a escribir su fascinante leyenda y donde bandas como The Byrds o The Doors  iniciaron su senda hacia la inmortalidad. En estas, Love quemaba la escena de garitos de la ciudad, ganándose un pequeño pero aguerrido reducto de fieles, deseosos de acudir a las explosivas presentaciones de la banda, de ver a Lee con sus lentes caleidoscópicas desplegar el potencial de un cancionero temprano de innegable pujanza, que aunaba sin tapujos el Rythm And Blues primigeneo con matices Folk Rock a la usanza de los chicos de Gene Clark. Lo blanco y lo negro. Junto y revuelto.

Y es que si queremos resumir en un término lo que fue la temprana singladura de Lee en el negocio de la música, bien podríamos escoger el de maridaje. Cómo apuntó cierta periodista que reseñó uno de los shows primerizos de la banda, con Arthur Lee se cerraba el círculo: Era, decía, un negro que imitaba a un blanco, Jagger, que a su vez imitaba a los frontmans negros de antaño. Lo dicho, el círculo se había cerrado.

El primer LP de Love, si bien no goza de la vitola de mítico de un "Da Capo" o, no digamos ya de "Forever Changes", es una sobresaliente carta de presentación, en la que el grupo mixtura sin complejos sonoridades Garageras, Pop, Psicodélicas y Folk, mucho Folk. Además, no puedo concluir el párrafo sin dejar de mencionarlo, yo lo prefiero a sus otras dos obras citadas más arriba.

"My Little Red Book", el peliculero tema de Burt Bacharach abre fuego, pasando el original por un filtro de Garage Rock arrebatado y sin concesiones. "Can't Explain", delicioso corte tan deudo de la melodía poppie como de un cierto matiz lisérgico pone sobre la mesa un par de constantes del redondo, a saber: Los minutajes breves y las melodías sencillamente perfectas, con las repiqueteantes guitarras de  Johnny Echols y Bryan MacLean sembrando deliciosos matices allá donde pasan. "A Message To The Pretty" , rebosante de desencanto y languidez, se antoja como otro de los highlights del disco; "My Flash On You" lleva un paso más allá, endureciéndolas, las enseñanzas de los Byrds, mientras que "Softly To Me", siguiendo con los paralelismos con la banda de McGuinn, anticipa en cierto modo parte de lo que estos ofrecerían en su "Fifth Dimension".

"No Matter What You Do" es, porque no decirlo, mi favorita del álbum: Qué dramatismo, qué caída melódica, que fuerza y que garra transmite aquí Lee, que más que cantar, aúlla, muerde. Y qué intro guitarrera, colosal, que los más enteradillos de ahora tildarían de jangle pop. "Emotions" es un corte instrumental con cierto regusto surf, que da paso a la poderosa "You'll Be Following", que a su vez precede a la 100% Byrds "Gazing", con alucinógeno solo a cargo de Echols.

"Hey Joe", corte hiperversionado en aquellos años, mantiene el nivel, marcándose una nervuda y espídica relectura del mismo. Energía que sin duda contrasta con la melancolía densa que empapa "Signed D.C", que no en vano sería versionada por Dead Moon unas cuántas décadas después. "Colored Balls Falling" aúna el poso psych de la banda con su querencia por la inmediatez y los temas breves, mientras que en "Mushrooms Clouds" desemopolvan las acústicas y se marcan un exquisito tema de corte folkie con querencia por los juegos de voces. "And More", que pese a lo que rezaba el título era la última canción del disco, ponía punto y final a éste a base de melodías preciosistas, coros prístinos y guitarras repiqueteantes. Lo de siempre, vaya, remachará algún profano, a lo que yo digo que sí, que puede, pero que en éste disco la fórmula no conoce el menor síntoma de desgaste.

Pese a ubicar su propuesta entre las, a priori diversas, coordenadas entre The Byrds, 13th Floor Elevators, Yardbirds o el Dylan recién electrificado, es decir, entre la melodía de base Folk, el toque psych, el músculo y el lírico fraseo de corte tan poético como desgarrado, Love fue el grupo genial, capaz de concatenar tres obras maestras, que nunca llegó a explotar, al menos tal y como debería. En fin, olvidemos, aunque sea por hoy, la injusticia inherente al tinglado de la música y hagamos sonar el disco con el que Love comenzaron a firmar su halo de mitos.