martes, 1 de noviembre de 2011

Rose Tattoo - "Rose Tattoo"

 Si tuviésemos que confeccionar un listado más o menos amplio de ilustres segundones, en cuánto a reconocimiento que no legado, del Rock And Roll, no cabe duda de que el nombre de los australianos Rose Tattoo merecería figurar con todos los honores. Fueron el paradigma de banda que pudo explotar en todos los frentes -ya explicaremos el porqué más abajo-, surgidos en el momento, lugar y escena adecuadas, pero que se tuvieron que conformar con militar en la segunda división del negocio. Inmejorable ejemplo de esto que digo tuvo lugar hace unos años, cuándo en el lapso de unos meses recalaron por nuestras tierras sus paisanos  AC/DC y los chicos de Angry Anderson en lo que creo fue su primera visita a territorio español. ¿La diferencia? Mientras los Young reventaban estadios y pabellones, a Rose Tattoo le tocó batirse el cobre en garitos ante audiencias conformadas por unos pocos cientos de personas.

 No es gratuita la alusión a AC/DC, o al menos no se circunscribe sólo al ámbito geográfico. Cabe recordar que en los seminales Buster Brown ya se dieron cita componente futuros de ambas formaciones (Phil Rudd y Angry Anderson, concretamente) y, para terminar de cerrar las conexiones, éste debut fue producido por los inseparables Vanda-Young, parte fundamental del sonido de los hermanos Young hasta "Powerage".

 Sin embargo, sería un error considerar a Rose Tattoo como un mero grupo al rebufo de AC/DC. Cierto, compartían la misma concepción del riff simple y demoledor,  las raíces marcadamente rythm and blueseras y el toque canalla y pendenciero que los acercaba al Bon Scott de aquellos años (esos tatuajes patibularios...) Pero no es menos verídico que el uso del slide, los matices sureños y los ramalazos casi punks que ofrecía su música en ocasiones los presentaba como una oferta compatible, que no sucedánea, de lo que destilaban los autores de "High Voltage".

 Siempre consideré una de las mayores virtudes de Rose Tattoo la -potencial- amplitud de su propuesta sónica. Lo que se destila en este debut (o en "Assault And Battery"; o en "Scarred For Life") podía gustarle tanto a un acólito al Hard Rock, fan de los mentados AC/DC, Lynyrd Skynyrd o Motorhead cómo a un seguidor del estallido Punk que tenía lugar a ambos lados del atlántico. Ilustrativa estampa la de la banda compareciendo en festivales cumbre del Hard & Heavy europeo mientras colaban algunos de sus singles en los charts más punkarras del viejo continente. La cosa tiene mérito, y más aún a finales de los 70's, cuando las diversas escenas musicales enfrentadas no resolvían sus diferencias debatiéndolas en torno a una mesa camilla, precisamente.

 El disco abre con los que quizá sean los dos grandes himnos de la banda, los que en el futuro serían sus temas más versionados, "Rock N' Roll Outlaw" y "Nice Boys"; sendas declaraciones de intenciones, repletas de riffs matadores y slide por un tubo cortesía de la pareja Pete Wells/Mick Cocks, que borda un trabajo guitarrero tan deudor del Southern Rock cómo de la inmediatez Punk. "The Butcher And Fast Eddy" es una puesta al día de sus raíces bluesys pasadas por el filtro de su insoslayable macarreo. "One Of The Boys", una de las cimas del redondo, es el ejemplo perfecto para el que quiera comprobar la mentada amplitud de propuesta de la que os hablaba más arriba. "Remedy", "Bad Boy For Love" y "T.V" mantienen el pulso a base de espídico R'n'R, facturado de una manera en la que los 'Tats tenían pocos rivales.  

 "Stuck On You" es el primer -y único- remanso de relativa calma que nos concede este atómico debut, y aunque sea algo subjetivo,  le veo ciertas concomitancias con The Who. Quizás sea por la manera de entrelazar guitarras acústicas y eléctricas, o por el tono de fuerza contenida que predomina en la canción. El riff inicial de "Tramp", por eso de seguir con las comparaciones -odiosas pero orientativas- nos remite a lo que ese mismo año facturaban The Dictators en su inmortal "Bloodbrothers", y, a la usanza de los neoyorquinos, supura actitud callejera y badass por los cuatro costados. Como colofón nos encontramos con otra de las imprescindibles en los sets de los australianos, que no es otra que la atropellada y macarrísima "Astra Wally".

 Cómo dejaba caer al principio de este artículo, el sino de Rose Tattoo fue el de tantas otras formaciones seminales y/o de culto, siendo su legado más conocido durante años por las vindicaciones de las que fue objeto que por el valor intrínseco de su obra. Poca cosa para la que es, según me dijo alguien en una ocasión, "la banda más grande de Australia" ("¿Y qué pasa con AC/DC?" repliqué, a lo que se me respondió, con toda lógica, "Esos no son de allí,¡ ni siquiera son de este planeta!")