Es un hecho: Cuándo una banda bate marcas, llega lejos y rompe estúpidas barreras estilísticas siempre habrá una facción de sus acólitos que renegará de ella, se escudará en el "cualquier tiempo pasado fue mejor" y despotricará de cada lanzamiento suyo antes de haber escuchado una sola nota del mismo. The Hellacopters no supusieron una excepción a tan lamentable regla. Cuesta creer, echando la vista atrás, el poco crédito que cierta parte del público le concedía en el ecuador de su trayectoria, máxime si tenemos en cuenta la elevada media de su obra, entre lo notable y lo sobresaliente.
Para mí, los suecos son la penúltima venida del Rock n' Roll guitarrero en su estado más puro. Sin aditivos. Alunizaron en el panorama allá por la primera mitad de los 90's, destilando las esencias de Stooges y Motörhead a mayor gloria de aquellas verdaderas murallas sónicas con las que debutaron en largo. Abrieron la puerta a sus adorados KISS en el potentísimo "Grande Rock" (lo que dicho sea de paso, comenzó a mosquear al sector más punkarra de su público) y, a partir de "High Visibility" abrazaron la atemporalidad, moviéndose con soltura entre las distintas tesituras del género, del High Energy a los ramalazos Stones 70's, pasando por atisbos de Southern Rock y Power Pop. Creo hablar en nombre de muchos, al menos de mi generación, cuando digo que a esta banda le debemos el hallazgo de formaciones indispensables tales como MC5, Sonic's Rendezvous Band o The Rubinoos, entre otras.
Me decanto por "Payin' The Dues" por una sencilla razón: A este disco no le sobra ni una sola canción. Además, transmite esa sensación de haberse grabado prácticamente a la primera toma, sonando crudo y deslavazado, pero sin llegar a las cotas de su predecesor, "Supershitty To The Max". Puliendo, por decirlo de algún modo, la fórmula con la que habían dado a conocer.
Partiendo de una base tan heredera del Detroit Proto-Punk como del Hard Rock más grasiento y punkarrerizado de los 70's, los Hellacas presentaban, en poco menos de media hora, una verdadera colección de himnos. De la chulería rabiosa en la inicial "You Are Nothin", a la definitoria -de aquello que se dió en llamar escena escandinava- "Riot On The Rocks". Del sutil corazón pop, cuyo latido queda enterrado bajo una capa de riffs distorsionados de "Hey!" a esas dos salvas de artillería que son "Soulseller" y "Where The Action Is". De la sucintamente fifties "Twist Action" a la densidad pétrea de "Colapso Nervioso" para llegar a la grand finale con la que quizá sea mi preferida del redondo, "Psyched Out And Furious", con un Nicke Royale poseído ("Be my backseat driver I'm takin' over seven deadly sins") y la presencia estelar del ínclito Ross The Boss, ahí es nada.
Entre medias, un verdadero tratado de Rock n' Roll chulesco, adrenalítico y atemporal oficiado por los duelos guitarreros entre los sumos sacerdotes Andersson y Dregen (Qué salió perdiendo al pasarse a los Backyard Babies, yo creo) y fielmente secundado por los cumplidores Kenny Hakanson y Robert Eriksson, compacta base rítmica. Amén del por aquel entonces flamante Bobba Fett, que aportaba teclas y regusto classy a la apuesta del grupo, resultando un factor determinante en el posterior avance de los Hellacopters hacia terrenos más setenteros y Hard Rock.
Me sucede algo curioso con éste disco. Cuándo me lo escucho entero y me quedo con ganas de más no encuentro, por más que me afane en buscar, una apuesta sónica de similares mimbres: Ese equilibrio entre contundencia, distorsión, nitidez, rabia y clase sin resultar monótonos ni lineales. Lo mejor de todo esto es que "Payin' The Dues" no fue la cima, sino que, tal y como decía la canción "the best is yet to come". Y si no necesariamente lo mejor, sí episodios de incuestionable grandeza.
