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lunes, 23 de mayo de 2011

The Stooges - "The Stooges"


 La trayectoria de The Stooges supone un edificante ejemplo de la suerte que les toca correr a la mayor parte de los pioneros de nuestra música: Pese a que reescribieron, deglutieron, regurgitaron y escupieron los códigos de la música Rock en el ocaso de los floridos 60's, al grupo de los hermanos Asheton le tocó volatilizarse en medio de una espiral de drogadicción, indiferencia y rabia, especialmente de la dirigida hacia ellos.

 Creo que ésta es la clase de historias que conviene abordar desde el principio, y es por eso que escojo este debut de título homónimo e intenciones rompedoras. Aquí el combo de Detroit pone sus cartas boca arriba, mostrando gran parte de sus viciosas virtudes, pero con un ánimo de inmediatez que lo hace más accesible que el críptico lenguaje de basamento jazzy y ácido del que hacían gala en "Fun House". "Raw Power" es el redondo de la discordia y sigue sin poner(nos) de acuerdo a sus seguidores: Para algunos -entre los que me incluyo- supone un gran testamento de su obra en estudio, pero otros no tragan su producción ni a la de tres. En fin, cuestión de gustos, supongo. Así que mejor no perdernos en cuestiones bizantinas y entrar a desgranar éste "The Stooges".

 Si tomamos en consideración y en serio las declaraciones que Iggy Pop hizo en cierto documental sobre la historia del Punk, la banda había avanzado en el lapso de dos años, en cuestiones de técnica y composición, un mundo. Y es que si nos creemos que la banda debutó en el '67 con Iggy luciendo afro y aporreando una aspiradora y el bueno de Ron Asheton valiéndose de un ukelele, en el 69, el año de aquel Woodstock cuyo espíritu se vanagloriaban de haber dinamitado, The Stooges sonaban como una entidad compacta, intimidante, cuyo sonido iba del psych rock a la génesis el punk rock. Ahí es nada.

 La inicial "1969" supone una demostración de un lenguaje inédito en el Rock and Roll de la época: Estructuras obsesivas (bueno, esto quizá sea culpa de Bo Diddley, héroe de juventud de Iggy), guitarras hiperdistorsionadas y, quizá lo más importante, una pretensión casi confesa de no querer agradar a nadie. Quizá fue ese factor lo que determinó que la idiosincrasia de la banda se haya mantenido intacta hasta nuestros días, ese espíritu outsider, rayano en lo despótico y que ha hecho de los Stooges una banda a descubrir por cada generación de melómanos.

 "I Wanna Be Your Dog" es, sencillamente, una canción inmortal. Decadente, lasciva y con Osterberg desatando su a todas luces patente lubricidad. Y el riff, dios. No sé que hubiese sido de este grupo sin la labor de Ron Asheton, una verdadera máquina de facturar guitarrazos, moviéndose con soltura entre lo psicodélico y lo inmediato, sonando tan directo como un navajazo e impregnando al sonido de la banda de un indiscutible aura de peligro y subversión. ¿Cómo se lo agradecieron? Ah, sí, relegándolo al papel de bajista.

 Los más de diez minutos de la épica "We Will Fall" (Pese a apadrinar el Punk, los Stooges no eran la clase de banda a la que le temblaba el pulso a la hora de dilatar sus composiciones) dan paso a otro de sus himnos de siempre, la distorsionada y saturada "No Fun". Éste segundo tramo del álbum quizá sea más afecto a sonoridades ácidas que el anterior, a cortes como "Real Cool Time", o la en principio reposada y atmosférica "Ann" me remito. "Not Right" es un tema Stooge de manual: riff ácido y psych a partes iguales, ambiente enrarecido y aureola virulenta. "Little Doll" cierra la fiesta, poniendo fin al viaje por caminos torcidos y vericuetos que proponían en su primer largo.

 Ya decíamos que su historia fue efímera. En lo que pareció un abrir y cerrar de ojos, ya estaban firmando su epitafio fusionando decibelios con cascos de botellas rotas -"Metallic KO"- y marchándose por la puerta de atrás. Daba igual, su contribución a la historia de la música quedaba dormida, agazapada, esperando su momento para resurgir y ser vindicada de nuevo.